CONFINES POLÍTICOS

Un viaje más allá de las fronteras

¿Rumbo al Concilio Vaticano IV? – Juan de Dios Andrade

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 CONfines Políticos

25 de marzo de 2026

Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com

Cuando Pío XII murió, el 9 de octubre de 1958, se cerró una etapa muy difícil para la Iglesia y el mundo: la relativa a dos guerras mundiales devastadoras. Sabiendo que la Iglesia recrea una y otra vez la vida y obra de su Fundador, hasta que sobrevenga el final definitivo, entendió que era el momento de la resurrección y en el esclarecedor radiomensaje Ecco alfine (9 de mayo de 1945), hace suyas las palabras del profeta Ezequiel: “Les daré un corazón de un mismo sentir, y pondré un espíritu nuevo dentro de ellos; arrancaré de sus entrañas el corazón de piedra y pondré en su lugar un corazón de carne, para que anden en el camino de mis preceptos, guarden mis juicios y los pongan en práctica; y ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios” (Ezequiel 11:19-20). Hacía falta un corazón de verdad para fincar la paz…

El Pontífice agrega: “Entonces, y solo entonces, el mundo resucitado evitará el regreso del terrible azote, y reinará una hermandad verdadera, estable y universal, junto con la paz garantizada por Cristo también en la tierra para aquellos que desean creer y esperar en su ley de amor”. Pío XII sabía que no bastaba con poner punto final a la Segunda Guerra Mundial, puesto que, unos años antes, igualmente se había concluido la primera para de inmediato entrar en la segunda conflagración…

El mundo resucitado y el nuevo orden

Presten atención: “el mundo resucitado” indicaba la llegada de una nueva época, una nueva recreación de Cristo en su Cuerpo Místico. Ya desde su discurso de Nochebuena de 1940, anticipaba que Europa no sería la misma después de la guerra y el arribo de un ‘nuevo orden’ que, para ser bueno, debía renunciar a los sistemas propagadores del odio, mantenerse fiel a los pactos, vencer la utilidad y la fuerza como fuentes del Derecho, derrotar las ‘semillas de los conflictos’ y alcanzar la victoria sobre el egoísmo…

Al terminar la guerra y con la Unión Soviética del lado de los vencedores, empezaron a cumplirse los efectos negativos previstos por el Papa: la expansión violenta del comunismo en Europa y Asia antecedió al esparcimiento de sus errores por el mundo, advertido por la Virgen de Fátima en 1917. Se estaban poniendo las bases para nuevos conflictos en el futuro porque se rechazaba el “río de paz” mesiánico anunciado por el profeta Isaías…

Pío XII afirma que el progreso es un don de Dios y que la Iglesia, como madre de muchas universidades, seguía con atención los avances notables (radiomensaje En el amanecer y en la luz: 24 de diciembre de 1941). A partir de 1945, en el contexto de la era atómica, Pío XII destacó los aspectos benéficos de la ciencia ante el uso destructivo de la misma. El 18 de febrero de 1946, Pío XII creó 32 cardenales de varias partes del mundo, incluyendo China. El 1 de noviembre de 1950, declaró dogma de fe la asunción de la Virgen María al Cielo en cuerpo y alma. El 16 de diciembre de 1954, se estableció la Comisión Pontificia de Cinematografía, Radio y Televisión…

Eran los síntomas de que la Iglesia se encaminaba a un nuevo concilio…

¿Cristianismo o cristiandad?

Pío XII no tuvo vida para convocar al concilio, pero sí Juan XXIII. Visto como un Papa de transición, en cierto modo lo fue (menos de 5 años en la Sede apostólica). En cuanto al Concilio Vaticano II, Juan XXIII sacudió la estructura de la Iglesia para afrontar los desafíos de los nuevos tiempos, cuyos efectos se sienten hasta nuestros días. Como él mismo lo precisó: no se trataba de establecer nuevos dogmas ni de condenar a nadie, sino de una renovación para continuar trasmitiendo el Evangelio en la realidad imperante. El Pontífice privilegió el diálogo respetuoso, aunque las tensiones amenazaban con desgarrar la Iglesia…

Tres grandes corrientes estuvieron presentes en los trabajos conciliares: los tradicionalistas, liderados por el cardenal Ottaviani y el arzobispo Marcel Lefebvre (con puntos de vista diferentes); los progresistas y renovadores, descollando Karl Rahner, Hans Küng e Yves Congar (Küng sintetiza buena parte de lo que hoy se llama: ‘el camino sinodal alemán’) y los renovadores moderados, Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger (en su momento, acusados de ‘progresistas’). Juan XXIII convocó, pero no pudo concluir el Concilio. Lo hizo Paulo VI…

En la antípoda, dos posturas forcejeaban: los que deseaban buscar el futuro de la Iglesia en el pasado y los que pretendían un porvenir rompiendo con la identidad de esta. Parecían muy distintas, pero en el fondo eran correlativas. No entendían la diferencia entre ‘cristianismo’ y ‘cristiandad’. La primera se refiere a los fundamentos y la segunda al entramado temporal de presencia e influencia en el mundo. Los prisioneros del pasado querían conservar a toda costa la cristiandad, mientras los progresistas querían fundar ‘otra’ Iglesia…

