El mundo global se desvanece

El tiempo se comprime y los hechos parece ir a gran velocidad, afectando nuestra capacidad para entenderlos. El sistema global está dando paso a una realidad geopolitica donde interactúan la nostalgia por un pasado idealizado, las tendencias autoritarias y las pretensiones de crear un hombre nuevo más allá de lo humano.

CONFINES POLÍTICOS

Henry Kissinger observó que los tratados reflejados en sistemas mundiales duraban cada vez menos, pero se le escapó una realidad más profunda: nos adentrábamos en la compresión del tiempo. Vamos a gran velocidad, aunque no sepamos a ciencia cierta hacia dónde lo hacemos. Recién incorporamos la Inteligencia Artificial (IA) a nuestra vida cotidiana y ya estamos discutiendo la posibilidad de una catástrofe. Al menos así lo ha hecho ver Jacob Coxon al renunciar a Anthropic: prevalece el deseo de triunfar, aunque se ponga en riesgo la seguridad…

El contexto es importante: todos los poderes fácticos dan por supuesto que el Orden Mundial que hemos conocido, ha llegado a su fin. Como reza el título del famoso libro de Marshall Berman: Todo lo sólido se desvanece en el aire. Berman se refería a la frase de Carlos Marx y Federico Engles en el Manifiesto comunista, reinterpretándola en una realidad diferente…

Los padres del marxismo se referían a la marcha del capitalismo y la desaparición del mundo antiguo que suponía. Berman la usa para analizar la experiencia de la Modernidad mediante cuatro corrientes encabezadas por Goethe, Carlos Marx, Charles Baudelaire y los intelectuales rusos con epicentro en San Petersburgo, hasta desembocar en el choque neoyorquino entre dos visiones urbanas: la de Robert Moses, que a nombre del progreso y del automóvil acabó con el sentido de barrios como el Bronx, y la de Jane Jacobs, defensora de los barrios tradicionales y la vida en comunidad…

Nada de eso nos sirve para entender lo que ahora nos está pasando. El enfoque marxista resulta obsoleto. Solo nos queda elaborar una nueva interpretación: el mundo global se está desvaneciendo…

Convirtieron la diversidad y la vida alternativa en un dogma que condujo a la fragmentación, la atomización y el tribalismo. La era global perdió sentido…

Autómatas y tecnólogos

Que cada uno salve lo que pueda de su realidad circundante. Lo acéntrico llevado al extremo. Como en La historia sin fin de Michael Ende, ‘la nada’ avanza incontenible destruyendo a su paso el mundo de Fantasía. Lo salvable lo será desde la ‘torre de marfil’: hay que crear una ‘Ciudad tecnofeudal’, idea tomada de Yanis Varoufakis. Pretenden que Silicon Valley sea el corazón tecnofeudal que rija el siglo XXI. En cuanto totalidad, el proyecto de la globalización resulta inviable y hay que afianzar los recursos tecnológicos que orientarán nuestra vida, dejándolos a buen resguardo dentro de las murallas de la ‘Ciudad tecnofeudal’…

Estados Unidos no tendrá que controlar a todo el mundo, sino solo los ejes rectores de la tecnología. O, mejor dicho, hay una competencia sin precedentes a escala global y emerge un nuevo tipo de poder en el mundo…

Lo acabamos de ver con lo que pasó inmediatamente después de lo dicho por Coxon: Amodei, Altman y Musk dijeron estar de acuerdo en frenar y normar la IA. Acto seguido, Donald Trump sentenció:

Mezclados con una genuina inquietud sobre el peligro en que podría estar la Humanidad por una IA fuera de control, quizás también haya intereses de otro tipo: Anthropic encabeza la carrera tecnológica y dichos pronunciamientos buscarían atemorizar tanto a los inversionistas como a los que autorizan los presupuestos de gobierno. Anthropic se llevaría la mayor tajada, como lo observó Laura Aprati…

