CONFINES POLÍTICOS
Transitamos del siglo XX al XXI bajo la impronta del pragmatismo. Fue lo que quedó en pie al desplomarse totalmente el tinglado de izquierdas y derechas que, cada vez más, van quedando como flatus vocis o fonemas. Simples sonidos o nombres, como decía Roscelino. Han quedado así no por el desuso, sino por el abuso. De manera irresponsable, en el ámbito de las luchas culturales y de poder, a cualquier cosa se le empezó a llamar ‘izquierda’ o ‘derecha’, con sus respectivos extremos. De manera particular, ‘fascismo’ se convirtió en una etiqueta fulminante y, en breve, se empezó a perder de vista su verdadero significado. Es una manera de desorientar a los demás para manipularlos…
Cuando algo significa todo, significa nada…
Afectaron la capacidad intelectual y de análisis de mucha gente y, ahora, se quejan del avance del autoritarismo, de la extrema derecha o del fascismo. Ni siquiera reparan en que Benito Mussolini y Adolfo Hitler (así como sus respectivos partidos) se declaraban socialistas y si se considera al socialismo como de izquierdas, ambas ideologías eran de izquierdas…
Ahora estamos ante un caso más complejo. El populismo autoritario del siglo XXI es una combinación de verticalidad muy plana y de una horizontalidad muy ancha. Se aglutina alrededor de un ‘hombre fuerte’ al que le profesan un culto idolátrico, pero transversalmente abarca todas las ideologías, incluyendo lo que resta de izquierdas y derechas. Hay populistas autoritarios en todo el espectro ideológico y no se justifica identificarlos con una opción solamente…
El verdadero peligro son los extremos ideológicos que, precisamente por ser tales, dan margen al populismo autoritario. Si no ampliamos nuestra mirada, podríamos ser presa de una de sus versiones huyendo de otra ubicada en el extremo contrario. Por primera vez, la polarización abre muchas rutas a un mismo destino…
Marine Le Pen a las puertas de Palacio
El próximo año habrá elecciones presidenciales en Francia y Marine Le Pen se ha convertido en una opción importante para hacerse con el poder. Tan es así que su partido Agrupación Nacional está recibiendo apoyos que hasta hace poco eran impensables. Financiera y mediáticamente, Le Pen es respaldada por el trípode formado por Vincent Bolloré (poderosos magnate de la opinión pública y los medios de comunicación, al igual que del ámbito editorial), Pierre-Édouard Stérin (multimillonario fundador de Smartbox, Otium Capital y de la organización filantrópica Fondation du Bien Commun) y Bernard Arnault (presidente y director ejecutivo de LVMH, líder mundial en artículos de lujos). Arnault es el hombre más adinerado de Francia…
Marine Le Pen y Vicent Bolloré están detrás de la consolidación de Jordan Bardella, protegido de Le Pen y líder de Agrupación Nacional, cuyos libros son publicados por la editorial Fayard (bajo control de Hachette). El Grupo Hachette se encuentra en manos de Bolloré y, a través del cual, también impera en la editorial Grasset…
Así como los seguidores de Marine Le Penn sostienen una confrontación mediática y cultural con los grupos de izquierdas y artistas (entre los cuales se cuenta a la actriz Juliette Binoche), lo mismo está pasando en el terreno editorial. Hachette es el conglomerado número uno en Francia y ocupa la tercera posición mundial…
Grasset ha sido un sello editorial de las voces contra las pretensiones rusas y es donde se ha manifestado el descontento por la nueva orientación ideológica. En abril, más de un centenar de autores rompieron con Grasset luego del despido del director. Entre los inconformes están gente de la talla de Colombe Schneck y Bernard-Henri Lévy, que ha sostenido importantes debates con Aleksandr Dugin, el geopolítico más influyente en los círculos de seguridad e inteligencia de Rusia…

La batalla política y cultural
En abril de 2025, Vincent Bolloré formó un think thank: Institut de l’Esperance que se reúne a puerta cerrada y recién en abril pasado se dio a conocer su existencia. El objetivo es encontrar respuestas de ‘sentido común’ a los problemas actuales: inmigración, aborto, educación, vivienda, etcétera. Entre sus integrantes están: Jean-Christophe Thierry, Guillaume Zeller y Chantal Barry…
Bernard Arnault se desenvuelve en los ambientes empresariales y su hijo Alexandre está muy identificado con el trumpismo, especialmente con Jared Kushner (yerno de Trump). Bernard fue invitado a la toma de posesión de Donald Trump. Sin duda, ha allanado el camino a Marine Le Pen y su Agrupación Nacional entre los empresarios…
Pierre-Édouard Stérin, por su parte, lanzó el Projet Périclès (acrónimo: Patriotes, Énracinés, Résistans, Identitaires, Chrétiens, Libéraux, Éuropéens, Souverainistes). Dado a conocer a mediados de 2024, se propuso impulsar una alianza de derechas, ganar 300 alcaldías en 2026 y dar una batalla cultural y metapolítica. Esto último alrededor de dos ejes: la identidad cristiana y el libre mercado. Identifica a tres adversarios: el ‘wokismo’, la inmigración y el socialismo. Su referente es la Heritage Foundation y el trumpismo, y lucha en varios frentes: el legal, para frenar las medidas izquierdistas de los gobiernos (Collectif Justitia); formación de cuadros (escuela Politicae, el Institut Thomaes More y la Fondation du Pont-Neuf); los think thanks y la opinión pública (principalmente Hémisphère droit) y la creación de una especie de reserva de 1,000 especialistas listos para asumir funciones de gobierno…
Así como el Projet Périclès se aboca a lo político, creó el Fondo del Bien Común para financiar la batalla cultural…
Stérin tiene una visión de guerra de guerrillas que rebasa a los partidos, un marcado acento a favor de la vida y es antiabortista. Su hombre de confianza es François Durvye…
Si ganaran en 2027, ¿quién lo estaría haciendo propiamente?
