CONfines Políticos
23 de abril de 2026
Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com
Ser Papa es importante, pero en ocasiones lo es más todavía. Con sus críticas frontales, Donald Trump lo ha reposicionado en el escenario geopolítico, aunque esa no era su intención ni de uno ni del otro. Sin duda, el presidente de Estados Unidos tiene como prioridad ganar las elecciones intermedias de noviembre, pero los sondeos siguen siendo negativos para su partido en ambas cámaras. Faltar a los compromisos hechos durante su segunda campaña presidencial, ha desembocado en una serie de rupturas con el electorado y pretende subsanarlas con incursiones en el plano internacional…
Sin embargo, Trump es presa de ‘la maldición de los demiurgos’, aquellas divinidades de menor rango que, tratando de hacer el bien, causan el mal. De tal modo que, al empeorar su situación ante la opinión pública nacional, gradualmente toma decisiones más arriesgadas con resultados ambivalentes…
Atacó a León XIV con desplantes mesiánicos para contener la atomización de una parte de su base electoral, con las consecuencias que todos conocemos: una ola de críticas alrededor del mundo, pero también en las filas de MAGA…
A partir de ahí, como sostiene Enric Juliana, se completaron los cuatro puntos cardinales de la geopolítica actual: energía, inteligencia artificial, religión y mapas. Si el Papa lo hubiera planeado, no le habría salido tan bien y todo gracias a Trump…
Pero la historia no empezó ahora. Si algo nos ha demostrado la geopolítica es que el presente es el resultado de un pasado lejano, y ahora no es la excepción: la disputa por la preeminencia en el siglo XXI se desarrolla alrededor de un mapa del siglo XVII…
Los jesuitas y la geopolítica del finis terrae
Hacia finales del siglo XVI, la Compañía de Jesús estaba comprometida con llevar el Evangelio hasta los confines del mundo. La era de los descubrimientos detonaron muchas posibilidades, que, unidas a una fe inquebrantable, impulsaron una incesante labor misionera y uno de los objetivos era la China continental. Hasta ese momento, los jesuitas tenían su enclave en Macao y se preparaba para incursionar en el gigante asiático. Hasta allá llegó Matteo Ricci, que desde sus tiempos en el Colegio Romano se había interesado mucho por la cosmología, la astronomía y la cartografía. En Macao, junto con Michele Ruggieri, se dedicó a estudiar la cultura y el idioma tradicional chino. En Zhaoquin, Ricci hizo el primer mapamundi traducido al chino tradicional, basado en la cartografía europea que había llevado…
Pronto, el Padre Ricci adquirió fama de sabio y, en 1601, fue nombrado consejero de la corte del emperador Wanli, siendo el primer occidental en entrar a la Ciudad Prohibida con libre acceso. Al año siguiente, elaboró el primer mapamundi chino: el Kunyu Wanguo Quantu, ayudado por Zhong Wentao y el traductor Li Zhizao. Wanli quedó vivamente impresionado por varios motivos: se usó el idioma local y el Imperio chino estaba cerca del centro (recuerden la importancia del Imperio del Medio o Zhōngguó). Con un toque de genialidad, Matteo Ricci concluyó que era la mejor forma de adaptarse a la mentalidad del reino asiático…
Por primera vez, China tenía un mapa ‘científico’ y no ‘mítico-simbólico’, ordenando el emperador que se hiciera un atlas (el Zhifang Waiji) en el que participaron varios jesuitas, entre ellos: Diego de Pantoja, Sabatino de Ursis y Giulio Aleni, así como el converso Yang Tingyun. Aleni y Yang usaron el mapamundi de Ricci, colocando a China totalmente en el centro y el atlas fue un éxito…

El retorno de un nuevo imperio
El Zhifang Waiji fue impreso y usado en buena parte del sudeste asiático, y su impacto geopolítico llega hasta nuestros días. En 2013, luego de una investigación de veinte años, el erudito cartógrafo y geofísico Hao Xiaoguang terminó un mapa que partió de lo hecho por los jesuitas, con un nuevo enfoque: el mapamundi inspirado en Ricci es vertical y tiene sus razones. Lo horizontal destaca los hemisferios este-oeste y él quería resaltar los hemisferios norte-sur. Hao Xiaoguang se percató que, para entender mejor el ‘mapa central’ de los jesuitas en la dinámica geopolítica actual, era importante verlo de otra manera. En vertical se visualiza mejor el papel central y el ascenso de China, así como su relación con las regiones periféricas…
