La X Jornada Mundial de los Pobres y la Renovación de la Opción Cristiana por la Dignidad Humana
Por Carlos Anaya
Introducción
La pobreza constituye uno de los desafíos más persistentes y dolorosos de la humanidad contemporánea. A pesar de los avances tecnológicos, el crecimiento económico global y la expansión de las capacidades productivas, millones de personas continúan viviendo privadas de los bienes indispensables para una existencia digna. Sin embargo, la Doctrina Social de la Iglesia ha insistido constantemente en que la pobreza no puede reducirse a una mera categoría económica. Es, sobre todo, una cuestión moral, relacional y espiritual que interpela la conciencia de las personas, las comunidades y las instituciones.
En este contexto, el mensaje del Papa León XIV para la X Jornada Mundial de los Pobres, titulado El Señor es el refugio del pobre (León XIV. 2026), representa una profunda reflexión teológica y pastoral sobre la realidad de la pobreza en el siglo XXI. El Pontífice no se limita a denunciar las injusticias que generan exclusión; propone una auténtica conversión del corazón y una renovación de la misión eclesial, recordando que la Iglesia está llamada a ser ella misma “pobre y refugio para los pobres”.
Este mensaje se inserta en una larga tradición doctrinal que va desde los profetas bíblicos hasta las encíclicas sociales contemporáneas, pasando por el testimonio de san Francisco de Asís y el magisterio de san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. León XIV recoge esa herencia y la proyecta hacia los desafíos actuales, caracterizados por nuevas formas de exclusión, indiferencia digital y fragmentación social.
La pobreza como lugar teológico
La primera afirmación fundamental del mensaje consiste en reconocer que la pobreza no es únicamente una realidad sociológica, sino un lugar privilegiado para el encuentro con Dios.
León XIV inicia su reflexión afirmando: «El Señor es el refugio del pobre» (Sal 14,6).
Esta expresión bíblica remite a una constante de toda la historia de la salvación: Dios escucha el clamor de quienes sufren y se coloca del lado de los vulnerables.
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia enseña: «El amor de la Iglesia por los pobres pertenece a su constante tradición» (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 182).
La opción por los pobres no nace de una ideología política ni de una estrategia pastoral. Surge del mismo modo de actuar de Dios.
En Sollicitudo Rei Socialis, san Juan Pablo II afirmó: «Esta es una opción o una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana» (Juan Pablo II, 1987, n. 42).
León XIV profundiza esta perspectiva cuando señala que el pobre posee una capacidad singular para reconocer lo esencial: «El pobre sabe reconocer más que otros lo esencial, porque vive de lo esencial».
Aquí encontramos una intuición central de la espiritualidad cristiana: la pobreza puede convertirse en una escuela de libertad interior y de confianza en Dios.

La pobreza como consecuencia de la ruptura moral
El mensaje establece una conexión directa entre la pobreza y la pérdida del sentido de Dios.
León XIV observa: «La ausencia de Dios coloca a las personas ya no unas junto a otras en el respeto recíproco, sino unas por encima de otras bajo el signo del dominio y del sometimiento».
La pobreza, desde esta perspectiva, no es simplemente fruto de la escasez material. Es consecuencia de estructuras de pecado que generan exclusión.
San Juan Pablo II definió estas estructuras como: «Mecanismos perversos» que obstaculizan el desarrollo humano integral (Juan Pablo II, Sollicitudo Rei Socialis, n. 36).
Del mismo modo, Benedicto XVI señaló: «La cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica» (Benedicto XVI, Caritas in Veritate, n. 75).
Cuando desaparece la referencia a la dignidad trascendente de la persona humana, los pobres dejan de ser vistos como hermanos y pasan a convertirse en cifras, cargas o problemas administrativos.
Por ello León XIV denuncia la existencia de una: «lógica desacralizadora de prevaricación y de descarte que margina y humilla».
La expresión recuerda directamente la crítica formulada por Francisco contra la “cultura del descarte”, descrita en Evangelii Gaudium: «Los excluidos no son explotados sino desechos, sobrantes» (Francisco, 2013, n. 53).
Los nuevos pobres de la era digital
Uno de los aportes más originales del mensaje es su reflexión sobre el entorno digital.
León XIV advierte: «El ambiente digital radicaliza el prejuicio hacia ellos y aumenta la cortina de indiferencia que rodea sus causas».
Esta afirmación introduce un desafío novedoso para la Doctrina Social de la Iglesia.
La exclusión contemporánea ya no se produce únicamente en los espacios físicos. También ocurre en las plataformas digitales, en los algoritmos, en la invisibilización mediática y en las dinámicas de polarización.
El documento vaticano Antiqua et Nova advierte que los sistemas tecnológicos pueden reproducir desigualdades cuando no están orientados al bien común.
Asimismo, León XIV denuncia que el pobre: «queda sin voz todo esfuerzo suyo por hacer oír sus peticiones».
La pobreza contemporánea incluye entonces una forma de exclusión comunicacional: la incapacidad de participar plenamente en la conversación pública.
Jesucristo: el refugio definitivo
El centro teológico del mensaje se encuentra en la figura de Jesucristo.
León XIV afirma: «Ser refugio no es sólo una promesa, sino que se convierte en realidad en la persona de Jesucristo».
La Encarnación constituye la respuesta definitiva de Dios a la pobreza humana.
El Papa recuerda: «En Jesús, Dios no sólo protege, sino que comparte la pobreza humana hasta la cruz».
Esta afirmación se encuentra en profunda continuidad con Gaudium et Spes: «El Hijo de Dios trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre y amó con corazón de hombre» (Concilio Vaticano II, 1965, n. 22).
Cristo no contempla el sufrimiento desde la distancia. Lo asume plenamente. Por ello la acción social cristiana nunca puede reducirse a filantropía. Su fundamento es cristológico.

