Los imperios del futuro

CONfines Políticos

Juan de Dios Andrade

Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com

Está terminando el mundo en el que hemos vivido. La revolución tecnológica lo ha liquidado para siempre. Es la noche de los imperios como los hemos conocido. Una vida distinta está despuntando con la promesa de resolver los principales problemas que aquejan a la Humanidad. Ser disruptivas es una de las características de las tendencias actuales. La Inteligencia Artificial, la biotecnología, la transición energética y la automatización avanzan a pasos agigantados, al punto de hacerse irreversibles. Intentar frenarlas o desmontarlas podría tener un precio altísimo para el país que lo intente…

Al margen de lo que resulte, se anuncia la entrada en la era del post-trabajo y la economía post-escasez. Conforme se logre la automatización casi total guiada por sistemas autónomos avanzados, tendremos que transitar hacia modelos de seguridad económica universal. Pronto será inevitable determinar el tipo de renta básica universal o la economía de acceso a recursos comunitarios que más nos convenga…

Cuál será el papel de los seres humanos en una realidad como esa o qué aportarán, ya es una pregunta crucial. Se replanteará el valor del trabajo y las profesiones. El torrente de información diaria indica que el valor del trabajo se orientará hacia la curaduría de sentido (seleccionar, filtrar, ordenar y darle un propósito para escoger lo que importa, descartando lo que no), la deliberación ética, la verdadera creación artística, la filosofía y las conexiones interpersonales…

Obviamente, las profesiones tendrán que acoplarse a dar dirección a sistemas autónomos, la mediación social y la preservación de la cultura y el patrimonio natural. Como se puede apreciar, una gravísima responsabilidad recaerá en las instituciones universitarias y que tarde o temprano tendrán que afrontar…

¿Tecnofeudalismo al estilo Trump o economía circular al estilo Xi Jinping?

Tanto por la situación global como por las propias tendencias, se replantearán las cadenas de suministro globales y locales o regionales. El mundo oscila entre dos polos: el tecnofeudalismo reinterpretado por Donald Trump y la economía circular emanada del tianxiaismo reformulado por Xi Jinping. Es la Rusia de Vladimir Putin la que no termina de acomodarse en un escenario como el indicado, teniendo a su vez estancada la guerra en Ucrania…

Se tiene pendiente resolver la relación que habrá entre las grandes ciudades densamente pobladas y las eco-ciudades que formarán redes con una vida altamente tecnológica, autosuficientes y adaptables a un entorno cambiante. De alcanzarse una longevidad con mejores condiciones, se alterarán las etapas de la vida, del trabajo y de la profesionalización como las hemos conocido. Difícilmente tendría sentido jubilarse…

No hay duda de que terminarán por desaparecer las pocas fronteras que quedan entre política global y política nacional. Nos estamos acercando a la ‘gobernanza algorítmica y deliberativa’.  Ya no será posible una democracia como simple ‘decisión ciudadana’. Así como no todo se debe dejar a merced del algoritmo, tampoco todo debe quedar en la voluntad ciudadana al margen de modelos de simulación predictiva e infraestructura de datos. Nos enfilamos hacia sistemas híbridos de participación democrática, de toma de decisiones públicas y de políticas públicas. Es decir, se configurará un núcleo de bienes comunes que se regirán por decisiones globales, que no nacionales…

Lo que será motivo de debates serán los límites entre las personas en lo individual y las herramientas digitales. ¿Será lo humano el único límite al uso de la tecnología en la vida cotidiana? Lo mismo vale para los modelos educativos. Es parte de la disputa con el transhumanismo, que pretende crear una nueva Humanidad que sea la síntesis entre lo humano y la tecnología…

El fin del mundo unipolar y bipolar

Lo humano se bate entre lo digital y lo concreto, porque no es ni lo uno ni lo otro. Más bien, un mal uso de alguno de los dos o de ambos, podría dar al traste con todo. Resulta previsible que, en lo que se resuelve lo del transhumanismo, la experiencia de lo concreto se vuelva un lujo en medio de tanta digitalización: leer un libro impreso, lo artesanal, etcétera. Lo que no se debe permitir es que el alma queda atrapada y se difumine lo espiritual. ¿Quién soy realmente en cuanto humano? Es un desafío identitario…

Un problema antropológico clave por resolver será el exceso de información y de estímulos digitales. ¿Cómo mantener mi criterio frente a una narrativa masificada globalmente? Es un escenario de abundantes polarizaciones y quizás el resultado sea una multiplicidad de realidades híbridas…

