CONFINES POLÍTICOS

Un viaje más allá de las fronteras

Trump, la hora de la ruptura – Juan de Dios Andrade

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 CONfines Políticos

6 de abril de 2026

Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com

Los síntomas son inequívocos: Donald Trump ha llegado a un punto de inflexión en el cual, para avanzar, debe proceder de manera rupturista. De origen, ha roto con el orden internacional heredado del globalismo y se refiere a él como el ‘pasado’. Sin embargo, ya no puede posponer la tensión latente al interior de la plataforma de alianzas que lo regresó a la Casa Blanca. De un lado, tiene al movimiento MAGA, integrado por diversas tendencias que coinciden en tratar de recuperar un pasado glorioso perdido por el globalismo. Del otro, están los poderes fácticos de las grandes tecnológicas, el entramado de negocios (empezando por el ámbito energético) y las corrientes transhumanistas, que no buscan la grandeza en el pasado, sino en el futuro tecnológico…

La guerra en Irán, los forcejeos con la UE y los planes para reconfigurar la geopolítica global, entre otras cosas, apuntan a una preferencia de Trump por el segundo núcleo de aliados. Es un juego de alto riesgo, considerando que las elecciones intermedias serán en noviembre próximo y vamos a ver si Trump logra convencer a los de MAGA de supeditarse a los intereses tecnológicos y comerciales, puesto que una ruptura podría hacer naufragar sus proyectos. Esto encierra el dilema entre J. D. Vance y Marco Rubio como opciones presidenciales, sin descartar un estado de excepción…

¿Escalada o negociación?

El rescate del segundo oficial que estaba perdido en Irán da un respiro importante al presidente estadounidense, pero no le resuelve el problema. Teherán perdió un factor de presión en la mesa de negociaciones y un poderoso instrumento mediático para abonar a la desmoralización y división entre la ciudadanía norteamericana y su gobierno. Ahora, Trump debe decidir entre mantener la situación en el nivel en que se encuentra y buscar una salida que no parezca un fracaso, y escalar más el conflicto. El nuevo ultimátum puede interpretarse de esa doble manera: forzar una negociación o pasar al siguiente nivel bélico…

Lo más peligroso estriba en determinar los alcances de una nueva escalada. A estas alturas, Donald Trump es consciente de que, al seguir la estrategia de ‘decapitación’ del régimen de Ali Jamenei, olvidó que debió usar una fuerza abrumadora y no solo efectiva. Es como cuando un boxeador asesta golpes fuertes a su contrincante, sin contar con una secuencia y continuidad de golpes. Si agregamos la falta de claridad estratégica inicial, se entiende mejor lo que está pasando. Claro que esto no significa que Irán pueda aguantar indefinidamente el castigo que está recibiendo…

En cualquier caso, una nueva escalada (ahora sí, abrumadora) debe dar la imagen de una victoria, aunque al final se resuelva en la mesa de negociación en Pakistán. Trump tampoco puede aguantar más tiempo los múltiples frentes de la guerra mediática, incluyendo la de los propios globalistas buscando recuperar terreno y de los antiglobalistas a disgusto por haber accedido a los planes de Netanyahu. Los segundos parten de la idea de que los poderes fácticos judíos son determinantes en el dominio mundial y serían la cara oculta del globalismo…

¿Buscando el estado de excepción?

¿Estará buscando Trump una escalada para llegar a un estado de excepción, antes de las elecciones? La opinión pública interna le está siendo desfavorable, especialmente por el aumento en el precio de la gasolina, lo que podría poner en vilo los resultados en noviembre. Un estado de excepción por una guerra en el exterior, le daría la oportunidad de evitar la cita en las urnas. ¿Lo aceptarían los electores? Para ello, Trump necesitaría que Irán se tornara realmente peligroso, al punto de ser un riesgo para la seguridad de Estados Unidos…

El régimen de los ayatolás sabe que requiere una capacidad estratégica capaz de dejar en ridículo a Trump. El reciente apremio de Irán a la ONU para actuar de inmediato ante la amenaza de desatar “el infierno”, indica que no están seguros de lograrlo. Donald Trump ha llegado a un punto delicado, pero también Irán, que podría ser usado por el presidente estadounidense para evitar un descalabro en las urnas…

No deja de ser interesante el artículo de Greg Ip, publicado en The New York Times este fin de semana: “La guerra con Irán está haciendo que la economía norteamericana sea más dominante que nunca”. Al no depender del Estrecho de Ormuz y ser un país con amplias reservas, EE. UU. pretende adueñarse del mercado energético exportador. Esto es un cambio geoeconómico y geopolítico clave: Estados Unidos “ya no se ve a sí mismo como el garante de la estabilidad y las normas internacionales, sino más bien como un actor que busca su propio interés y que utiliza el control del petróleo para aumentar su propio poder”. Aunque Irán aumente más el peaje, afectará a los países importadores, no a Estados Unidos…

