Los cristeros y la Liga: una acertada equivocación

CONfines Políticos

Juan de Dios Andrade

Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com

Cuando en marzo de 1925 se fundó la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa (LNDLR), se estaba señalando un derrotero que cambió no solo la historia de México, sino también la de la Iglesia Católica. La documentación disponible indica que ninguno de los fundadores fue consciente de eso porque el presupuesto doctrinal del que partían: si la Iglesia Católica es la verdadera vía de salvación, es la única con determinados derechos. De tal modo que defender la libertad religiosa era defender un derecho exclusivo de la Iglesia. Sin embargo, la expresión ‘libertad religiosa’ carece de connotación confesional…

Es verdad que Calles cometía otro equívoco: hacer o permitir leyes y reglamentos con dedicatoria, faltando a los requisitos de justicia, pero ahora nuestra atención se centra en el bando católico que estaba dando un sentido de exclusividad a una expresión de mayor alcance. Esto fue lo que no vieron los ligueros porque no era algo propio de su tiempo, pero sí lo entendieron los pontífices que vendrían después…

Sin querer, los ligueros habían puesto “el dedo en la llaga” dando pie a la futura disyuntiva entre sostener un derecho como exclusivo o asumir su universalidad…

El Manifiesto a la nación de 1928

El 28 de octubre de 1928, en su Manifiesto a la nación, el general Enrique Gorostieta dice que los cristeros tomaron las armas por la “oprobiosa tiranía de Calles y para reconquistar sus libertades, especialmente la religiosa y la de conciencia”. Además de hablar de “acción libertadora” y de “gobierno libertador”, así como de la participación de la mujer y su derecho a votar, precisa que su programa se concreta en “libertad de conciencia y religiosa, libertad de enseñanza, libertad de asociación, libertad de trabajo, libertad de imprenta y todas las libertades”. Es evidente el forcejeo en el marco conceptual entre una libertad que se ensancha para darle a los cristeros una dimensión libertadora nacional (de hecho, se funda la Guardia Nacional) y el sentido de exclusividad arriba indicado…

Al igual que en el ámbito liguero, en el cristero tampoco parecía haber conciencia de lo que estaba pasando. Se puede decir que, de facto, el sentido exclusivo de la libertad religiosa se estaba desfondando a favor de otro más amplio. En la Iglesia Universal se gestaba un cambio de buen calado, aunque los protagonistas de la Cristiada no fueran del todo conscientes…

Pío XI es el Papa de los concordatos con gobiernos nacionalistas (Letonia, Polonia, Lituania, Rumania, la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler). En todos ellos, la libertad religiosa fue el tema toral. Pese a sus diferencias, los gobiernos coincidían en querer someter a la Iglesia, asumiendo al papado como un ‘poder extranjero’…

Pío XII sostuvo el derecho divino de la Iglesia, pero introdujo cambios: no se trataba de privilegios, sino de garantías jurídicas para que la Iglesia pudiera cumplir con su misión y, aunque en el caso mexicano no hubo éxito, se hizo necesario pugnar por una libertad religiosa más universal…

El Padre Burke, un anticipo del futuro

Así como el P. John Joseph Burke sostuvo negociaciones con Plutarco Elías Calles (al principio secretas), también lo hizo con representantes de Washington. El P. Burke entendió que, para lograr su cometido, no debía plantear el caso mexicano como un conflicto entre la Iglesia Católica y el Estado mexicano, mucho menos como una guerra religiosa o un asunto de fe. La negociación debía girar alrededor de la libertad religiosa asentada en los derechos civiles. Es decir, que brota de la propia condición humana y no de un derecho exclusivo por ser la ‘verdadera vía de Salvación’…

La decisión fue acertada y pasaba por vaciarla de todo contenido político-ideológico. Para Burke no pasó inadvertido que tanto en el gobierno estadounidense como en el Episcopado y en la Delegación Apostólica había reservas ante el lenguaje de clérigos y laicos mexicanos por su alta politización. El apoyo que pudiera venir de Estados Unidos para resolver la situación religiosa en México tenía como condición centrarse en la misión de la Iglesia y no en lo político…

De ese punto en adelante no se podía apostar por derrotar al callismo y, en la medida en que cristeros y ligueros se aferraran a ese objetivo, no procedía consulta alguna con ellos sobre cualquier acuerdo…

