CONfines Políticos
19 de agosto de 2025
Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com
La Cumbre de Alaska, del viernes pasado, dejó pendiente otra para este lunes, ahora entre Trump, Zelensky y algunos líderes de la Unión Europea y de la OTAN. Siendo simplistas, era para precisar si los pares europeos aceptarían las exigencias de Putin. Empero, el asunto tenía un alcance mucho mayor que un pulso por determinados territorios: el presidente estadounidense pretende que con ambas cumbres se ponga punto final al proyecto globalista, convencido de que es la condición esencial para que los Estados Unidos mantengan su preeminencia en el mundo. Como suele ocurrir en estos casos, hay una puesta en escena: los planes de Donald Trump giran alrededor de una ruptura al interior de la otrora irrompible alianza globalista…
Para que se entienda mejor el asunto debemos considerar algunos aspectos adicionales, porque las confrontaciones siempre empiezan antes…
De la decadencia de Occidente a la decadencia de Estados Unidos
En primer lugar, los intelectuales llevan más de un siglo discutiendo la decadencia de Occidente, sobre todo a partir de la extensa obra de Oswald Spengler, cuando Europa era Occidente e Inglaterra su portaestandarte. En el tramo que va de 1920 a 1950 se confirmó el declive definitivo del Imperio británico y Estados Unidos se convirtió en su relevo, pasando la decadencia de Occidente a ser la decadencia de la potencia americana. Uno de los grandes aciertos de Washington fue haber entendido que necesitaba geopolíticos profesionales para dirimir la competencia con la URSS y en los Cincuenta inyectaron muchos recursos en las principales universidades y tecnológicos. En esa primera oleada de egresados universitarios estuvieron gente de la talla de Zbigniew Brzezinski y Henry Kissinger…
¿Por qué es importante saberlo? Porque la teoría del declive estadounidense tuvo como primera etapa el lapso de 1950 a 1970, con intelectuales como Charles Wrigth Mills, sociólogo con una clara influencia del ‘marxismo humanista’ al estilo de Marcuse, Fromm, Sartre, etcétera. Su visión geopolítica le venía de la Escuela de Fráncfort, lo que termina de explicar su pesimismo sobre Estados Unidos. Lo interesante es que entiende la decadencia como producto de la erosión del sistema democrático a manos de una élite cerrada asentada en Washington y Wall Street. Pero la debacle no ocurrió…
Ya en los Setenta, se sumaron al debate autores como Paul Kennedy con su tesis del “exceso de estiramiento imperial” (insertado en el realismo sistémico), Immanuel Wallerstein con sus ciclos hegemónicos (que conectan con la raíz hegeliana del marxismo cultural) y tal vez uno de los más interesantes sea Andrew Hacker que vincula la quiebra estadounidense con el desenlace de la guerra de Vietnam. Pero la debacle tampoco llegó…
Los globalistas tocan a la puerta
Fue precisamente en los Setenta cuando esa élite de geopolíticos logró sentar las bases para neutralizar los efectos del fracaso en Vietnam y encaminar a la Unión Soviética a perder la Guerra Fría, y cuyo proyecto hoy conocemos como globalismo. Sin embargo, el hecho de que la aventura de Vietnam terminara mal en 1975, impulsó una nueva tanda de vaticinios fatalistas, aunque no se pusieran de acuerdo en su significado: Christopher Lasch la atribuye a una decadencia moral y social del país, Noam Chomsky dice que la potencia americana puede llevarnos a la inestabilidad mundial y a la guerra con China, y James Burnham habla de un declive ideológico y de voluntad, donde Estados Unidos estarían llegando a un punto de agotamiento…
Durante las últimas dos décadas del siglo XX, tres pensadores dominaron el horizonte en torno al final del Imperio estadounidense: Paul Kennedy, que replanteó su tesis para centrarse en la expansión excesiva de carácter militar y económico. Giovanni Arrighi, por su parte, presenta a Estados Unidos como el gran heredero de potencias capitalistas hegemónicas, destinado a eclipsarse. Innegablemente, el tercer intelectual fue Samuel Huntington con su célebre: The Clash of Civilizations, que no predice el colapso sino la pérdida de universalidad de EE. UU. y el ascenso de polos rivales de civilización…
