CONfines Políticos
Hay momentos en la historia que se suceden con cierta rapidez y turbulencia, lo que impide la comprensión adecuada de lo ocurrido. Estridencia, velocidad, distractores, opacidad, juego de intereses y muchas cosas más. Agreguen nuestra forma de pensar, nuestros gustos, etcétera y tendrán la receta perfecta para perderse en los entretelones de los acontecimientos. La prueba está en la ingente cantidad de interpretaciones que han dejado de ser vigentes. No me refiero a que sea imposible conocer la realidad y que debamos conformarnos con las puras opiniones. La búsqueda de la verdad es permanente mientras duré esta vida…
Esto es lo que pasó en la lucha por el poder entre caciques y caudillos del México revolucionario, especialmente en la confrontación entre Plutarco Elías calles y Álvaro Obregón que, además, estuvo superpuesta con la persecución religiosa que no iniciaron ellos, pero que sí pretendieron llevarla hasta sus últimas consecuencias. Ambos respondían a la impronta liberal que, desde el siglo XIX, buscaba someter a la Iglesia Católica al poder del Estado. Una simple lectura de las Leyes de Reforma o de la Ley Calles basta para comprobar que no tenían como objetivo la separación entre las dos instituciones, sino que la Iglesia se integrara como apéndice del Estado…
El ideal espiritual era una Iglesia intramundana…
Sin embargo, eso no debe hacernos perder de vista aspectos de aquellos años que no por estar llenos de maldades dejan de ser importantes. ¿Por qué Calles quería deshacerse de Obregón? ¿Fue una vulgar lucha por el poder o hubo otros motivos de fondo? Para responder adecuadamente, primero hay que enmarcar debidamente los hechos a los que nos referimos…
Y el caudillo dijo: “Hágase la luz”
Conforme se alejaban aquellos años de la Revolución maderista, que quiso cambias la realidad mexicana sin modificar sustancialmente el sistema, se evidenciaba la imposibilidad de regresar al porfiriato. El mundo había cambiado y el país también. Recién había terminado la Gran Guerra y Europa buscaba orientarse para salir del atolladero en que estaba. En el ámbito doméstico, México tenía el mismo problema a resolver. Si la vida decimonónica se había derrumbado, era el momento de configurar otra realidad…
En acuerdo o en desacuerdo, Carranza, Obregón y Calles lo sabían. Eliminado el primero, uno de los otros dos tendría que hacerlo. Este es el marco del conflicto: estaban dirimiendo por la vía violenta el privilegio de fundar otro país…
Hasta la persecución religiosa y la Cristiada se entienden mejor así. Querían domeñar a la Iglesia y la grey porque considerarlos pieza clave del ‘Antiguo Régimen’. Los vaivenes de la presidencia de Francisco I. Madero y las lamentables circunstancias de su muerte fueron la ocasión. No la causa de las agresiones a los católicos. Es como creer que Putin invadió Ucrania por culpa de la OTAN. Con el atlantismo o sin él, lo habría hecho porque apoderarse de Ucrania es clave en los planes geopolíticos de Vladimir con tal de recuperar la grandeza de Rusia…
Obregón y Calles habrían recurrido a los argumentos más absurdos porque, en el fondo, su única justificación era luchar por el poder total para erigir un México “a su imagen y semejanza”. No hay más misterio…
Calles lo dijo en aquella reunión con los obispos: “O se someten o se levantan en armas”. Lo primero era la vía rápida a la claudicación. La segunda, era la ‘vía dolorosa, sangrienta y cruel”, y los cristeros decidieron morir peleando…
Vayamos a la pregunta inicial que ahora nos ocupa…
Cuestión de edad
“Calles es más viejo que yo”, dijo Obregón y sus palabras eran de mucho alcance. 1928 es el año en que se pueden apreciar las razones de Calles que giran alrededor de esas palabras. Pongámoslas en su contexto: el regreso de Obregón al poder no era como cuando se hizo con la presidencia la primera vez. Antes, había sido cuatrienio y en 1928 era sexenio. A eso se refería Álvaro, porque estaba hablando del futuro: seis años después, Plutarco iba a estar rondando los 60 años. Considerando las condiciones y la esperanza de vida, sería el tramo final…
Obregón habría tenido 54: un sexenio para crear las instituciones necesarias y justo a tiempo para consolidarlas como único caudillo invicto de la Revolución, quedándose en la silla otros seis años más, claro está…
Calles no tenía lugar alguno en ese México que estaba por diseñarse. La reelección de Obregón era su retiro anticipado…