No se trata de una cuestión puramente académica. El mapa vertical del investigador de la Academia China de Ciencias es el mapa oficial de Xi Jinping, que llegó al poder en 2012 y es usado por la Comisión Militar Central del PCCh y por el Ejército Popular de Liberación. En él se basa toda la geopolítica que emana desde Beijing: Eurasia ocupa el lugar primordial con China al centro, América del Norte aparece arriba y Sudamérica en la parte inferior; Europa es el finis terrae occidental y, para vincularse con ella, China puede hacerlo a través del corredor Índico (que val del Estrecho de Malaca hasta el Canal de Suez, pasando por el Estrecho de Ormuz), bordeando África como lo hacían antaño los portugueses, mediante la ruta continental rusa o mediante la ruta del Ártico…
Esta es la geopolítica y el mapa que Donald Trump quiere estropear para neutralizar el ascenso de China…
La disputa por el mapa vertical
En su círculo de poder, Donald Trump se orienta recurriendo a Elbridge Colby (del cual ya hablamos cuando ocurrió la polémica con el nuncio del Papa en EE. UU.), el estratega del ‘equilibrio de poder’; a Matt Pottinger, que vivió en China, habla mandarín y conoce la cartografía china; a Robert O’Brien, experto en cartografía, geopolítica de los recursos y control de rutas marítimas; así como a Peter Navarro, especialista en la conexión económico-militar que alertó sobre la ‘Gran Muralla Subterránea’ (esconder misiles), estrategia también usada por Irán…
El mapamundi vertical sirve para entender que Estados Unidos necesita el control de Canadá y Groenlandia para incidir en la ruta del Ártico, puesto que Alaska posee una posición periférica. Evidentemente, la relación con Rusia es vital para China, pero manteniéndola como socio menor. Trump debe romper ese vínculo y así se entienden las presiones a la UE y la OTAN para allanarle el camino a Rusia, así como levantarle restricciones para vender petróleo y gas por el conflicto con Irán, y hasta las presiones para acabar con la guerra en Ucrania. Trump piensa que una derrota rusa en Ucrania la terminaría de arrojar en brazos de China, mientras que un acuerdo con ventajas para terminarla podría atraerla hacia Estados Unidos…
Como se puede apreciar, a Donald Trump no le apremia resolver lo de Irán. Mantener cerrado el Estrecho de Ormuz significa trastocar una parte muy importante de la geopolítica de Xi Jinping. Buscará mil y un pretexto para tirar lo que se acuerde en Pakistán o retrasarlo. Con el relevo pendiente en Hungría, Trump tendrá que emplearse a fondo para replantear su estrategia con Rusia y Ucrania…

Geopolítica del corolario africano
El mapa de Hao Xiaoguang apunta a que la disputa por la preeminencia global no terminará cuando alguien se imponga en Eurasia, sino cuando se corone en África. El Continente africano tiene un papel central: en la parte noroccidental, pegada al Mediterráneo, tiene una posición privilegiada para la conexión con Europa, mientras que, en el Cuerno de África, el Mar Rojo se presta para la ruta alterna al Estrecho de Ormuz. Si los rebeldes yemeníes cerraran el paso por el Mar Rojo (apoyando a Irán), sería una mala noticia para Beijing: Rusia recuperaría su brillo geopolítico de otros tiempos y, sea por vía terrestre o por el Ártico, China dependería de Moscú para conectarse con Europa y para completar su propio suministro de hidrocarburos…
Aquí se insertan los desencuentros de Trump con Pedro Sánchez y se entiende mejor el acuerdo sellado entre la potencia americana y Marruecos, que ahora podrá adquirir el mismo armamento que la OTAN, pasando a ser aliado estratégico en el extremo noroccidental del África…
En medio de este forcejeo, Trump lanzó sus críticas contra León XIV en vísperas de su viaje apostólico al Continente africano. El Papa no arribó como un conquistador, sino como un pastor y padre promoviendo el Evangelio, la paz y el diálogo interreligioso. Sin duda, está revisando la cartografía y geopolítica de aquellos jesuitas que fueron a evangelizar Asia, pero las reinterpreta en una clave muy distinta a la de las grandes potencias mundiales…
Espero que Trump deje de verlo como un enemigo, porque León XIV puede ayudar a que el mundo recupere la paz y la estabilidad perdida. De otro modo, la competencia geoestratégica por el siglo XXI podría dar paso a una versión desvirtuada y perversa de un apocalipsis que no es el anunciado por la Iglesia Católica…
Hasta entonces…
