Ocultismo y revolución

El ocultismo posee una cara ocuta como potenciador de movimientos revolucionarios. Ha estado en consonancia con el espiritismo y otras corrientes afectas a lo desconocido, que configuraron un escenario apocalíptico.

CONfines Políticos

Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com

Cuando hay guerras o pasan cosas impactantes que no comprendemos del todo, es lógico que muchos se decanten por lo irracional, por el esoterismo y los poderes sobrenaturales u ocultos, tratando de entender lo que ocurre y hacia dónde nos dirigimos. Se busca seguridad. Es un intento por mantenerse a salvo de un peligro real o imaginario. Si la palabra hace referencia a lo ‘interno’, a lo que está ‘dentro’ y que escapa a las mediciones de la ciencia y muchas veces a nuestros sentidos, el esoterismo engloba una amplia variedad de prácticas y creencias relativas a los secretos y misterios de la vida, a las dimensiones ocultas de nuestra realidad o de la circundante. Es un conocimiento vedado a la persona común, pero que se desvela gradualmente ante el que incursiona en sus dominios…

Ocultismo, espiritismo, magia y brujería, entre otras cosas, ejercen un poder seductor sobre los temores, ilusiones y añoranzas de la gente. El detonante puede ser la simple curiosidad, un trauma mal tratado (o ignorado) o un proceso incompleto de formación o maduración, pero también cierta búsqueda de los límites entre la ciencia y lo que no es tal…

No hablamos de gente sin educación. El esoterismo, en cualquiera de sus vertientes, ha fascinado a importantes hombres de ciencia. Por ejemplo, a las sesiones de los invocadores de espíritus no asistía el pueblo sencillo solamente, sino también ‘la crema y nata’ de la sociedad y gente pensante. Claro que en sesiones diferentes o con un médium de distinta categoría. Recuerden que era una sociedad clasista…

El sueño de la Razón

Sin embargo, no fueron actividades acotadas al ámbito privado. El esoterismo se interesó por lo político y se montó en algunos movimientos revolucionarios a través de tal o cual vertientes, aunque no siempre por causas esotéricas. ¿Cómo fue posible algo así? Para responder, hay que adentrarnos en lo ocurrido en el terreno de las ideas después de la Revolución francesa…

El siglo XVIII terminó y se inició el XIX en medio de una ruptura al interior de la Modernidad. Si algo había demostrado la violencia revolucionaria y la Época del Terror, fue que la realidad distaba mucho del feliz advenimiento de una era pacífica de la Razón. O, si se prefiere, el uso de la fuerza era la negación y una herida mortal al mismo tiempo en el corazón del movimiento ilustrado. Era evidente que la Razón no bastaba para implantar el ‘paraíso moderno’ y sobrevino la ruptura…

La realidad había demostrado que el bien y el mal trascienden la capacidad humana de solucionarlo todo mediante sus propias fuerzas…

El romanticismo simbolizó ese choque entre los que mantenían su adhesión a la Razón y los que apostaban por la existencia de una ‘zona oscura’, impredecible e incontrolable, pero a la vez fecunda y creadora. Precisamente el espacio a que dio lugar ese profundo desacuerdo fue aprovechado por el esoterismo, porque, finalmente, también creía en un ámbito que escapada del alcance racional…

Lo anterior no explica por qué se entremezclaron los caminos de la ciencia y de las corrientes esotéricas, pero sí nos revela que el esoterismo se encaminó a convertirse en revolucionario a partir de esa contradicción entre la violencia y la Razón, y lo hizo a través del ocultismo y el espiritismo…

La Razón había despertado de su sueño, pero trajo a la realidad su propia pesadilla…

La leyenda del Gólem

A principios del siglo XIX hubo dos puntos en común que casi nadie menciona: la búsqueda de una ‘fuerza vital’ (la impronta del romanticismo es innegable) y la situación liminal que tenían ambas. Estos dos aspectos condujeron a hacer frontera y a mezclarse. Estamos hablando de ciencia no en el sentido profundo, sino en el que le dio el positivismo. Será el positivismo el que asuma muchas cosas que ni remotamente eran científicas (tengamos presente que los seguidores de Augusto Comte terminaron creando una especie de religión, donde los ‘científicos’ ocuparon el lugar de los santos: la Religión de la Humanidad). Eran una ciencia positivista y un esoterismo que en parte se unían y en parte forcejeaban…

La religión positivista también tendrá su impacto en el ámbito tradicional católico…

En el siglo XIX renació una leyenda que, aunque hunde sus raíces en la antigüedad judía, la versión que prevaleció en Europa fue la relacionada con el misticismo y determinadas tradiciones de la Praga de los siglos XVI y XVII, centradas en el rabino Judah Loew ben Bezalel, llamado el Maharal de Praga, quien, debido a los ataques antisemitas, creó un humanoide con arcilla para defender al gueto de la ciudad. El ser cobró vida mediante fórmulas misteriosas sacadas de la Cábala y escribiendo en su frente una palabra mágica y sagrada. El Gólem carecía de alma, no podía pensar ni hablar y su creador terminó perdiendo el control sobre él. Era una clara advertencia de no intentar ocupar el lugar de Dios mediante la Cábala…

