CONFINES POLÍTICOS

Un viaje más allá de las fronteras

Pío XI y el paroxismo anticristiano – Juan de Dios Andrade

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CONfines Políticos

6 de octubre de 2025

Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com

Benedicto XV murió el domingo 22 de enero de 1922. Un pontificado de ocho años, desde que lo eligieron aquel 3 de septiembre de 1914. Fue el Papa de la Primera Guerra Mundial, de Fátima y de la paz. Quería que callaran las armas, pero igualmente pacificar los espíritus y atemperar la animosidad. Fue partidario de una decidida acción social, de una participación política sana y de un incansable compromiso misionero. Un gran impulsor de la cultura y las universidades. Ha sido uno de los vicarios más respetados por protestantes y turcos. Como la paz requería un equipo diplomático competente, abrió embajadas en varios países y envió diplomáticos para poner fin a la guerra, aunque no siempre fue escuchado. Con motivo de su partida, por primera vez se declaró luto nacional por un Papa en Italia…

En algunos documentales se habla de que hubo una peculiar tregua para festejar la llegada del Niño Dios en 1914, pero callan que se debió a un llamado de Benedicto XV para suspender los enfrentamientos los días 24 y 25 de diciembre, en lo que se conoció como ‘La Tregua de Navidad’. No fueron los gobiernos, sino la tropa de los bandos en pugna la que respondió a la petición papal. En determinados lugares la guerra se reinició casi de inmediato; en otros, hasta los primeros días de 1915. Pese a todos sus esfuerzos a favor de la paz, Benedicto XV ha caído en un ingrato olvido, incluyendo a algunos devotos de la Virgen de Fátima…

El verdadero combate de la posguerra

La guerra había terminado, pero sus efectos devastadores no. Pío XI comprendió que debía seguir los pasos de su predecesor y ayudar a consolidar el proceso de paz. Tan fue así que, la misma tarde de su elección (6 de febrero de 1922) dirigió su mensaje Urbi et Orbi desde la logia de San Pedro. Desde 1870, cuando el Reino de Italia se apoderó del Vaticano, la galería exterior había permanecido cerrada: era el regreso de la Iglesia. Como suele ocurrir con las guerras, imperaba un vacío de compasión y consuelo. Había que recuperar la presencia de la Iglesia en el mundo, restaurarla en la caridad. La posguerra era el momento, pero el Papa sabía que estaba en puerta otra confrontación: la soberanía espiritual que es propia de la misión universal de la Iglesia. Ese sería el verdadero combate de la posguerra…

Pío XI asumió la estrategia de los concordatos para restaurar la presencia de la Iglesia en las diferentes naciones y, en la mayoría de los casos, tuvo éxito. De este modo, logró las condiciones necesarias para un modus vivendi bajo el entendido de que la paz requería de la unidad del género humano: la paz basada en la fe en Cristo. Dicho de otro modo: la paz de Cristo en el Reino de Cristo y el pontífice tenía un firme propósito. En primera instancia, iniciar los trabajos para zanjar la ‘Cuestión Romana’. Pero había algo más: en 1923 culminó el proceso de beatificación de Santa Teresa de Lisieux y, en 1925, el de canonización, para cuyo efecto se solicitaron donativos en todo el mundo y, al recaudarse más de lo necesario, Pío XI dispuso la creación de un colegio dedicado a formar sacerdotes misioneros destinados a Rusia y a la creciente diáspora de disidentes rusos contrarios al comunismo. El proyecto quedó en manos de monseñor Eugeni Pacelli (futuro Pío XII) y el resultado en 1929 fue el Pontificio Colegio Ruso de Santa Teresita del Niño Jesús, mejor conocido como Russicum …