Una vez más, el derrumbe no aconteció, pero lo que sí vimos fue el desplome del Imperio soviético y la consolidación de Estados Unidos como la gran potencia global, enfundada en el traje del globalismo…
Los hitos premonitorios del siglo XXI
En lo que va del siglo XXI, tres hitos rigen los alcances del debate en cuestión: el 11-S, la crisis financiera de 2008 y la pandemia. Debido a la primera, autores como Charles Kupchan, Wallerstein y, en cierto modo, Chalmers Johnson, se centran en el unilateralismo desatado por George W. Bush como el verdadero anticipo de la crisis final, mientras Andrew Bacevich reinterpretó las tesis de Lasch sobre la decadencia moral, agregando lo político y lo militar. Como se puede apreciar, los críticos de la situación de EE. UU. han dejado de mirar al pasado gradualmente…
El segundo hito, con ciertos vínculos con la teoría de la sociedad acéntrica de Niklas Luhmann, lleva a proclamar el advenimiento de la multipolaridad. Niall Ferguson afirma que lo que carcome a la potencia es la terrible deuda que carga y la indisciplina social. Arrighi todavía cree en cierto margen para una potencia de relevo, que sería China. Para Fareed Zakarias, ya no habrá una hegemonía única, sino un sistema de varias. Parag Khanna, a su vez, se enfoca al desplazamiento del poder global de Occidente a Asia, que regirá un nuevo sistema multipolar…
En el tránsito del segundo al tercer hito, Alfred McCoy lanzó su predicción geopolítica de que, para 2030, ocurrirá el fin de la hegemonía norteamericana, lo que reavivó la polémica sobre el colapso imperial. Frente a lo anterior, Michael Beckley sostiene una singular tesis, en el sentido de que también hay que sopesar la situación y las posibilidades chinas, asegurando que no le va a alcanzar para desplazar a Estados Unidos como la superpotencia, la cual vivirá una especie de ‘soledad en la cima’ al no haber competidor capaz de alcanzar esas alturas…
La temática de la mayoría de los foros organizados por los tanques de pensamiento más importantes, versan sobre esos hitos, pero especialmente el tercero potenciado por los efectos de la pandemia, que, entre otras cosas, evidenció la debilidad de lo que parecía un ascenso imparable de China. ¿Por qué es importante tener presentes los tres referentes? Porque el proyecto de Donald Trump responde a ese contexto y así debemos entenderlo…
En eso estábamos, cuando Putin decidió invadir Ucrania el 24 de febrero de 2022…
Una ruptura que tiene su historia
Las confrontaciones geopolíticas se planean con mucho tiempo de antelación y se revisan y evalúan muchos factores que para personas ajenas resultarían irrelevantes. En otra entrega hemos abordado la amistad y rivalidad entre Zbigniew Brzezinski y Henry Kissinger que data de los albores de su vida profesional. Esto sirvió como antecedente para intentar liquidar la lucha por el poder global en detrimento de Estados Unidos y los hechos me indican que el plan fue diseñado en China y, luego, Rusia se terminó sumando. Brzezinski y Kissinger fueron introducidos a los centros del poder globalista sobre todo por la familia Rockefeller, mas no por la misma persona. El primero, por David Rockefeller. El segundo, por Nelson…
Pero hubo una diferencia: mientras Brzezinski mantuvo la relación pese a estar casi retirado, Kissinger se fue distanciando para incursionar en otros ámbitos a partir del año 2000. No rompió con el clan Rockefeller, simplemente diversificó sus relaciones e intereses. Se acercó a corporaciones financieras y bancarias, que, aunque ligadas a la Comisión Trilateral, eran de otro cuño. Asimismo, se adentró en China y fue recibido con honores por Xi Jinping en 2019 y 2023. Lo mismo hizo con Rusia, aunque en menor grado, visitando a Vladimir Putin en varias ocasiones. En otro tenor, dejó su participación en los foros y fundaciones globalistas en un aspecto simbólico e intelectual. En el terreno tecnológico, cultivó relaciones con Silicon Valley y estrechó nexos con Eric Schmidt (Google) y Daniel Huttenlocher (MIT) en el tema de IA. Era evidente que se estaba alejando de la élite globalista tradicional y acercando a las nuevas élites rectoras…
