CONFINES POLÍTICOS

Un viaje más allá de las fronteras

El hambre como fracaso moral del sistema internacional

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Geopolítica, Doctrina Social de la Iglesia y la Propuesta de León XIV para un Nuevo Bien Común Global

Por Carlos Anaya

Introducción

La humanidad vive una de las contradicciones más profundas de su historia. Nunca antes había producido tantos alimentos, acumulado tanta riqueza ni desarrollado tecnologías tan sofisticadas. Sin embargo, cientos de millones de personas continúan padeciendo hambre, inseguridad alimentaria y desnutrición. Esta realidad obliga a formular una pregunta incómoda: si existen recursos suficientes para alimentar a toda la población mundial, ¿por qué el hambre sigue siendo una de las mayores tragedias de nuestro tiempo?

La respuesta propuesta por el Papa León XIV durante su visita al Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas, el 22 de junio de 2026, trasciende los enfoques económicos convencionales. Para el Pontífice, el hambre no constituye simplemente un problema de producción o distribución; es, sobre todo, un problema moral, político y geopolítico. En palabras particularmente contundentes, denunció que «asistimos desolados al inicuo uso del hambre como arma de guerra» (León XIV, 2026a).

Esta afirmación desplaza radicalmente el análisis. El hambre deja de ser interpretada como una fatalidad inevitable para aparecer como el resultado visible de decisiones humanas, estructuras de poder y prioridades internacionales equivocadas. La cuestión alimentaria se convierte así en una ventana privilegiada para examinar la salud moral del sistema internacional.

La reflexión de León XIV se encuentra en profunda continuidad con la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), que desde León XIII ha insistido en que toda organización política y económica debe evaluarse a partir de un criterio fundamental: la dignidad de la persona humana y su contribución al bien común.

Sin embargo, el contexto actual introduce desafíos inéditos. La fragmentación geopolítica, la competencia entre grandes potencias, los conflictos armados prolongados, las migraciones masivas y la crisis climática han configurado un escenario en el que la seguridad alimentaria se ha convertido nuevamente en una cuestión estratégica de primer orden.

El hambre como indicador geopolítico

La historia demuestra que el alimento siempre ha sido un factor de poder. Desde las antiguas civilizaciones agrícolas hasta las economías globalizadas del siglo XXI, el control de los recursos alimentarios ha condicionado la estabilidad política, la legitimidad de los gobiernos y la capacidad de los Estados para sostener el orden social.

Durante las últimas décadas se difundió la expectativa de que la globalización económica reduciría progresivamente los riesgos de hambrunas y escasez. Sin embargo, la pandemia de COVID-19, la interrupción de cadenas logísticas globales, las guerras regionales y los fenómenos climáticos extremos han puesto de manifiesto la fragilidad estructural del sistema alimentario mundial.

León XIV señaló ante el PMA que mientras millones de personas carecen de lo necesario para vivir, continúan destinándose enormes recursos a la producción de armamento y al sostenimiento de conflictos (León XIV, 2026a). La observación revela una contradicción fundamental del orden contemporáneo: la humanidad dispone de medios suficientes para alimentar a todos, pero frecuentemente decide orientar una parte considerable de sus recursos hacia actividades que generan destrucción.

Desde una perspectiva geopolítica, esta realidad demuestra que la inseguridad alimentaria no puede explicarse únicamente por factores agrícolas o económicos. Está estrechamente vinculada a decisiones estratégicas, intereses nacionales, conflictos territoriales y dinámicas internacionales de poder.

El hambre como arma de guerra

Uno de los aportes más relevantes del discurso de León XIV consiste en denunciar el uso deliberado del hambre como instrumento de conflicto.

La afirmación de que «asistimos desolados al inicuo uso del hambre como arma de guerra» (León XIV, 2026a) encuentra respaldo en numerosos acontecimientos recientes. La destrucción de infraestructura agrícola, los bloqueos de corredores humanitarios, la interrupción de suministros y la manipulación de recursos alimentarios han sido utilizados como mecanismos de presión política y militar en diversos conflictos contemporáneos.

La propia Organización de las Naciones Unidas reconoció esta problemática mediante la Resolución 2417 del Consejo de Seguridad, que condena expresamente el uso de la inanición de civiles como método de guerra (Consejo de Seguridad de la ONU, 2018).