Si las negociaciones del P. Burke no tuvieron un resultado rápido, fue porque el asesinato de Álvaro Obregón y la convicción de que podían derrotar al gobierno revolucionario alargaron la guerra. Si los ‘Arreglos’ de 1929 resultaron mal, al menos en lo inmediato, fue por el incumplimiento cínico del presidente Portes Gil y la ligereza e ingenuidad con que procedieron los dos obispos negociadores…

Empero, lo negociado por el P. Burke con Calles y Portes Gil fue incluido en su mayor parte en lo acordado en 1929…

El eje de la negociación original

Con habilidad y prudencia, el P. Burke separó la situación de la Iglesia del tema de la Guerra Cristera, haciéndole ver al gobierno mexicano que, aunque era un acto de legitima defensa, la Iglesia no apoyaba la vía armada. En lugar de exigir la reforma de las leyes antirreligiosas (por no decir: ‘anticatólicas’), el P. Burke pidió respetar la jerarquía sacramental que rige internamente a la Iglesia…

¿Estaban abandonando a su suerte a cristeros, ligueros y a todos los que apoyaban al movimiento armado? No. Lo que hizo el P. Burke en la mesa de negociación fue deslindar los casos para poder resolverlos por separado. Esto fue lo que se trastocó con el asesinato de Obregón y se entiende mejor la irresponsabilidad de los obispos negociadores en 1929, cuando, habiendo terminado los ‘Arreglos’, piden una reunión adicional con Portes Gil e introducen el tema de la Cristiada para ponerle fin, cuando eso debió resolverse en otra negociación distinta…

Quizás las cosas habrían resultado mejor si alguien en México hubiera entendido la lógica negociadora del P. Burke, empezando por monseñor Leopoldo Ruiz y Flores y monseñor Pascual Díaz Barreto…

Curiosamente, P. Burke tuvo un éxito rotundo en Estados Unidos. Logró que la libertad religiosa de los mexicanos fuera considerada como parte de los derechos civiles y humanos. De paso, atemperó los ánimos de los católicos que deseaban una intervención armada para poner orden en México. La solución debía ser mediante una negociación pacífica que, desgraciadamente, se echó a perder en los hechos…

Sin embargo, en el escenario se nota que la Iglesia se enfilaba hacia una reforma que se plasmó en el Concilio Vaticano II. Este es un aspecto que ha estado todo el tiempo ante nosotros, pero que no hemos visto ni valorado debidamente…

El prolongado fin de una época

A partir de Pío XII, se comenzó a reflexionar sobre la libertad religiosa como derecho civil y humano, ya no como producto del derecho divino de la Iglesia fundada por N. S. Jesucristo. No fue el único asunto, pero sí el que nos atañe. Juan XXIII y Paulo VI se encargaron de que diera sus frutos conciliares. Los alcances de ese cambio en la libertad religiosa se han sopesado sobre la marcha, porque no es fácil analizarlos y, en algunos casos, aceptarlo…

Desde el nombre y los objetivos de la Liga hasta el modo en que el P. Burke planteó el asunto en Estados Unidos, pasando por el Manifiesto a la nación de Gorostieta, firmaron el acta de defunción del llamado Estado Católico y se confirmó en los pontificados de Juan XXIII y Paulo VI, así como en el Vaticano II. Precisamente trasladar la libertad religiosa del derecho divino al derecho civil y humano era incompatible con todo proyecto de Estado Católico. En su modalidad, la Cristiada había logrado ponerle un límite a la conducta asesina del gobierno revolucionario, pero había alcanzado sus límites sin darse cuenta…

Este fue el verdadero sacrificio de cristeros, ligueros, militantes de la ‘U’, brigadistas, etcétera…

Cuando en 1939 Franco ascienda al poder en España, lo hará demasiado tarde. Su proyecto de Estado Católico había muerto de origen. Lo que pasa es que tampoco se dio cuenta. Lo hará hasta los Sesenta, en pleno Concilio. Por eso, Franco detestaba a los Papas del Concilio…

Todo católico está obligado a seguir a los santos, que son camino de salvación porque son de Dios. A los héroes del Cristianismo hay que verlos en su justa dimensión: no son rutas de santificación, tiene sus luces y sus sombras, y también su fecha de caducidad…

Hasta entonces…