No fue una decisión abrupta, lo venía planeando desde los años Ochenta del siglo XX, cuando percibió que los Rockefeller comenzaban a perder centralidad tanto en la política como dentro del globalismo…
Una ruptura paradigmática
Es verdad que Brzezinski también viajó a China durante sus últimos años y tuvo mucha recepción allá, pero había una razón: proponía que Estados Unidos pactara con China un nuevo sistema de seguridad global, dejando a Rusia ante el dilema de sumarse o quedar relegada. En el contexto venidero, Ucrania sería clave para contener los sueños imperialistas de Rusia. Empero, a Bill Clinton no le interesaba el plano internacional y Bush no tomó en cuenta las sugerencias de Brzezinski. Con Barack Obama tuvo mayor atención, pero su salud estaba quebrantada y, al final, los demócratas perdieron la elección con Hillary Clinton ante Donald Trump y eso cambió la historia de inmediato…
Este es otro argumento de que las acusaciones rusas, en el sentido de que por lo aconsejado por Brzezinski en algunas de sus publicaciones Estados Unidos planeó arrebatar Ucrania de la influencia rusa, no son del todo ciertas. Pero, durante este cuarto de siglo, los ataques rusos hacia él fueron aumentando, tanto en número como en intensidad. Lo mismo pasó en los ámbitos iraníes y chinos…
Sin embargo, lo que se configuró como un escenario de ruptura paradigmática en el terreno globalista para liquidar a la potencia americana, terminó siendo aprovechado por Trump para hacerse con el poder e intentar garantizar la viabilidad del poderío global estadounidense. ¿Está terminando la era del globalismo clásico y emergiendo uno nuevo? Eso es parte de lo que está en juego entre la Cumbre de Alaska y la Cumbre Washington que acaba de ocurrir, quedando pendiente la Cumbre tripartita entre Trump, Putin y Zelensky, en la cual los países europeos pretenden participar…
La Cumbre de Washington
Si algo quedó claro el viernes pasado, es que Vladimir insiste en interpretar el escenario euroasiático y global desde la óptica de las glorias pasada de Rusia, como acertadamente lo observó Andrew Higgins en The New York Times, este mismo lunes de la segunda cumbre y Trump piensa que se le puede complacer con tal de poner fin a la guerra. Así cobran sentido las palabras de Trump: el problema bélico se puede acabar de inmediato si Ucrania renuncia a pertenecer a la OTAN y a Crimea…
Las condiciones europeas no podían ser otras: Trump debe precisar las garantías de seguridad que dará a Ucrania de que Rusia no la atacará de nuevo ni al resto de Europa, buscando más territorios. Del otro lado, Putin ha dicho que está dispuesto a aceptar garantías para la seguridad ucraniana. La decisión de Trump de dejar de lado un alto al fuego en pro de un acuerdo completo, en realidad es un elemento de presión para que Ucrania y la OTAN lo acepten…
¿Tendrá éxito Donald Trump, ahora que podría usufructuar la ruptura paradigmática orquestada alrededor de la memoria de Brzezinski y Kissinger? Les puedo asegurar que, en este momento, en Beijing, Xi Jinping es consciente de que cometieron un error de cálculo. Putin también lo sabe, pero es la única vía que tiene para recuperar la gloria de Rusia…
Vladimir pensaba que ganaría la guerra en unos cuantos días, liquidaría al globalismo y al Imperio americano, recuperando la gloria perdida y regresando a Rusia al escenario global. Pero en realidad abrió la puerta al regreso de Trump a la Casa Blanca, ampliando las posibilidades de que Estados Unidos mantenga su preeminencia, aunque el precio sea la soledad…
Hasta entonces…