Santa Teresa del Niño Jesús

Santa Teresita y el Russicum

La formación de los sacerdotes en dicho Colegio sería greco-católica. La Iglesia greco-católica rusa (Iglesia católica bizantina rusa) forma parte de la Iglesia Católica y en su misión está lograr la conversión de los ortodoxos. Obviamente, lo anterior implicaba un choque inminente con el Imperio soviético ya liderado por Josef Stalin. El jerarca soviético había desatado una persecución sangrienta contra los ortodoxos que incluyó la ejecución de miles de sus sacerdotes o el envío al Gulag, que era la Dirección General de Campos y Colonias de Trabajo Correccional. De facto, la embestida también abarcó a los católicos. Desde la óptica estalinista, una eventual conversión de los ortodoxos a la Iglesia Católica significaba que el Papa tendría margen de maniobra en la URSS y Stalin quería lealtad absoluta hacia él y al Estado…

En este sentido, no podemos ignorar que Pío XI confió el futuro de las almas rusas a la protección de Santa Teresita. Este es un aspecto que ha caído en el olvido. Está asentado en un quirógrafo dirigido al Cardenal Basilio Pompili, Vicario de Roma, ante la impiedad sacrílega del totalitarismo anticristiano en Rusia. En la carta, el Papa asienta que está siguiendo el ejemplo de Benedicto XV al tratar de detener la persecución en Rusia, al tiempo de quejarse del juego de intereses temporales por parte de los gobiernos representados en la Conferencia de Génova, que desoyeron su petición de condicionar el reconocimiento al gobierno soviético al respeto a las conciencias, la libertad de culto y los bienes de la Iglesia. Aquí, Pío XI se refiere a la reunión de 1922, llamada: Segunda Conferencia Monetaria Internacional. Pío XI alerta sobre un objetivo de los organizadores de “la impiedad sacrílega”: “quieren sobre todo pervertir a la juventud, abusar de su ingenuidad e ignorancia”, organizándola en la Liga de los Militantes Sin Dios y refiere el establecimiento de una Comisión especial para Rusia, presidida por el Cardenal Luigi Sincero y añade:

El pontífice anuncia “una Misa de expiación, propiciación y reparación por tantas y tan atroces ofensas al Divino Corazón” para el 19 de marzo de 1930 en la Basílica de San Pedro y no duda en llamar “gran tribulación” a lo que estaba pasando en Rusia. Al hacer las invocaciones finales, añade: “y en particular a Santa Teresa del Niño Jesús, a quien hemos confiado especialmente el futuro de aquellas almas”. De este modo, el destino de Rusia quedó vinculado al de Santa Teresita y, desde 1917, al del Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María en Fátima…

Colegio Russicum

Cristo Rey y el Misterio de Fátima

¿Qué relación tiene lo anterior con el Mensaje de Fátima y la devoción a Cristo Rey? Mucha. Veamos algunos aspectos: la aparición y mensaje de la Virgen de Fátima tuvo lugar en medio de la Gran Guerra, antes de triunfar la Revolución rusa de 1917 y les recuerdo lo que dijo la Virgen en Cova da Iria:

En aquel momento, reinaba Benedicto XV y los tres pastorcitos portugueses ya sabían que habría un Papa llamado Pío XI, bajo cuyo pontificado iniciaría otra guerra peor. Así se entiende mejor el apremio de ambos vicarios por la paz y la proclamación hecha por Pío XI en su encíclica Ubi arcano (25 de diciembre de 1922): “Pax Christi in regnun Christi”. El 17 de mayo de 1925, Santa Teresita fue canonizada por el Papa, acompañado por 23 cardenales y 250 obispos. Aprovechando el jubileo, el 11 de diciembre del mismo año proclama la festividad de Cristo Rey con su encíclica Quas primas, en un contexto de creciente ateísmo y secularismo, especialmente en los casos de México, Rusia y partes de Europa. Partiendo de que Cristo es plenamente Dios y plenamente hombre, en el documento añade:

Evidentemente, Pío XI entiende que el Inmaculado Corazón de María remite a Cristo Rey y recuperar la presencia de la Iglesia en el mundo estaba unida al reinado de Cristo sobre la inteligencia, la voluntad, el corazón, en el cuerpo y en sus miembros. El pontífice no se presta a equívocos: no es un ‘reinado político’, ni se identifica con algún proyecto de ese tipo, sea de carácter ideológico, partidista o de grupo…

De izquierda a derecha en primer plano: Lenin, Máximo Gorki y Manabendra Nath Roy

¿Revolución mundial o nacionalismo revolucionario?

