Una lectura de los Diálogos del Borgo Laudato Si’ desde la Doctrina Social de la Iglesia
Por Carlos Anaya
Introducción
La humanidad atraviesa una paradoja histórica. Nunca había dispuesto de tanto conocimiento científico, capacidad tecnológica y poder de transformación sobre la naturaleza; sin embargo, tampoco había experimentado con tanta intensidad la fragmentación social, la crisis de sentido, el aislamiento humano y la incertidumbre moral. El desarrollo técnico parece avanzar a una velocidad muy superior a la capacidad ética de las sociedades para orientarlo hacia el bien común.
En este contexto, las reflexiones impulsadas por el Papa León XIV en los Diálogos del Borgo Laudato Si’ (León XIV. 2026, 19 de junio). representan una de las aportaciones más significativas del pensamiento social cristiano contemporáneo. Lejos de constituir una mera reflexión religiosa, estos diálogos plantean una propuesta civilizatoria integral que busca responder a los desafíos de la inteligencia artificial, la sostenibilidad, la crisis demográfica, la gobernanza global y la reconstrucción del tejido comunitario.
La propuesta central puede resumirse en una pregunta fundamental: ¿qué tipo de civilización estamos construyendo? La respuesta conduce a una recuperación del ideal de la Civilización del Amor, concepto desarrollado por San Pablo VI, profundizado por San Juan Pablo II y renovado hoy por León XIV como horizonte ético para la era digital.

I. La Civilización del Amor como proyecto histórico
La expresión “Civilización del Amor” no es una metáfora piadosa, sino una propuesta social concreta.
San Pablo VI afirmaba: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz” (Pablo VI, 1967, n. 76).
Con esta afirmación establecía que la paz auténtica sólo puede construirse cuando las estructuras económicas, políticas y culturales están ordenadas al desarrollo integral de toda persona y de todos los pueblos.
Posteriormente, San Juan Pablo II definió la Civilización del Amor como una sociedad fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad: “La solidaridad nos ayuda a ver al ‘otro’ —persona, pueblo o nación— no como un instrumento cualquiera para explotar a poco costo su capacidad de trabajo y resistencia física, abandonándolo cuando ya no sirve, sino como un semejante nuestro” (Juan Pablo II, 1987, n. 39).
Desde esta perspectiva, la Civilización del Amor constituye la expresión social de la dignidad humana, principio fundamental de toda la Doctrina Social de la Iglesia.
El documento analizado recupera precisamente esta visión al plantear que la crisis actual no es únicamente tecnológica o económica, sino profundamente antropológica.
II. El nihilismo histórico: la pérdida de la memoria moral
Uno de los conceptos más provocadores introducidos por León XIV es el de “nihilismo histórico”.
Según la encíclica Magnifica Humanitas: “Vivimos en una época de notable ceguera espiritual y cultural. Un falso pragmatismo invita a cortar las raíces de la memoria, como si se pudiera inaugurar una especie de ‘nueva creación’ desvinculada del pasado” (León XIV, 2026, n. 204).
La advertencia tiene profundas implicaciones para la DSI.
La memoria histórica no es un ejercicio nostálgico. Constituye una dimensión esencial de la prudencia social. Cuando las sociedades olvidan las lecciones de las guerras, los totalitarismos, las persecuciones ideológicas o las crisis económicas, se vuelven vulnerables a repetirlas.
Benedicto XVI había advertido algo semejante: “Una sociedad que margina la memoria histórica pierde también la capacidad de proyectar un futuro auténticamente humano” (Benedicto XVI, 2009, n. 34).
La crítica al nihilismo histórico es especialmente relevante en la cultura digital contemporánea, caracterizada por la inmediatez, la obsolescencia acelerada y la reducción de la experiencia humana al presente permanente.
Sin memoria no existe identidad; sin identidad no existe comunidad; y sin comunidad no puede existir bien común.
III. Babel y Jerusalén: dos modelos de civilización
El texto propone una poderosa contraposición simbólica entre Babel y Jerusalén.
Babel representa la civilización basada en la autosuficiencia humana, el poder concentrado y la idolatría de la técnica.
Jerusalén simboliza la ciudad reconciliada, donde las relaciones humanas están ordenadas por el amor, la justicia y la fraternidad.
Esta oposición encuentra resonancia directa en Fratelli Tutti, donde el Papa Francisco señala: “Nadie puede enfrentar la vida aisladamente. Se necesita una comunidad que nos sostenga” (Francisco, 2020, n. 8).
La pregunta planteada por León XIV puede reformularse así: ¿La inteligencia artificial está ayudando a construir Jerusalén o está fortaleciendo Babel?
La respuesta dependerá de los criterios éticos que orienten su desarrollo.
La DSI enseña que ninguna tecnología es moralmente neutral. Toda innovación debe evaluarse a la luz de la dignidad humana, la solidaridad y el destino universal de los bienes.
Como recuerda Caritas in Veritate: “La técnica atrae fuertemente al hombre porque lo rescata de las limitaciones físicas y amplía su horizonte” (Benedicto XVI, 2009, n. 70).
Pero añade inmediatamente: “El desarrollo tecnológico puede alentar la idea de la autosuficiencia de la técnica cuando el hombre se pregunta sólo por el cómo y no considera los porqués” (Benedicto XVI, 2009, n. 70). Esta es precisamente la tentación de Babel.