Desvelar los misterios de la vida y de la Creación era tentador para muchos de los hombres de la Modernidad…

Entre la alquimia y la ‘galvanización de los cadáveres’

Desde los siglos XVI y XVII se desencadenó una corriente alquímica, emparentada con la leyenda del Gólem, que pretendía transmutar los metales en oro y pronto surgió la idea de desvelar el misterio creador de la vida. Si la alquimia tuvo mucha fuerza fue por el tipo de economía que en ciernes. Si, leyeron bien. La inflación que comenzaba a aquejar a las monarquías propició que les abrieran las puertas: la posibilidad de convertir los metales en oro resultaba atractiva y una solución fantástica, aunque, al final, no cristalizó. Al evidenciarse que todo era una ilusión, los modernos alquimistas tuvieron que poner tierra de por medio y también mar…

A su vez, algunos descubrimientos científicos llevaron a un segundo auge que, de paso, explica la recuperación de la leyenda judía. Hacia finales del siglo XVIII, la opinión pública y la comunidad científica se estremecieron con los experimentos de la ‘electricidad animal’ de Luigi Galvani mediante ranas que, al recibir una descarga, contraían violentamente sus patas. Galvani creyó haber descubierto el ‘fluido vital’ y sentó las bases del imaginario decimonónico en la materia…

Giovanni Aldini, su sobrino y discípulo, convirtió los experimentos en espectáculo, aplicando descargas a cadáveres de animales y de delincuentes recién ejecutados. Parecía que los muertos volvían del más allá, ante una sociedad que resentía el vacío espiritual de la época. Había nacido la ‘galvanización de los cadáveres’…

El químico escocés Andrew Ure dio a conocer lo que llamó la ‘resurrección post mortem’ usando el cadáver de Matthew Clydesdale, recientemente ahorcado. Gracias a una batería potente, logró que respirara artificialmente y afirmó que, si los órganos no hubieran estado tan dañados, habría logrado la restauración completa de la vida…

Parecía que era posible el retorno de los muertos…

Frankenstein y Drácula, dos visiones del iluminismo moderno

En 1818, Mary Shelley sorprendía a todos con su Frankenstein o el moderno Prometeo. Recuperaba la leyenda del Gólem dotándola de un lenguaje científico y recurría al galvanismo como poder expansivo. Inició su novela en 1816, a partir del encuentro del lago Lemán (Suiza), donde estuvieron: Lord Byron, Percy Shelley, John Polidori y la propia Mary. A propuesta de Byron, cada uno se dedicó a escribir una novela de terror. Percy se entusiasmó con los fantasmas, Byron con el vampirismo (aunque dejó el texto inconcluso) y Polidori escribió El vampiro, que antecedió a la célebre obra de Bram Stoker…

Nada bueno le auguraba Mary Shelley al proyecto de regir la vida y la muerte. La criatura termina matando a su creador, el doctor Frankenstein, que representa a la Humanidad. Tuvo mucho éxito porque corría aparejada con el mesmerismo (el magnetismo de Franz Mesmer) y, más tarde, recibió un segundo aire de los descubrimientos de Emil du Bois-Reymond sobre la neurofisiología y las corrientes cerebrales…

Romanticismo, impulso vital, ocultismo y espiritismo. Byron tomó las armas y se sumó a un nacionalismo que se tornó revolucionario…

Bram Stoker, por su parte, atrajo el tema hacia el terreno del ocultismo y un abierto espiritismo. El título original de su libro resulta esclarecedor: Los no-muertos, cuyo protagonista era el conde Vampiro, alguien a medio camino entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Un ‘muerto viviente’. ¿El escenario? Estiria (Austria). Será leyendo un libro de William Wilkinson cuando descubra en una nota al pie el nombre de Drácula y su significado en valaco: ‘diablo’. De inmediato cambió el título y el personaje, y la historia sería en los Cárpatos…

Era 1897 y, para entonces, Helena Blavatsky había fundado la Sociedad Teosófica que será clave en la difusión del ocultismo…

El espiritismo, la revolución y romanticismo oscuro

Las principales corrientes espiritistas de la época reconocen a Hippolyte Léon Denizard Rivail, mejor conocido como Allan Kardec, como el fundador del espiritismo como hoy lo conocemos. No acuñó el término, como dicen muchos de sus simpatizantes, pero sí se encargó de ‘sistematizar’ sus principios. Su primer contacto con las corrientes alternativas de la época fue con el mesmerismo. Será en 1855 cuando un conocido lo lleve a una sesión espiritista, que eran la sensación y comenzó a estudiar el tema hasta convertirse en abanderado del espiritismo…