Desde la Doctrina Social de la Iglesia, esta práctica constituye una de las formas más graves de violación de la dignidad humana. El alimento no es una mercancía cualquiera ni un instrumento legítimo de coerción política. Es una condición indispensable para la vida y para el ejercicio de todos los demás derechos fundamentales.

Por ello, el hambre debe interpretarse también como una cuestión de justicia internacional. Allí donde la alimentación se convierte en un instrumento de poder, la persona humana deja de ser un fin en sí misma y pasa a ser un medio subordinado a intereses estratégicos.

Magnifica Humanitas y la geopolítica de la dignidad

La encíclica Magnifica Humanitas ofrece el fundamento antropológico de esta reflexión.

León XIV sostiene que «toda persona posee una dignidad inviolable que ninguna condición económica, política o tecnológica puede disminuir» (León XIV, 2026b, n. 51). Esta afirmación constituye el núcleo de toda la Doctrina Social de la Iglesia y permite comprender por qué el hambre representa algo más que un problema económico.

La dignidad humana no depende de la productividad, la riqueza o la utilidad social. Es inherente a la persona. Por ello, cualquier sistema que permita la exclusión sistemática de millones de seres humanos del acceso a los bienes indispensables para la vida contradice los principios fundamentales de justicia.

La encíclica añade una reflexión particularmente relevante para nuestro tiempo:

«La tecnología es un fruto extraordinario de la creatividad humana, pero pierde su orientación cuando deja de servir a la persona humana y al bien común» (León XIV, 2026b, n. 34).

La observación adquiere una importancia singular en un contexto caracterizado por el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial. Nunca antes la humanidad había contado con herramientas tan avanzadas para optimizar la producción agrícola, gestionar cadenas logísticas y anticipar riesgos alimentarios. Sin embargo, la existencia de estas capacidades técnicas no garantiza por sí misma la justicia.

La tecnología puede incrementar la eficiencia; no puede sustituir la responsabilidad moral.

Seguridad alimentaria y seguridad humana

Tradicionalmente, la seguridad internacional fue entendida en términos militares. La protección de fronteras, la capacidad defensiva y la disuasión estratégica constituían los principales indicadores de estabilidad.

Sin embargo, el concepto de seguridad humana amplió significativamente esta perspectiva. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la seguridad debe entenderse como la protección efectiva de las personas frente a amenazas que comprometen su supervivencia, bienestar y dignidad (PNUD, 1994).

Desde esta óptica, una sociedad no puede considerarse verdaderamente segura cuando millones de personas padecen hambre.

Esta visión coincide plenamente con la enseñanza de la Iglesia. En Pacem in Terris, Juan XXIII afirmaba:

«Todo ser humano tiene derecho a la existencia, a la integridad corporal y a los medios indispensables para un decoroso nivel de vida» (Juan XXIII, 1963, n. 11).

La alimentación adecuada forma parte de esos medios indispensables. Garantizarla no constituye una política opcional ni una concesión benévola, sino una exigencia derivada directamente del respeto a la dignidad humana.

Migración, clima y conflictos: el círculo de la fragilidad

El hambre rara vez aparece aislada. Se encuentra estrechamente vinculada a la pobreza, la migración forzada, los conflictos armados y la degradación ambiental.

En Laudato Si’, Francisco advertía que «muchos pobres viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento» (Francisco, 2015, n. 25).

Los impactos climáticos reducen la productividad agrícola, incrementan la vulnerabilidad económica y favorecen procesos de desplazamiento humano. Estos desplazamientos generan nuevas tensiones sociales y políticas, alimentando ciclos de fragilidad que pueden prolongarse durante décadas.

León XIV identifica precisamente esta dinámica cuando señala que la inseguridad alimentaria, la pobreza y los conflictos se retroalimentan mutuamente (León XIV, 2026a).

Por ello, combatir el hambre exige actuar también sobre sus causas estructurales. No basta con responder a las emergencias. Es necesario fortalecer instituciones, promover el desarrollo local, construir resiliencia climática y crear condiciones estables de paz.

El destino universal de los bienes y la crítica a la exclusión

Uno de los principios más característicos de la Doctrina Social de la Iglesia es el destino universal de los bienes.

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia afirma que «Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos» (Pontificio Consejo Justicia y Paz, 2005, n. 171).