IV. Inteligencia artificial y custodia de la persona humana
Uno de los aportes más relevantes de León XIV consiste en trasladar la reflexión social cristiana al ámbito de la inteligencia artificial.
La cuestión fundamental no es si las máquinas serán más inteligentes, sino si las sociedades seguirán siendo humanas.
Magnifica Humanitas afirma: “La inteligencia artificial debe permanecer siempre al servicio de la persona humana y jamás sustituir su dignidad, su libertad o su responsabilidad moral” (León XIV, 2026, n. 87).
Esta afirmación coincide con el documento Antiqua et Nova, elaborado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe: “La inteligencia artificial no posee conciencia moral ni capacidad de responsabilidad ética” (Dicasterio para la Doctrina de la Fe, 2025, n. 46).
La DSI sostiene que la persona humana nunca puede reducirse a datos, patrones predictivos o variables estadísticas. Cada ser humano posee una dignidad intrínseca derivada de su condición de imagen de Dios.
Por ello, la verdadera pregunta sobre la IA no es tecnológica sino antropológica: ¿cómo asegurar que el progreso digital fortalezca la libertad humana en lugar de sustituirla?
V. La cultura del descarte frente a la cultura del encuentro
Los Diálogos del Borgo abordan también la cuestión del envejecimiento poblacional. La preocupación no es demográfica sino cultural.
Francisco denunció reiteradamente la existencia de una: “cultura del descarte que afecta tanto a los seres humanos excluidos como a las cosas que rápidamente se convierten en basura” (Francisco, 2015, n. 22).
En una sociedad obsesionada con la productividad inmediata, los ancianos corren el riesgo de ser considerados improductivos.
Sin embargo, la DSI reconoce en ellos un patrimonio de experiencia, memoria y sabiduría indispensable para la cohesión social.
Una civilización verdaderamente humana no mide el valor de las personas por su rendimiento económico.
VI. Las pequeñas fidelidades y la transformación del mundo
Quizá la enseñanza más profunda del documento sea la insistencia en las “fidelidades pequeñas y tenaces”.
León XIV escribe: “La civilización del amor no nace de un gesto único y espectacular, sino de una suma de fidelidades pequeñas y tenaces” (León XIV, 2026, n. 213).
Esta afirmación conecta con uno de los principios más importantes de la DSI: la transformación social comienza en las relaciones concretas.
La solidaridad no es una emoción pasajera. Juan Pablo II la definió como: “La determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común” (Juan Pablo II, 1987, n. 38).
La Civilización del Amor se construye mediante miles de decisiones cotidianas:
- empresas que respetan la dignidad de sus trabajadores;
- gobiernos que privilegian el bien común;
- ciudadanos que practican la corresponsabilidad;
- comunidades que promueven la inclusión;
- familias que transmiten valores humanos.
Las grandes transformaciones históricas nacen de pequeñas fidelidades acumuladas.
Conclusión
La propuesta de León XIV constituye una de las formulaciones más ambiciosas de la Doctrina Social de la Iglesia para el siglo XXI. Frente al nihilismo histórico, propone memoria; frente a la deshumanización tecnológica, propone dignidad; frente a la cultura del descarte, propone encuentro; frente a la lógica de Babel, propone la Civilización del Amor.
Los Diálogos del Borgo Laudato Si’ recuerdan que la cuestión decisiva de nuestro tiempo no es cuánto poder tecnológico alcanzaremos, sino qué tipo de humanidad seremos capaces de conservar mientras lo alcanzamos.
La inteligencia artificial, la economía global, la sostenibilidad ambiental y la gobernanza internacional sólo tendrán sentido si permanecen subordinadas a la persona humana y orientadas al bien común.
En palabras de Francisco: “El futuro no es algo que se improvisa; se construye” (Francisco, 2020, n. 35). Y la construcción de ese futuro exige una tarea colectiva: edificar una civilización donde el amor deje de ser una aspiración privada para convertirse en el principio organizador de la vida social.

Te invitamos a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre el tema:
Así como la presentación:
Hacia una Civilización delAmor en la era de la IA – Google Drive
Referencias
Benedicto XVI. (2009). Caritas in veritate: Carta encíclica sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad. Libreria Editrice Vaticana.
Caritas in veritate (29 de junio de 2009)
Concilio Vaticano II. (1965). Gaudium et spes: Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. Libreria Editrice Vaticana.
Dicasterio para la Doctrina de la Fe, & Dicasterio para la Cultura y la Educación. (2025). Antiqua et nova: Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana. Libreria Editrice Vaticana.
Francisco. (2015). Laudato si’: Carta encíclica sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana.
Laudato si’ (24 de mayo de 2015)
Francisco. (2020). Fratelli tutti: Carta encíclica sobre la fraternidad y la amistad social. Libreria Editrice Vaticana.
Fratelli tutti (3 de octubre de 2020)
Juan Pablo II. (1987). Sollicitudo rei socialis: Carta encíclica con ocasión del vigésimo aniversario de Populorum progressio. Libreria Editrice Vaticana.
Sollicitudo Rei Socialis (30 de diciembre de 1987)
León XIV. (2026, 19 de junio). Discurso a los participantes en el foro “Diálogos del Borgo Laudato Si’”. Libreria Editrice Vaticana.
A los participantes en el foro “Diálogos del Borgo Laudato si’ ” (19 de junio de 2026)
León XIV. (2026). Magnifica Humanitas: Carta encíclica sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Libreria Editrice Vaticana.
Carta Encíclica de Su Santidad León XIV Magnifica Humanitas (15 de mayo de 2026)
Pablo VI. (1967). Populorum progressio: Carta encíclica sobre la necesidad de promover el desarrollo de los pueblos. Libreria Editrice Vaticana.
Populorum Progressio (26 de marzo de 1967)
Pontificio Consejo Justicia y Paz. (2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Libreria Editrice Vaticana.