La Iglesia pobre para los pobres
El núcleo pastoral del mensaje aparece cuando León XIV declara: «La Iglesia, por su misma naturaleza, está llamada a ser pobre y refugio para los pobres».
Esta afirmación resume décadas de desarrollo doctrinal.
Francisco escribió: «Quiero una Iglesia pobre para los pobres» (Evangelii Gaudium, n. 198).
León XIV retoma esta intuición y la profundiza. No basta con ayudar a los pobres. Es necesario compartir su realidad, escuchar sus historias, aprender de ellos y reconocerlos como protagonistas.
Por eso pregunta: «¿Llegamos hasta donde se encuentran los pobres, experimentando su marginalidad?»
La pregunta resulta incómoda porque cuestiona una pastoral centrada exclusivamente en las estructuras institucionales. La cercanía física, afectiva y espiritual se convierte en criterio de autenticidad evangélica.
San Francisco y la revolución de la fraternidad
El mensaje concluye evocando el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís. León XIV recuerda cómo el santo intercambió sus ropas con un mendigo para experimentar personalmente su situación.
No se trata de una anécdota romántica. Representa una profunda revolución antropológica: comprender al pobre desde dentro.
El Papa afirma: «Es posible, también hoy, experimentar la misma alegría al ponerse en el lugar de los pobres y escucharlos, en vez de sólo hablar de ellos».
Aquí aparece una de las enseñanzas más importantes de la DSI contemporánea: la fraternidad no nace de la asistencia unilateral, sino del encuentro.
Como enseña Francisco en Fratelli Tutti: «Nadie se salva solo» (n. 32).
Conclusión
El mensaje de León XIV para la X Jornada Mundial de los Pobres constituye una de las reflexiones más significativas del actual magisterio social sobre la pobreza. Su propuesta trasciende la asistencia material para situar la cuestión en el centro mismo de la experiencia cristiana.
El Papa recuerda que la pobreza es un escándalo moral cuando surge de la injusticia, pero también un lugar privilegiado donde Dios manifiesta su cercanía. Los pobres no son solamente destinatarios de la acción de la Iglesia; son maestros de esperanza, custodios de lo esencial y protagonistas de la renovación social.
La gran novedad del mensaje consiste en proponer una doble conversión. Los pobres están llamados a descubrir en Dios su refugio. Los cristianos, por su parte, están llamados a convertirse ellos mismos en refugio para los pobres.
En una época marcada por la indiferencia, la fragmentación digital y el individualismo, León XIV propone una respuesta profundamente evangélica: reconstruir la sociedad desde abajo, desde la humildad, la fraternidad y la dignidad inviolable de cada persona humana. Sólo así podrá hacerse realidad una auténtica Civilización del Amor, donde nadie sea invisible, descartado o considerado superfluo.

Te invitamos a ver el video de “Laicos en la vida pública” sobre el tema:
Así como la presentación:
El Señor es el refugio de los pobres -Google Drive
Referencias
Benedicto XVI. (2009). Caritas in veritate. Libreria Editrice Vaticana.
Caritas in veritate (29 de junio de 2009)
Concilio Vaticano II. (1965). Gaudium et spes. Libreria Editrice Vaticana.
Francisco. (2013). Evangelii gaudium. Libreria Editrice Vaticana.
Francisco. (2020). Fratelli tutti. Libreria Editrice Vaticana.
Fratelli tutti (3 de octubre de 2020)
Juan Pablo II. (1987). Sollicitudo rei socialis. Libreria Editrice Vaticana.
Sollicitudo Rei Socialis (30 de diciembre de 1987)
León XIV. (2026). Mensaje para la X Jornada Mundial de los Pobres: El Señor es el refugio del pobre. Dicasterio para la Comunicación.
Pontificio Consejo Justicia y Paz. (2005). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Libreria Editrice Vaticana.Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