Lo que sí, es que el mundo unipolar o bipolar es insostenible. Los que esperan el desplome de la potencia americana y el ascenso de China como la potencia dominante podrían estar soñando con un mundo que ya se ha ido…

La disputa por el poder global se desarrolla tanto en el plano material como en el intelectual.  El forcejeo por el silicio y la biotecnología es intenso. Todo indica que vamos hacia ecosistemas regionales, asentados en bloques emergentes: Norteamérica, el eje asiático liderado por China, las economías del sudeste asiático y Europa. Esto hará que algunas potencias tengan preeminencia en determinadas cosas y en otras, no. Traspasando a los anteriores, estarán los grandes consorcios tecnológicos con la competencia de comunidades de código abierto. Ambas operarán al margen de las fronteras físicas. Será la lucha por la capacidad tecnológica y la infraestructura de datos…

Implicará un cambio en el centro de gravedad del poder global, que tenderá a reformularse…

Un forcejeo global a tres manos

Tres vertientes pugnan por el privilegio de perfilar el siglo XXI: el Tecno-optimismo radical aliado con el Transhumanismo sistémico, el Neohumanismo crítico en mancuerna con la Ecología integral y la Filosofía de la simulación y la gobernanza algorítmica. La primera considera que los problemas de la Humanidad se resolverán a partir de lograr la síntesis entre el ser humano y los sistemas tecnológicos. Para la segunda, lo anterior los agravará al perder el sentido de lo humano, de lo histórico, de lo cultural y del arraigo concreto. La tercera apunta a la administración de modelos predictivos masivos. Su objetivo es determinar la legitimidad de las decisiones sugeridas por inteligencias sintéticas complejas…

Por todo lo dicho se entiende que una descentralización del saber traerá como consecuencia una nueva geopolítica del conocimiento. Como de hecho ya está ocurriendo. Está terminando la era del Atlántico Norte como como epicentro global de producción académica y científica. Claro que seguirá siendo importante, pero están emergiendo diversos polos en otras latitudes. Es el resultado de una realidad altamente compleja…

Evidentemente, la realidad ya no se determinará por la competencia entre las ideologías surgidas en el siglo pasado, sino por el control de los relatos sobre el pasado y el futuro. Eso es lo que decide el tipo de presente que estemos viviendo. Aquí se insertan temas como el control y censura de las redes sociales, y los relatos de acontecimientos claves (guerras mundiales, Guerra Fría, etcétera). Será el modo de ‘fijar’ a las personas en una determinada realidad o interpretación de esta, ante la avalancha diaria de datos y estímulos digitales. Quizás esto explique el viraje político registrado en América. No sería el tránsito de la izquierda a la derecha al modo clásico, sino hacia estas nuevas formas de poder global…

León XIV y el fin de los imperios territoriales

Este es el momento histórico que le ha tocado a León XIV. Es el reto de sostener lo humano como el centro de la Creación o cederle el lugar al Transhumanismo o a las decisiones emanadas de instancias tecnológicamente autónomas…

Estamos pasando de los imperios territoriales al control de infraestructuras y ecosistemas. Empero, algunos no terminan de enterarse de que asistimos al fin de la soberanía territorial para dar paso a la soberanía de plataforma. El poder global y el papel que se pueda tener se decide por el control de nodos de infraestructura global (cadenas de suministro de silicio, redes cuánticas de comunicación, protocolos de gobernanza de datos, entre otros). Esto originará redes de interdependencia asimétrica que serán los poderes fácticos del futuro inmediato…

La multipolaridad asimétrica hará imposible la hegemonía única. Con mayor razón al surgir polos civilizatorios. Esta parece ser la única carta viable de Vladimir Putin: consolidar a Rusia como un polo civilizatorio…

Es innegable que lo dicho abonará a la inestabilidad, puesto que será complicado tomar decisiones globales. La consecuencia será lógica: los imperios del futuro serán consorcios de intereses o estándares técnicos adoptados globalmente privilegiando lo funcional. Redes de soberanía y hegemonías globales focalizadas…

Para sostener lo humano como el centro de la Creación, León XIV debe convertirse en uno de los personajes globales que están surgiendo: capaz de captar la atención para dar sentido a la vida, de aprovechar la soberanía cognitiva y experiencial para cultivar y afianzar lo humano, de orientar el capital relacional y comunitario para que su solidez moral se gane la confianza global. Debe ser un Papa con influencia sistémica…

León XIV va contra reloj, porque tiende a disolverse el tiempo lineal a favor de una atemporalidad operativa tecnológica que podría provocar una inmersión intramundana…

Hasta entonces…