Por su parte, las corrientes socialistas se tornaban cada vez más revolucionarias y violentas, especialmente el nihilismo. Muchas de las afirmaciones de Kropotkin son inquietantes, al igual que las de Bakunin, con cierto aire satanista. El propio Carlos Marx dejó algunas anotaciones y pensamientos que hablan de un pacto con el maligno, que han sido objeto de muchos debates…

¿Metáforas o romanticismo oscuro? La primera parte del siglo XIX alemán estuvo dominada por la obra de Goethe, máximo representante de ese tipo de romanticismo. Por un lado, estuvo el efecto de sus escritos sobre Fausto y Mefistófeles, causantes de todo un lenguaje que identifica la libertad con la rebelión satánica. Por el otro, la avalancha de suicidios juveniles por Las penas del joven Werther. Sin embargo, tampoco debemos obviar ese odio incontenible que se deja ver en todos ellos, empezando por Marx…

Querían hacer la revolución para destruirlo todo, que el mundo saltara en mil pedazos. Las penas del joven Werther se convirtió en el estandarte del movimiento Sturm und Drang que se expresó en el nihilismo y en varias sociedades secretas creadas para la ocasión…

Destruir el mundo mediante la violencia revolucionaria era visto como algo bello y loable. Lo consideraban el mejor modo de trascender…

Arrojándose al abismo

La época de oro del espiritismo fue después de la Primera Guerra Mundial y de la epidemia de influenza (murieron millones de personas). Harry Houdini (escapista, ilusionista, filántropo, curandero y, al principio, aficionado al espiritismo), afirmó que fue tanta la atracción que ejercicio la adivinación sobre las élites norteamericanas, que el caso puso en riesgo a la seguridad nacional. En 1926, se presentó un proyecto de ley para prohibir la adivinación y las predicciones en el Distrito de Columbia. Muchos querían comunicarse con sus familiares arrancados abruptamente de sus vidas, mientras otros buscaban el augurio de un futuro mejor…

Con la Segunda Guerra Mundial, el gusto por las supersticiones se desbordó. El mundo parecía no darse cuenta de que se precipitaba al abismo de lo preternatural…

Los alemanes recurrieron a la cartomancia, tratando de entender lo que parecía imposible: estaban perdiendo la guerra. Colapsó su vida y cosmovisión, perdiendo sus referentes. Todo eso condujo a una obsesión por lo oculto hasta interpretar la realidad como una lucha entre ocultistas…

En plena guerra, Goebbels llegó a prometer un arma maravillosa que cambiaría el curso de la guerra y hacía promesas que rayaban en lo milagroso. Ordenó imprimir falsas profecías que se difundían anónimamente, sobre el triunfo alemán…

La paranoia por las conspiraciones incidió notablemente en la situación imperante, que no cambió conforme terminó la Segunda Guerra Mundial. Al contrario, se volvió más compleja. A la importante oleada ocultista se le sumaba la consolidación del comunismo soviético como el nuevo adalid de la revolución que se presentaba como mundial…

Por cierto, el propio Stalin coqueteaba con el ocultismo y los poderes psíquicos. Estaba entusiasmado con la posibilidad de conocer y anticipar el futuro como instrumento para dirimir lo que pronto sería conocida como la Guerra Fría…

Al encuentro del apocalipsis

El espiritismo tendrá en el P. Carlos María de Heredia, S. J. a su mayor adversario. El P. Heredia demostró la falsedad de los fenómenos que ocurrían durante las invocaciones a los muertos, dando exhibiciones públicas para, luego, explicar cómo ocurrían. Vivió varios años en Estados Unidos y sus investigaciones fueron publicadas tanto en español como en inglés. Aceptaba invitaciones a reuniones espiritistas, firmaba el registro final dando fe de lo ocurrido y, luego, por su cuenta desentrañaba el misterio publicando los resultados…

Visitaba a Plutarco Elías Calles cuando cayó en desgracia y de cuyo final hay dos versiones: la de su hija Hortensia sosteniendo la conversión de don Plutarco y la de la masonería diciendo lo contrario. El jesuita visitó varias veces a Calles en su lecho de muerte y, a los pocos días del deceso, precisó que nunca intentó confesarlo ni le habló sobre la otra vida, buscando que Dios actuara en él…

Es de cuño masónico la historia de que el P. Heredia asistió a una sesión invitado por Calles, donde le habrían demostrado la autenticidad del espiritismo. Esto último es falso. Asistió, firmó el acta y no demostró el truco de lo presenciado por la simple y sencilla razón de que ya lo había hecho por ser similar a lo ocurrido en otros casos en Estados Unidos. Los espiritistas convocantes no se aseguraron de presentarle algo distinto a lo ya analizado en sus publicaciones…

Carlos María de Heredia perteneció a esa generación de jesuitas que combatieron a movimientos anticristianos que parecían anunciar una confrontación apocalíptica. Hubo interpretaciones equivocadas sobre los acontecimientos revolucionarios, pero gracias a la acción decisiva de los jesuitas se pudo acotar el daño que causaron…

Eran los tiempos de un ocultismo que deseaba erigirse en señor de vida y muerte…

Hasta entonces…

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