CONfines Políticos
29 de septiembre de 2025
Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com
La lucha entre Occidente y Oriente ha tenido diversos episodios y otros tantos enfoques, según el tema que se esté tratando. Uno de ellos, que no se debe soslayar, es el que propone Serguéi Karaganov, cuya influencia en la visión geopolítica del Kremlin es innegable. Aunque expresada en términos propios del presente, su visión de Rusia y el mundo en parte remite a la disputa entre el racionalismo francoalemán y el romanticismo originado en Alemania y el Reino Unido. En Rusia hay una fuerte influencia alemana desde la época de Catalina la Grande o, si se prefiere, a partir del siglo XVIII y aunque las relaciones con Europa han tenido altibajos, Rusia mira a Occidente a través de la óptica alemana y Karaganov no es la excepción. El rígido y estrecho sistema racionalista convertido en el movimiento ilustrado, pronto encontró un poderoso interlocutor en el romanticismo. El primero erige su ‘fe ideológica’ en el primado de la racionalidad formal y en el dominio y control de la realidad-mundo, el segundo prefiere el oscuro territorio de los sentimientos y el impulso vital…
La ‘idea-sueño’ versus la ‘idea-logos’
Karaganov es un geopolítico que, al margen de abordar diversos temas, de tanto en tanto recapitula, actualiza y ajusta sus ideas al modo de un todo, pretendiendo abarcar la vida, las aspiraciones, los valores y las representaciones simbólicas de los rusos. Precisamente la oposición al primado de la racionalidad formal occidental se aprecia al usar Karaganov la palabra ‘sueño’ para designar el futuro de Rusia. Es la ‘idea-sueño’ opuesta a la ‘idea-logos’, que hunde sus raíces en el movimiento proto-romántico alemán de finales del siglo XVIII: Sturm und Drang, traducido como ‘Tormenta e Ímpetu’. Sin embargo, no se crea que la teoría de Serguéi Karaganov sea una reedición del pasado, por muy brillante que haya sido…
El escenario geopolítico ruso está regido por dos grandes intelectuales con diferencias notables, pero a la vez relacionados: Karaganov y Aleksandr Dugin, de quien ya hemos hablado en otras entregas. Ambos forman parte de esa corriente posromántica propia de nuestro tiempo. Dugin se adentra tanto en el ámbito vital hasta hacer frontera con el ocultismo. Es innegable la influencia del gnosticismo, el maniqueísmo y el pensamiento nietzscheano en él. Respecto a la invasión rusa a Ucrania, no duda en decir que es una confrontación “entre el ángel y el diablo”, siendo obvio quién es cada uno de los dos. Dugin es un fascista, uno de los representantes más extremistas de la llamada ‘derecha rusa’ y un firme creyente en las teorías de la conspiración, muy bien relacionado con los movimientos de extrema derecha occidentales y, dentro de Rusia, con los fascistas y las organizaciones secretas de inteligencia y seguridad. Empero, no es reconocido formalmente por el círculo cercano de Putin. Para el Kremlin, Dugin es alguien a quien conviene tener cerca, pero no tanto. Es un ‘operador intelectual’ que se mueve por fuera…
Vladimir Putin ha reconocido que lee a Serguéi Karaganov con atención, pero no ha dicho lo mismo sobre Aleksandr Dugin…

El ‘sueño ruso’ de Aleksandr Projanov
Hay un nexo que une a Karaganov con Dugin: Aleksandr Projanov (Prokhanov), novelista que ha ensalzado los éxitos soviéticos y rusos. Presidente y fundador del Club Izborsk, que aglutina a nacionalistas y conservadores como: Natalia Narotchnitskaya, Serguéi Pisarev, Vladimir Ovchinsky, Evgeniy Savchenko, Eduard Grekov, Aleksandr Gaponenko, al obispo ortodoxo Agustín (Anisimov), Aleksandr Ageev, Elena Larina y a Dugin, entre otros. En mayor o menor medida, se expresan bien de Donald Trump, de su círculo de poder y de sus seguidores más destacados, lamentando la muerte de Charlie Kirk, por ejemplo…
Projanov es el impulsor del ‘sueño ruso’, pero interpretado de diferente manera: Dugin lo lleva al mundo del mesianismo ocultista, mientras Karaganov lo atrae hacia la ‘doctrina’ o ‘código’ del hombre ruso. El objetivo de Karaganov es imponer una ideología de Estado en la Rusia del siglo XXI. Dugin apunta hacia el movimiento social ruso; Karaganov, al Estado. El primero no resuelve la polaridad entre la ‘idea-logos’ y la ‘idea-sueño’: la teoría del Estado de cuño francés simboliza la ‘Razón’ que trata de regir al pueblo. Desde ese punto de vista, las tesis de Dugin son insuficientes, aunque sirven parcialmente a los propósitos de Putin. Para Karaganov, el ‘sueño ruso’ debe colonizar al Estado hasta convertirse en su ideología (al contrario de Dugin) y toma el concepto de sueño precisamente de Projanov…