Las trincheras habían sido la ocasión para un acercamiento de las clases sociales y los lazos fraternos fueron inevitables, al igual que la conciencia sobre los problemas que aquejaban a cada clase. Fue el origen de la convicción de realizar reformas sociales, políticas y económicas, entre otras. Durante el conflicto, los obreros habían recibido un salario del que antes carecían, terminada la guerra volvieron a la dura situación que había empeorado a consecuencia de esta. Esto explica la ola de huelgas y protestas que le siguieron…

Una misma realidad, dos lecturas diferentes: la Revolución bolchevique no triunfó en 1917, antes pasó por una guerra civil que concluyó en diciembre de 1922, creándose la URSS. Para 1923, sólo quedaban algunos reductos que fueron vencidos. Fue el momento bolchevique para intentar que la Revolución fuese mundial, valiéndose de la Tercera Internacional fundada en 1919 (Internacional Comunista o Comintern). Durante el II Congreso de la Internacional Comunista en Moscú, se determinó que la Revolución mundial sería exportada montada en el nacionalismo revolucionario, teoría creada por Manabendra Nath Roy con algunos agregados de Lenin…

La lucha del nacionalismo revolucionario era contra el capitalismo liberal, pero el Papa entendió que a la Iglesia le tocaría hacerle frente a escala mundial. Es innegable la relación con el Mensaje de Fátima: “Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas”. Pero no falta el que dice que la Iglesia siempre llega tarde…

La lectura de Pío XII iba encaminada a recuperar la presencia de la Iglesia y a encarar esa Revolución mundial recurriendo a la participación de los católicos. Es verdad que los movimientos católicos de esa naturaleza tienen sus orígenes en el siglo XIX, pero Pío XI entendió que la situación era distinta: el anticristianismo decimonónico era de cuño laicista, anticlerical y nacionalista. Era una guerra cultural insertada en contextos de unidad nacional (Alemania e Italia, por ejemplo). En cambio, el comunismo anticristianismo del siglo XX era abiertamente ateo, blasfemo y sacrílego. Su guerra cultural pretendía ser mundial y la respuesta de la Iglesia debía ser del mismo alcance. La hoja de ruta de Pío XII pasaba por llevar a los altares a Santa Teresita, declararla protectora de los rusos y desembocar en la solemnidad de la fiesta de Cristo Rey, al cual se uniría la devoción al Inmaculado Corazón de María. Todo al mismo tiempo en que se decidía la lucha por el poder en Rusia…

Desde 1905, Pío X replanteó el movimiento católico italiano sentando las bases de la Acción Católica y Pío XI la visualizó como el factor que necesitaba para afrontar los desafíos de la Revolución mundial enmascarada con el nacionalismo revolucionario. Sin embargo, difería de Pío X en el sentido de que los seglares necesitaban mayor autonomía para cumplir con su misión. Antes, Benedicto XV había anulado la prohibición a los católicos para participar o colaborar con la República italiana…

Pío XI actuaba con el cronómetro en la mano…

Monumento a Cristo Rey del Cerro del Cubilete en Silao, Guanajuato (México)