Los gigantes tecnológicos creen que, con el fin del globalismo, se ha demostrado la incapacidad humana para regir sus destinos por las vías usuales. Proponen un mundo gobernado por sistemas autónomos de IA, en el cual hasta la democracia sería innecesaria…

Una atractiva dictadura tecnológica…

Cazadores de un pasado perdido

Trump coincide con los proyectos de los tecnólogos y acelera la construcción de nuevos centros de datos. China está haciendo lo mismo y Xi Jinping quiere cambiar el centro de gravedad del país: edifica pequeñas ‘ciudades tecnológicas’ lejos de sus grandes polos urbanos. Por ejemplo, en Ulanqab (Mongolia). Las regiones escogidas están al norte y al noroeste, calculando que, para 2028, dejen atrás a ciudades como Beijing y Shanghái. DeepSeek y Z.AI Co. son de las empresas más comprometidas…

Sin embargo, el presidente estadounidense no está pensando solamente en la IA y los sistemas de comercialización. Estando en duda el futuro del país como potencia global por excelencia, busca el futuro en el pasado. “Hacer grande a Estados Unidos otra vez”, lo sintetiza…

No se trata de un brinco hacia el pasado, porque se trata de un pasado idealizado, inventado, ideologizado. Por ende, no es un pasado que haya sucedido realmente así y Trump ha dado muestras con el modo en que interpreta el significado de los ‘padres peregrinos’ y los ‘padres fundadores’. Y si el pasado es inventado, al menos en parte, el futuro que se está configurando también lo será. Recurriendo a la posverdad, Donald Trump inventa datos y situaciones, asegurando que ha devuelto su antiguo esplendor a Estados Unidos…

Hay que hacer ese pasado otra vez, pero mejorado…

Si el poderío norteamericano ha sido vulnerado se debe a los efectos del globalismo, lo que explica su intención de cerrar fronteras, de impedir la llegada de migrantes y blindarse de injerencias externas. La fragmentación doméstica debe ser combatida cohesionando la sociedad en torno a determinados troncos raciales y un núcleo de valores tradicionales…

La convergencia es curiosa: los nostálgicos estadounidenses y europeos miran hacia los años Treinta. La era de Roosevelt y la época dorada de la Socialdemocracia…

Acelerando el futuro más allá de lo humano

El pesimismo antropológico y teológico es evidente. Relacionados con los tecnólogos y en cierto modo con los cazadores del pasado, otros apuntan más allá de lo humano. El sistema globalista falló porque fracasó lo humano. No basta con ser tal y es necesario hacerlo mejor fusionando lo humano con la tecnología. En el fondo, suponen que Dios comete errores, que no sabe hacer bien las cosas. Creen que ellos pueden hacerlo perfecto y se aprestan a demostrarlo. Buscan reconstruir el paraíso terrenal. No hay que esperar a que Dios ponga punto final a la Historia y empiece la eternidad. De lograrlo, piensan que el Segundo Advenimiento sería innecesario…

Especialmente importante son las ideas de Nick Land y Ray Kurzweil, que piensan que la creación de una nueva humanidad irá acompañada de la cristalización del sueño de la eterna juventud y de la inmortalidad. Dos cosas que, según la Biblia, se perdieron con el pecado original. Pues bien, el transhumanismo niega que Dios sea la solución. La clave está en las maravillas de la biotecnología y ramas similares…

Convencidos de que estamos a punto de evitar la muerte para siempre, desean realizar la eternidad en este presente terrenal. Lo único que deben hacer es ‘pisar el acelerador tecnológico hasta el fondo’ y apostar a un espectro de fusiones entre la tecnología y lo humano. Nacerías en determinada condición, pero podrías ‘corregir’ lo que no te guste y hacerte enteramente nuevo…

¿Lo han notado? Al volver, Cristo ya no encontraría a los humanos que fueron creados. Ahora habría ‘posthumanos’. De tal modo que los transhumanos serían los individuos actuales en transición a convertirse en posthumanos. En la era que anhelan, no habría enfermedades ni padecimientos, porque la ciencia y la tecnología lo habrían resuelto todo…