En aquel año electoral, fue notoria la intención obregonista de deslindarse de la persecución religiosa y, sobre todo, del asesinato, disfrazado de legalidad, de los hermanos Pro. Es verdad que existen documentos que registran un contrapunteo con Calles por el uso de la violencia con tintes políticos entre 1920 y 1924, incluyendo los desencuentros con Morones, pero lo que discutía Álvaro no era recurrir a la violencia y el asesinato, sino que lo hicieran los moronistas escudándose en él. Pero no alcanza para exculpar a Obregón ni de los crímenes políticos ni de la persecución a los católicos por parte de los callistas…
La actitud conciliatoria y deseos de un acuerdo para terminar la Cristiada se debieron a su pragmatismo: polarizar a los católicos contra Calles y capitalizar sus votos. En Quería arrollar a Calles porque pensaba que no le iba a entregar la presidencia…
Dos caudillos, un mismo proyecto, una sola silla
Durante las giras de Obregón se fue delineando un plan que lo tendría a él como centro de gravedad política. Algo parecido a lo que después será el Maximato. Aunado a los seis años que duraría su segundo mandado, no habría rotación con Calles y Obregón quería emular al ‘Gran Arquitecto del Universo’ trazando los planos de un México socialista y posrevolucionario. Este es el origen de lo que, en unos meses, terminaría de manera sangrienta en La Bombilla: la disputa por un poder creador o, mejor dicho, ‘constructor’…
Al margen del choque ente dichos caudillos, con los sonorenses la masonería había regresado al poder, desde la caída del que fuera su jefe supremo: Porfirio Díaz. La persecución religiosa y la eliminación de los adversarios eran los trazos de unos planos simbólicos que los dos querían realizar, sabiendo que solo uno lo lograría…
De ahí en adelante, será una carrera frenética por el proyecto y por la silla…
El asesinato de Obregón y la Guerra Cristera se insertan en el mismo escenario que ambos jefes revolucionarios querían afianzar…
Álvaro Obregón habló de la necesidad de crear una organización política o social para garantizar la fidelidad a los principios revolucionarios en un cauce democrático. Lo que significaba apuntalar el programa de la Revolución al margen de la decisión de los electores. Explícitamente, dijo que se aprovecharía su sexenio para fundar ese partido y formar nuevos hombres que suman la dirección del movimiento…
Jefe máximo, partido de la Revolución y lo que andando el tiempo será la ‘Familia revolucionaria’, fueron ideas de Obregón que Calles se las arrebataría cuando fue ultimado por José de León Toral y, de ser cierto lo que se publicaría algunos años más tarde, por otros tiradores en el lugar del crimen…
La posguerra cristera
Obregon no fue una víctima. Era tan sanguinario, sádico y anticristiano como Calles y Morones. Lo que pasa es que le tocó perder en un juego mortal sobre un piso ajedrezado…
Nacía el México moderno. Un México en el cual la Iglesia Católica pudo sobrevivir gracias al sacrificio de los mártires que entregaron su vida pacíficamente y a los que optaron por las armas para defender la libertad…
El sentido de sus vidas marcó el destino de sus muertes. Obregón sucumbió el 17 de julio de 1928 en La Bombilla, esperando una presidencia fundacional que nunca llegó. Calles terminó echado del país y, al volver del exilio, pasó sus últimos días dando tumbos con la ilusión de contactar a los muertos. Vivía con la cabeza hundida en un más allá que tenía mucho de mundano…
Terminaron muy lejos de sus sueños de grandeza…
Con todos los defectos y virtudes, aciertos y errores que hayan tenido, no podemos ignorar que hubo mexicanos que arriesgaron todo por un proyecto distinto trazado a dos manos: desde este mundo y desde la eternidad…
Cuando en 1992 Carlos Salinas de Gortari reformó la Constitución y se emitió una nueva ley en materia religiosa y culto público, se derrumbaba el proyecto nacional revolucionario surgido en los años Veinte y concluía la posguerra cristera con un resultado exitoso…
El verdadero detonante del desenlace fue San Juan Pablo II, no Salinas que solo trataba de salvar al régimen de ser arrollado de la incontenible santidad del Papa polaco. Todo fue inútil. Al final, lo que quedaba del nacionalismo revolucionario colapsó también…
De unos, solo podemos decir que terminaron en el panteón. De otros, que en el camposanto y en el Cielo. Pero también hay miles con los que tenemos una deuda de gratitud…
Hasta entonces…