Acción Católica y Revolución mundial

México y Rusia se perfilaban como los epicentros de una Revolución mundial y anticristiana. Precisamente en 1925, año en que se canonizó a Santa Teresita y se constituyó la fiesta de Cristo Rey, Plutarco Elías Calles quiso provocar un cisma para crear una Iglesia nacional bajo su control, apoyando a la llamada Iglesia Católica Apostólica Mexicana, entregando el templo de la Soledad en la Ciudad de México al patriarca Joaquín Pérez, sacerdote con militancia masónica. Asimismo, se fundó la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, que pronto convocó a un boicot con el apoyo de monseñor José Mora y del Río. Mientras tanto, en Rusia el PCUS inició una persecución religiosa entre 1921 y 1928, a la que hemos hecho alusión más arriba. La iglesia ortodoxa quedó atrapada en la lucha entre el Ejército Blanco y el Ejército Rojo durante la guerra civil y sufrió las consecuencias de haber apoyado a los primeros, en una situación similar a la de la Iglesia Católica y el Partido Católico Nacional en México durante el maderismo, lo que llevó a la posición vengativa de Venustiano Carranza, al juego de poder sacrílego de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, y a la Guerra Cristera entre 1926 y 1929…

El 14 de diciembre de 1927, Santa Teresita fue declarada patrona de las misiones, junto con San Francisco Javier. En 1928 ocurrió el asesinato en México del presidente electo Álvaro Obregón, mientras en la Rusia soviética arreciaba el programa ateo en materia educativa. Como lo vimos, en agosto de 1929 Pío XI creó el Russicum y para octubre del mismo año, tuvo lugar la quiebra de Wall Street que derivó en la Gran Depresión en la década siguiente. El diagnóstico de Pío XI había sido certero y oportuno: la debacle del capitalismo liberal anulaba toda posibilidad de éxito en una confrontación mundial con la Revolución bolchevique, al menos en esa coyuntura…

En febrero de 1929, la estrategia de acuerdos de Pío XI dio como resultado los Pactos de Letrán entre la Iglesia y el gobierno de Benito Mussolini, creándose el Estado de la Ciudad del Vaticano. En junio de dicho año, de una manera accidentada, se concluye la Guerra Cristera y se reanuda el culto católico en México. En este punto es importante notar que, con todo lo polémico que fue la forma en que acabó la Guerra Cristera, se procedió con el modus vivendi mexicano pese a la férrea oposición de la masonería y de la CROM, lo que no parece avalar la teoría de una traición por parte de los obispos que participaron en la mesa de negociación. En diciembre de 1931, luego de retornar Mussolini a su actitud contra la Iglesia, Pío XI dio el paso decisivo para constituir la Acción Católica, a la que definió como “la participación del laicado católico en el apostolado jerárquico de la Iglesia”. Era el tiempo de velar armas antes de la confrontación con el comunismo anticristiano…

Cuando el pontífice crea la Acción Católica, muchas de las grandes figuras del movimiento social católico habían muerto: Albert de Mun, Charles-Humbert La Tour du Pin, León Harmel, el Beato Giuseppe Toniolo, Arthur Verhaegen. Quedaban Sturzo en Italia (más propenso a lo político que a lo social) y Marius Gonin en Francia. Frente a una Revolución anticristiana, Pío XI inició la cristianización de la sociedad. En el fondo, quería garantizar la soberanía espiritual de la Iglesia en el mundo asegurando el primado de Cristo Rey y la devoción al Inmaculado Corazón de María…

El Papa no ignoraba que la Revolución mundial había tenido una etapa inicial con claro predominio ácrata (el nacionalismo revolucionario tenía ese origen y, en el caso mexicano, Obregón y Calles eran de la misma corriente). Pero con Stalin asumía el perfil de una versión radicalizada del marxismo soviético. Al lograr pleno dominio al interior de la URSS, Stalin procedió al expansionismo de la mano de Adolfo Hitler. En los hechos, el conflicto con la Iglesia era un choque entre los servicios de inteligencia y seguridad soviéticos, especialmente el NKVD y las redes que tenían los jesuitas en el mismo tenor. De suyo, el NKVD tenía catalogado al Russicum como el semillero de espías del Vaticano…

Cuanto había dicho la Virgen en Fátima era verdad: al no cumplirle sus deseos, Rusia se aprestaba a esparcir sus errores por el mundo, a promover guerras y a perseguir a la Iglesia…

Hasta entonces…

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