Juan XXIII entendió que, así como N. S. Jesucristo fue despojado de sus ropas y manto en el Gólgota, la Iglesia debía ser despojada de su vestimenta temporal…

Eslavos en medio de una guerra de espías

En 1963, Morris West publicó su célebre obra: Las sandalias del pescador, que luego sería llevada a la pantalla grande con Anthony Queen como protagonista. La novela trata de la elección de un Papa eslavo, aunque, a diferencia de lo que ocurriría en la vida real con Karol Wojtyla, el de West era ucraniano. Sin duda, Nikita Kruschov tuvo muchas noches de insomnio, porque el espionaje se volvió más meticuloso sobre el cardenal Josyf Slipyj en Ucrania y Karol Wojtyla en Polonia. De hecho, a Wojtyla lo vigilaban desde 1946. Ya como Pontífice, Karol Wojtyla también estaba pendiente de lo que pasaba en la URSS. Una de sus principales fuentes era la soviética Irina Ilovayskaya Alberti, que, dicho sea de paso, era atea. Cuando Irina no podía ver al Papa, enviaba a Elena Bonner, esposa de Andrei Sajarov, para informarle…

Pasaron cosas impensables apenas unos años atrás. El polo soviético y el estadounidense se dieron a la tarea de capturar a todo aquel que dijera poseer poderes psíquicos, especialmente la clarividencia y la presunta capacidad de “leer y escuchar cosas a la distancia”. Por disparatado que parezca, ¿se lo imaginan, tener una reunión ultrasecreta en un extremo del mundo, mientras, en el otro, alguien podría saberlo en tiempo real? Asimismo, se instalaron departamentos y secciones para escudriñar cuanta profecía escatológica hubiera y, obviamente, el Mensaje de Fátima les llamó la atención, así como el Diario de Santa María Faustina Kowalska. En tiempos de Juan Pablo II, el Kremlin trató de llegar a un acuerdo para tener acceso a la parte todavía no divulgada de Fátima…

La inquietud estaba sembrada desde 1963: un futuro Vicario emanado del otro lado de la Cortina de Hierro, específicamente eslavo. Una novela que se hizo realidad en medio de una guerra de espías…

Tres hermenéuticas, un Concilio

Se cometió el error de difundir, primero, lo relativo a las formas y, luego, los grandes documentos rectores de fondo. De tal modo que se potenciaron las discrepancias y se llegó a hablar del ‘espíritu del Concilio’ que fue la ocasión para muchos abusos en la interpretación del Vaticano II. Esto fue lo que puso en vilo la unidad de la Iglesia y gente que estuvo de acuerdo con los documentos conciliares, terminó en ruptura: monseñor Lefebvre, por ejemplo, que los avaló y. más tarde, se desdijo…

El Vaticano II ha sido visto desde tres hermenéuticas, señal de que los desacuerdos se prolongarían más allá de 1965: la hermenéutica de la ruptura (versión progresista de que el Vaticano II había modificado la naturaleza y misión de la Iglesia), la hermenéutica del cisma (los lefebvristas dan por buena la interpretación anterior, radicalizan su tradicionalismo y terminan separándose con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Atraídos nuevamente por Benedicto XVI, ahora están al borde de otra ruptura) y la hermenéutica de la identidad y cambio (versión de la Iglesia, bien expresada por Benedicto XVI al afirmar que el Vaticano II debe entenderse en armonía con los 2,000 años de tradición). Parecía que se trataba de tres concilios…

Congar abogaba porque la jerarquía se abriera al creciente papel de los laicos; Metz quería menos cielo y más atención a los asuntos sociales, políticos y humanos; Küng, Rahner y Schillebeeckx se decantaron por el ‘espíritu del Concilio’ (revista Concilium); Ottaviani y Bacci recurrieron a Trento para defender la misa tradicional en latín; Lefebvre rechazó el Estado laico aduciendo que negaba el reinado de Jesucristo; Ratzinger, De Lubac y Balthasar sostuvieron la idea de una reforma en continuidad con la tradición y fundaron la revista Communio para expresarse y prever el peligro del relativismo…

Más allá de la teoría de la conspiración

Los cambios registrados en los medios de comunicación tuvieron su impacto en el contexto del Concilio. En 1963, la obra de teatro ‘El Vicario’ de Rolf Hochhuth causó un verdadero revuelo. Centrada en Pío XII, fue usada por los progresistas para exigir que el Concilio expresara su posición sobre los problemas del mundo, aunque no se relacionasen con la misión pastoral de la Iglesia. En 1965, se estrenó la película: ‘E venne un uomo’, dirigida por Ermanno Olmi, sobre la vida de Juan XXIII, donde lo presentan como un hombre bueno luchando contra la resistencia al Concilio…