Lo malo es que el precio de la gasolina se rige por el mercado internacional…

La reconfiguración global

Un estado de excepción o al menos de máximo peligro para la seguridad nacional, no es tan descabellada como parece. Franklin D. Roosevelt ganó las elecciones en noviembre de 1932 y debió esperar hasta marzo de 1933 para asumir el cargo. Fue el lapso en que Hoover trató de convencerlo de tirar por la borda su propuesta de campaña y asumir la política económica vigente, con tal de salvar al sector bancario. Roosevelt no aceptó por dos motivos: no quería heredar el coste político de las decisiones de Hoover (la mayoría de los electores pensaban que eran la causa de sus desgracias) y una crisis bancaria y financiera le daría la oportunidad de legitimar ante la opinión pública el replanteamiento (casi refundación) del sistema norteamericano y su papel en el mundo…

Donald Trump se mira a sí mismo a través de la era de Roosevelt, oscilando entre el perfil fundacional y el acelerador de rupturas…

Obviamente, el inquilino de la Casa Blanca debe ser cuidadoso, porque presionar demasiado a los extremistas de Irán podría provocar una espiral desestabilizadora y destructiva en el Medio Oriente, cuyos efectos se sentirían a escala global. En un momento dado, los ataques con drones a los países del Golfo son una variable por considerar, además de los riesgos en medio del cercano Mundial de fútbol…

Lo que está en juego es el proyecto de cambiar las bases norteamericanas a Israel, con la intención de convertirla en la potencia preeminente en el Medio Oriente y en garante de la seguridad de los países del Golfo. Esto significa que Washington sacaría las manos de algunas regiones solo en apariencia, para dejarlas en manos de aliados como Netanyahu…

Serían el detonante de la reconfiguración global…

El nombre de Dios como justificación de la guerra

Durante la Semana Santa, aumentaron las diferencias entre la geopolítica de Trump y la misión de la Iglesia Católica en el mundo. Los medios relacionados con el globalismo o con las corrientes más liberales dieron amplio espacio a las palabras de León XIV. Por ejemplo, The New Yorker posicionó el enfrentamiento de un Papa estadounidense con una guerra igualmente estadounidense, justamente en la Pascua, destacando que el Pontífice no puede ser neutral porque está en juego la vida de gente inocente, tal y como lo hizo siendo obispo de Chiclayo con los refugiados venezolanos que huían del colapso chavista. El domingo, León XIV urgió a encontrar la paz…

Financial Times, por su parte, habló de una guerra abierta entre el Vaticano y MAGA, conforme se acentuó la purga en la cúpula militar y el discurso tendiente a justificar la guerra en nombre de Dios. Recuerden que Paula White Cain, asesora espiritual de Trump y directora de la Oficina de Fe de la Casa Blanca, se refirió a su jefe como “defensor de la fe” y pidió a sus seguidores donar el 10% de su sueldo para ayudar a Israel. El Papa aclaró que no es lícito usar así el nombre de Dios…

The Washington Post fue en la misma dirección que el Financial Times…

Para algunos analistas, el temor de Pete Hegseth a ser relevado provoca que asuma posiciones extremistas, usando el nombre de Jesucristo. Hasta el arzobispo Timothy Broglio, jefe de la Arquidiócesis militar, expresó su desacuerdo…

Uno de los problemas más delicados es que la purga castrense sea la ocasión para colocar incondicionales sin la debida preparación. Luego de las salidas de Kristi Noem y Pam Bondi del equipo de Trump, se rumorea que vendrán más ajustes…

El acelerador escatológico

Hay un desencuentro entre el vicepresidente J. D. Vance y el secretario de Guerra Pete Hegseth. Mientras el primero publica sus memorias en torno a la conversión al catolicismo, el segundo marca distancia con la Iglesia Católica fortaleciendo sus vínculos con el pastor Doug Wilson, que propuso que se le impida a los católicos realizar expresiones públicas…

Por otra parte, al publicarse el libro de Vance, se escogió la foto de una pequeña iglesia que no guarda relación con él y que, luego, resultó tampoco ser católica…

No pretendo dudar de la sinceridad de Vance al hacerse bautizar católico. Solo digo que, al ser una conversión reciente, se requiere un poco más de maduración en la fe. La reciente polémica con el Vaticano se debió al uso del concepto de ‘Orden del amor’ por parte de Vance, que requirió una aclaración desde Roma…

Además del respeto a los derechos humanos y a la vida de la gente inocente, lo que también inquieta es la actitud de Trump y Netanyahu como aceleradores de una confrontación con tintes escatológicos…

En este orden de ideas, no se puede ignorar que Peter Thiel ha sido el principal impulsor del ascenso de J. D. Vance. Thiel es un magnate de la tecnología, fundador de Palantir, que se ha dedicado a dar un ciclo de conferencias sobre el Anticristo y el apocalipsis, donde se nota su entusiasmo por acelerar la batalla escatológica y ha precisado que su única preocupación con Vance estriba en que se termine subordinando al Papa…

¿Preocupa a León XIV y a su círculo más cercano que, detrás de Vance, haya una plataforma que pudiera tornarse anticristiana y más concretamente anticatólica? Es un tema que no hay que perder de vista…

Hasta entonces…

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