Este principio no niega la legitimidad de la propiedad privada ni de los mercados. Sin embargo, recuerda que toda actividad económica debe orientarse al servicio de la persona humana.

Desde esta perspectiva, la existencia de hambre masiva en un mundo de abundancia constituye una contradicción moral particularmente grave. La cuestión fundamental ya no es cuánto produce la economía mundial, sino quién tiene acceso efectivo a los bienes necesarios para una vida digna.

Hacia una geopolítica del bien común

La principal contribución de León XIV al debate internacional puede resumirse en una propuesta profundamente transformadora: sustituir una geopolítica centrada exclusivamente en el poder por una geopolítica orientada al bien común.

La Doctrina Social de la Iglesia propone cinco principios capaces de orientar este proceso: dignidad humana, bien común, solidaridad, subsidiariedad y destino universal de los bienes.

En Caritas in Veritate, Benedicto XVI recordaba que «la solidaridad universal es para nosotros no sólo un hecho y un beneficio, sino también un deber» (Benedicto XVI, 2009, n. 43).

De manera similar, Pablo VI afirmaba que «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz» (Pablo VI, 1967, n. 76).

Ambas afirmaciones contienen una auténtica propuesta geopolítica. La estabilidad internacional no puede construirse únicamente mediante equilibrios de poder. Requiere también justicia, cooperación y desarrollo humano integral.

Conclusión

La visita de León XIV al Programa Mundial de Alimentos constituye una de las reflexiones geopolíticas más importantes del Magisterio reciente.

Su tesis central resulta tan sencilla como profunda: el hambre no es principalmente una crisis de producción, sino una crisis de prioridades.

La humanidad posee recursos suficientes para alimentar a todos sus habitantes. Lo que permanece insuficientemente desarrollado es la voluntad moral y política para organizar esos recursos conforme al bien común.

Desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, la existencia del hambre masiva en medio de la abundancia constituye un escándalo ético que interpela directamente la legitimidad del sistema internacional.

La pregunta decisiva ya no es si podemos erradicar el hambre. Podemos hacerlo. La verdadera cuestión es ¿Si estamos dispuestos a construir un orden mundial donde la dignidad humana vuelva a ocupar el centro de la economía, la política y la geopolítica?

La respuesta a esa pregunta definirá no solamente el futuro de la seguridad alimentaria mundial, sino también el futuro moral de nuestra civilización.

Te invitamos a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre el tema:

Así como la presentación:

El hambre como fracaso moral del sistema internacional – Google Drive

Referencias

Benedicto XVI. (2009). Caritas in veritate: Carta encíclica sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad. Libreria Editrice Vaticana.

Caritas in veritate (29 de junio de 2009)

Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. (2018). Resolución 2417 (2018): Conflict and hunger. United Nations.

Resolución 2417 (2018) – Protección de los civiles en conflictos armados | UNSCR

Francisco. (2015). Laudato Si’: Carta encíclica sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana.

Laudato si’ (24 de mayo de 2015)

Francisco. (2020). Fratelli tutti: Carta encíclica sobre la fraternidad y la amistad social. Libreria Editrice Vaticana.

Fratelli tutti (3 de octubre de 2020)

Juan XXIII. (1963). Pacem in terris: Carta encíclica sobre la paz entre todos los pueblos fundada en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Libreria Editrice Vaticana.

Pacem in terris (11 de abril de 1963)

Juan Pablo II. (1991). Centesimus annus: Carta encíclica en el centenario de Rerum Novarum. Libreria Editrice Vaticana.

Centesimus Annus (1 de mayo de 1991)

León XIV. (2026, 15 de mayo). Magnifica Humanitas: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Libreria Editrice Vaticana.

Carta Encíclica de Su Santidad León XIV Magnifica Humanitas (15 de mayo de 2026)

León XIV. (2026, 22 de junio). Visita a la sede del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Libreria Editrice Vaticana.

Visita a la sede del Programa Mundial de Alimentos (PMA) (22 de junio de 2026)

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Pontificio Consejo Justicia y Paz. (2005). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Libreria Editrice Vaticana.

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Informe sobre Desarrollo Humano 1994 | Informes sobre Desarrollo Humano

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Acabar con el hambre | Programa Mundial de Alimentos

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El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo

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Transformando nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible | Departamento de Asuntos Económicos y Sociales

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