En los hechos, la oposición extrema a los cambios generados por el Vaticano II derivó en la teoría sedevacantista, que proclama a Pío XII como el último Papa legítimo. De Juan XXIII en adelante (entiéndase: a partir del Concilio), los pontífices no son tales al haber caído en la herejía. Aquí es importante saber que los desacuerdos tuvieron su punto álgido en pleno Concilio con la declaración Nostra Ætate (1965), donde, entre otras cosas, se afirma el vínculo de la Iglesia Católica con el judaísmo. Aunque la Iglesia sea el ‘nuevo pueblo de Dios’, la predilección por Israel sigue vigente porque Dios ni se arrepiente de sus decisiones, ni se equivoca. El punto clave estriba en que tampoco se puede catalogar a los judíos como ‘deicidas’. No es posible dar muerte a Dios y N. S. Jesucristo ‘entregó’ su vida, saldando la cuenta de nuestros pecados…

Quizás sea prudente meditar el Evangelio de San Juan, que destaca en todo momento que N. S. Jesucristo tuvo pleno dominio de lo que acontecía, aún durante su amarga y dolorosa pasión…

Brian Moore o el triunfo de la masonería y la Revolución mundial

En 1972, Brian Moore publicó su libro Católicos, una novela breve sobre la Iglesia luego de un ficticio Concilio Vaticano IV. En aquel momento, finales del siglo XX, se ha desacralizado y convertido en una especie de ONG. Siguen existiendo las creencias religiosas, pero inmersas en una religión que más bien se asemeja a una fraternidad universal liderada por una Iglesia Católica que ha renunciado a los puntos centrales de la fe. El autor quiere hacernos ver hacia dónde nos llevarán los cambios del Vaticano II, asumiendo implícitamente elementos del sedevacantismo. De suyo, la figura del Papa brilla por su ausencia…

La trama gira alrededor de un monasterio insular frente a Irlanda, a donde llega el Padre Kinsella, un joven y moderno inquisidor, porque la comunidad que ahí vive se aferra a la tradición y se niega a prescindir del latín en la misa. Lo dramático es que el propio abad ha perdido la fe y se aferra a la tradición por supervivencia. Sin embargo, mucha gente asiste a sus misas porque rechazan la idea de una Iglesia sin sacramentos y sin gracia santificante: la transustanciación ha pasado a ser un mero símbolo del Cuerpo y la Sangre de Cristo…

Las características de la Iglesia de Moore son propias del plan masónico de una religión universal, con una Iglesia que ha ‘pactado con el Este’ (Revolución mundial) y con un Padre Kinsella que no hace oración, sino que medita según las técnicas budistas. Es evidente que Moore juega con las teorías de la conspiración inspiradas por Maurice Pinay y El complot contra la Iglesia publicado antes del Vaticano II…

La obra Católicos también será llevada a la pantalla grande (1973) protagonizada por Trevor Howard y Martin Sheen…

Joseph Ratzinger y la Iglesia del mañana

Luego de una serie radiofónica hacia finales de los Sesenta, Joseph Rantzinger la publicó en 1970 como libro: Fe y futuro, que ha caído en el olvido. Es innegable que la temática se inserta en las inquietudes que gravitaron en el Concilio y su lectura es indispensable para distinguir entre cristianismo y cristiandad: la Iglesia del futuro quedará diezmada. Desprovista del ‘ropaje’ que le ha caracterizado, será una Iglesia pobre, casi irrelevante…

Su porvenir quedará en manos de santos (rechaza el progresismo) y cataloga como “discursos vacíos” las profecías que anuncian una Iglesia sin Dios y sin fe (el catastrofismo tradicionalista). Ambas vías conducen a proyectos y discursos políticos que no representan a la Iglesia de Cristo…

La Iglesia verdadera se hará pequeña y tendrá que empezar de nuevo. Mermará su feligresía y perderá privilegios. Esto significa que requerirá de la participación de todos, los pocos que sean. Habrá sacerdotes como los de ahora, pero también otros que ejercerán distintas profesiones…

Dios desaparecerá para el mundo, que experimentará una terrible soledad y pobreza espiritual. Eso hará que vuelvan sus ojos a la Iglesia, desprovista de todo poder político. Nunca más volverá a ser el poder dominante, pero florecerá otra vez. Será la Iglesia de los pobres, de los pequeños. Carente de poder político, pero más espiritual y auténtica…

Intuiciones maravillosas de Joseph Ratzinger, porque, al margen de lo novelesco y de la coyuntura, queda claro que, mientras el mundo se enfrascaba en la Segunda Guerra Mundial, se configuró una lucha entre dos Iglesias falsas y la auténtica Iglesia de Cristo. Porque la Iglesia no es la que planearon los complotistas de la ‘fraternidad universal’, ni la de los teóricos de la conspiración mundial, sino aquella que debe revestirse con su Fundador para mantenerse fiel a su mandato…

Hasta entonces…

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