Los otros nostálgicos

No hay nadie más conservador que un revolucionario. Aunque de distinto partido, Trump admira la gloria de Roosevelt. La China de Xi Jinping se niega a romper con la memoria de Mao. Vladimir Putin relanza la imagen de Stalin y hasta los de Alternativa para Alemania (AfD) se refugian en Hitler. Al margen de la tecnología y de los nuevos sistemas comerciales, hay una fuerte atracción por el autoritarismo y los antiguos totalitarismos, pero reinterpretados. Cada vertiente idealiza algún momento del pasado y lo rehabilita…

Entre ellos, también aparecen los ‘nostálgicos del pasado inmediato’. Piensan que el globalismo es salvable, pero no como se pensó. Hay que redimensionarlo y creen poder comprar su billete al futuro mediante la regionalización. Se afianzan de lo que todavía queda en pie y, así, vemos a Rutter desde la OTAN y a la Comisión Europea intentando un sistema de seguridad netamente local, sin Estados Unidos como premisa. Los aliados ven con preocupación los lances de una Rusia nacionalista con proyectos expansionistas que podría atacarlos en cualquier momento…

Todo ello inmerso en unas relaciones transatlánticas tensas y débiles…

El proyecto más importante surgió hacia finales de agosto con el Grupo del Rin y habrá que ver lo que pase en los hechos…

Sea como pasado lejano o inmediato, el mundo al que estábamos acostumbrados se está desvaneciendo. No queda nada de los referentes de izquierdas y derechas, aunque aquí igualmente hay nostálgicos. La incertidumbre genera temor y no faltan los que desean aferrarse a algo más o menos seguro. Si revisamos la campaña de Biden rumbo a la presidencia, encontraremos mucho del discurso sobre el pasado ideal y si enfocamos la actual campaña por las elecciones intermedias, veremos que los candidatos demócratas en ascenso han adoptado objetivos del trumpismo y de MAGA. Sí, leyeron bien…

Una nueva cartografía para un mundo nuevo

Lo malo es cuando desvirtuamos ese pasado o lo instrumentalizamos. Trump, Vance, Rubio, Colby y muchos más, están comprometidos con un nacionalismo cristiano con fuertes tintes mundanos. Xi Jinping, Zhao Tingyang, Wang-Yi y todo el círculo de poder en Beijing revitalizan la Tianxa que es una cosmovisión del pasado glorioso de China. En Rusia, junto con Vladimir Putin están Karaganov, Dugin y el aparato de seguridad optando por el nuevo eurasianismo como vía para recuperar el pasado imperial ruso…

Un mundo nuevo requiere de una nueva cartografía. León XIV y debate con todas las corrientes desde una perspectiva antropológica y moral de cuño teológico. No es solo cuestión de empleos o de economía, de suyo importantes. Está en juego la realidad humana. La persona tiene primacía frente al algoritmo, que no debe ser la instancia para las decisiones, porque sería un nuevo tipo de mercantilismo. Asimismo, hay que determinar en qué manos estará la gobernanza digital de la IA. ¿En manos públicas o privadas? Para el Papa, el mundo se encuentra en riesgo de ‘colonialismos tecnológicos’ que podríamos evitar…

Aspectos que hasta hace poco eran propios de novelas y películas futuristas o de ciencia ficción, ya forman parte del debate. Será decisivo darle su perfil definitivo al siglo en curso, pero se trata de algo más que geopolítica, tecnología y comercio. Lo que está en vilo es lo humano. La Iglesia Católica lo tiene claro: de tanto en tanto, se tiene la impresión de que “todo lo sólido se desvanece en el aire” porque este mundo no es para siempre. Al final, el único pasado que se hará presente será N. S. Jesucristo que hará todo nuevo otra vez…

Este tipo de nostalgia refleja una tristeza por la pérdida del paraíso y un anhelo mal entendido de Dios…

Hasta entonces…