Fernando Guzmán Pérez-Peláez
Hoy hace un siglo, ante la embestida contra la libertad religiosa del pueblo de México, se cerraban los templos de la fe católica y estallaría el conflicto religioso, la guerra cristera, una gesta heroica de la lucha armada de un pueblo inerme frente a una persecución del gobierno de Plutarco Elias Calles que había cerrado todos los caminos al diálogo.
250,000 muertos fue el saldo de una guerra civil por defender la fé, a la que se puso fin después de tres años con “los arreglos”, un acuerdo entre los obispos y el gobierno del que no hay documento escrito y que implicaron el compromiso de respetar la libertad de cultos y por otro lado deponer las armas.
Los cristeros cumplieron y después fueron traicionados, sus jefes perseguidos y ejecutados, lo que llevó más tarde a la Segunda Cristiada un levantamiento en condiciones aún más desventajosas en las que fueron masacrados.
Este gesta heroica de nuestra historia que conmovió al mundo católico más allá de nuestras fronteras y que fue reconocida por el Papa Pío XI en tres encíclicas, Iniquis afflictisque (18 de noviembre de 1926), Acerba animi (29 de septiembre de 1932) y Paterna sabe sollicitudo, permaneció silenciada por la historia oficial que trató de impedir que se conservaran evidencias y gráficas de los hechos. Entre las patas de los caballos , Héctor, Rescoldo guardaron en sus páginas parte de la historia que toma mayor rigor y profundidad con la magistral obra de Jean Meyer : La Cristiada y que al cumplirse los 100 años han profundizado nuevos estudios e investigaciones, como Los Acuerdos recopilación de ensayos de diferentes historiadores publicada por el Colegio de Jalisco recientemente.
Al lado del pueblo alzado en armas lucharon por la vía pacífica una pléyade de líderes como el Besto Anacleto Gonzålez Flores, Miguel Palomar y otros muchos que levantaron su voz y sus acciones en un plebiscito de los mártires suscrito con su propia sangre.

El movimiento de la “Unión Popular” de Anacleto, hoy patrono de los laicos Mexicanos, debe inspirar la participación ciudadana de los católicos de hoy en día para involucrarse en los acontecimientos políticos y abrir nuevos caminos para reencontrar el diálogo, la reconciliación y la Paz bajo la inspiración de la doctrina de la iglesia y poner fin a la polarización política y la violencia que tiene postrada a nuestra nación.
Jalisco tiene una responsabilidad especialmente relevante en el deber de participación de los laicos en los tiempos actuales. A 100 años de la cristiada, el Santuario de los Mártires se alza hoy en día en el centro geográfico de la gran metrópoli de Guadalajara, cobijando el testimonio de 25 mártires, 22 sacerdotes y tres laicos, que han llegado a los altares, 18 de ellos Jaliscienses, más otro grupo de 10 encabezado por Anacleto que han sido beatificados.
A su testimonio se unió el sacrificio del valiente Cardenal de Guadalajara Juan Jesús Posadas Ocampo, quien impulsó la reforma constitucional de 1992 que dió después de décadas reconocimiento jurídico a la Iglesia, el 24 de Mayo de 1993. Ejecutado impunemente en el aeropuerto internacional de Guadalajara, la víspera precisamente de la primera celebración litúrgica de los mártires beatificados por el Papa Juan Pablo II y cuyos retratos colgaban ya en las columnas de la catedral metropolitana.
Hoy, a 100 años de la Guerra Cristera, se oye aún en Guadalajara y en México el grito de ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe! que debe llevar a los católicos mexicanos a renovar su compromiso de participación política y social en favor de reconstruir el diálogo y trabajar por la reconciliación nacional, la justicia, la paz y la defensa de las libertades.
No olvidemos que de México canta nuestro himno nacional : “En el cielo tu eterno destino, por el dedo de Dios se escribió”.