Como se puede apreciar, algunos aspectos son parecidos a lo que históricamente hemos conocido como la extrema derecha. Otros, no. Son todo lo contrario: por ejemplo, tanto en el partido de Marine Le Pen como en sus apoyos financieros hay un rechazo a la islamización de Europa, mientras Adolfo Hitler se declaraba “amigo del islam” y defensor ante el imperialismo británico, el comunismo soviético y el sionismo. Hitler selló un acuerdo con Hajj Amin al-Husseini, el Gran Muftí de Jerusalén, uno de los líderes más importantes del nacionalismo árabe-palestino del momento. En 1941, el Gran Muftí huyó a Berlín desde donde hacía emisiones radiales en árabe, incitando a la yihad contra los Aliados y los sionistas…
Más todavía: Hitler permitió excepciones raciales, religiosas, ideológicas y de alimentación para que se reclutaran a miles de musulmanes, creándose las Divisiones Musulmanas de la Waffen-SS: la 13.ª División de Montaña SS Handschar (con mayoría de musulmanes bosnios) que combatió en Yugoslavia a los partisanos antifascistas y fueron responsables de masacres locales, y la 21.ª División de Montaña SS Skanderberg (principalmente musulmanes albaneses) que operaban en Kosovo y los Balcanes…
Asimismo, cuando el fascismo y el nazismo hablaban de la familia no lo hacían precisamente en los términos de la Iglesia Católica, Con mayor razón respecto al tema de la vida y el aborto. Sobre todo, los nazis no dudaban en ultimar a quien fuese necesario en cualquier etapa de la vida…
¿No deberíamos prescindir de los conceptos de ‘derecha’ y ‘extrema derecha’, para mejor hablar de ‘populismo autoritario’? De paso, debemos reconocer que lo hay en cualquier vertiente ideológica donde se le permita anidarse. Usar conceptos atrapados en el mundo bipolar confunde a los ciudadanos y favorece al populismo autoritario, que es el verdadero peligro junto al pragmatismo que lo alienta…

El escenario identitario: el nuevo problema de los universales
La identidad siempre es importante, con mayor razón en la dimensión cultural. Algunas manifestaciones del populismo autoritario indican claramente el riesgo para el cristianismo, especialmente católicos y algunas denominaciones evangélicas. No es el mismo escenario del pasado. Si ahora pudiera existir cierta coincidencia en determinados temas con tal o cual propuesta política o partidista, eso no significa que proceda identificar lo cristiano, lo católico o lo evangélico con dicho proyecto…
Por el contexto propio, es el mundo católico el que corre mayor peligro. Por muy atractivo que parezca, ninguno de ellos porta la identidad católica. Es verdad que hay casos como el de Marion Maréchal, nieta de Jean-Marie Le Pen y sobrina de Marine, muy activa en el derecho a la vida y contraria al aborto. Cuando se presenta la ocasión, interactúa en los mismos tópicos con Giorgia Meloni en el plano europeo. Pero tampoco se justifica una identificación con lo católico, por muy independiente que parezca de lo específicamente político-partidista…
En otro plano está la prudencia de algunas propuestas de Marine Le Pen y Agrupación Nacional, en el sentido de que no creen que Rusia tenga planes de apoderarse de Europa o exigirle a Ucrania que pague por la ayuda que se le está proporcionando. De alzarse con el triunfo el año que viene, replicarían el modelo trumpista en Francia y Jordan Bardella sería el primer ministro de la señora Le Pen…
Es urgente resolver el ‘problema de los universales del siglo XXI’, tanto por el bien de la Iglesia Católica como por el del mundo entero. El populismo autoritario actual ha desbordado, ha rebasado el viejo esquema ideológico de la Modernidad. Una ciudadanía desorientada podría creer que está neutralizando a determinada versión, mientras desde otro ángulo político arriba una distinta, pero, en el fondo, igual…
Hasta entonces…