Projanov afirma que el mundo actual vive entre las ruinas de tres grandes proyectos del siglo XX: el fascista, el comunista y el liberal. Primero, el comunismo y el liberalismo se unieron para destruir el fascismo. Luego, el liberalismo destruyó al comunismo. Ahora, el proyecto liberal-globalista se está desmoronando. De tal modo que, tratando de encontrar una salida, el mundo busca traer esos proyectos del pasado al presente. Pero ninguno de los líderes de Occidente está a la altura de los que decidieron la Segunda Guerra Mundial y las naciones quedaron a la espera de una nueva utopía, que, según Projanov, ha llegado con la Rusia de Vladimir Putin…

La glorificación del sol negro y el mesías de la inmortalidad
En opinión de Projanov, la cultura se ha degradado y dejó de ser brillante, “glorificando un sol negro”. Ahora es subterránea y, usando un lenguaje tremendista y apocalíptico, añade:
El diablo se ha instalado en la cultura, degradando a la humanidad con sus representaciones, canciones y poemas, hundiéndola desde las alturas del paraíso hasta las profundidades del infierno. A esta humanidad atemorizada, sumida en la muerte, se le presenta la idea de la inmortalidad
El ‘sueño ruso’ tiene como centro la inmortalidad y la búsqueda de una Rusia inmortal. El lenguaje de Projanov es eminentemente intramundano, vinculado al mesianismo milenarista. Nos recuerda que los hechiceros y narradores rusos hablan de agua viva, manzanas rejuvenecedoras, bellas durmientes que resucitan. La espiritualidad ortodoxa rusa habla de una Tercera Roma que será la última, dotada de inmortalidad y sostiene que la Rusia inmortal es “una Rusia celestial, similar al Reino de los Cielos”. Pese al ateísmo, agrega que el comunismo logró “una victoria religiosa” en 1945: “Una victoria del Cielo sobre el infierno, una victoria de la vida eterna sobre la muerte eterna”. La Rusia moderna murió en 1991, dice Aleksandr Projanov, pero ha resucitado y se trata de lograr que ya no muera otra vez…
El mesianismo intramundano queda más claro al decir: “Que el líder ruso actual se convierta en el líder de la inmortalidad, la élite rusa en la élite de la inmortalidad, y la economía en la economía de la inmortalidad”. Projanov llama a hacer lo mismo creando una demografía, una filosofía, una ciencia, un arte y una ecología de la inmortalidad. Anticipa que todas las creencias religiosas que existen en Rusia se van a fusionar en la religión de la inmortalidad. Con esto último, Karaganov no coincide…
Al referirse a otros proyectos y pese a cierta simpatía hacia Trump, Projanov dice que pronto Estados Unidos proclamará su propio sueño de inmortalidad, basado en el transhumanismo y la biotecnología que busca burlar a la muerte, pero “promete vida eterna, incluso si esa persona es cruel, de corazón oscuro, criminal e inhumana”. En cambio, China tiene un ideal de chino como alguien “bello de cuerpo, noble de alma, perfecto de pensamiento y benevolente con el mundo”. Este ideal se convertirá en el modelo para toda la humanidad y China será inmortal…
En pos de una ideología del Estado
A su vez, el mesianismo de Serguéi Karaganov es evidente: “Somos un Estado-civilización. Incluso una civilización de civilizaciones. (…) Somos el pueblo portador de Dios. La misión de nuestro país es desarrollar lo mejor y más elevado de la humanidad, defender la soberanía de los países y los pueblos, y preservar la paz”. No se presta a equívocos al reconocer que Rusia debe ser una autocracia por motivos de supervivencia:
Rusia, si quiere seguir existiendo como un estado-civilización soberano, históricamente poco poblado y dentro de sus fronteras naturales, no puede ser una democracia en el sentido moderno de la palabra. Esto es historia y destino. (…) Debemos esforzarnos por convertirnos en lo que la historia nos ha destinado a ser, en lo que las circunstancias del mundo actual y del futuro nos exigen: una autocracia lo más eficaz posible, pero responsable ante el pueblo y ante Dios
Es un punto de la mayor importancia, porque en el entorno de Putin se ha configurado una tendencia autócrata. En su línea discursiva, Vladimir ha dicho que Rusia es democrática. ¿Cuál de las dos posturas prevalecerá? Esta diferencia refleja el ánimo imperante: no es un desacuerdo con Putin, sino el temor a fracasar. Consideran necesario terminar de desmontar el discurso liberal heredado de la era de Gorbachov y Yeltsin (siendo la democracia su expresión política), al que ven integrado a la globalización, para ir hacia un sistema radicalmente autocrático…
Hay una polémica entre los autócratas: Karaganov empuja hacia una autocracia antiliberal, donde exista rotación de cargos y rendición de cuentas, mientras otro núcleo, liderado por Konstantin Malofeev (Malofeyev), quiere un despotismo sin restricciones. Unos pretenden una reinterpretación del estalinismo y otros bregan por una autocracia lejos de la sombra de Stalin…
El desacuerdo se desarrolla por fuera del círculo de poder de Putin, en el terreno de los foros geoestratégicos, think-tanks, financieros, investigadores e intelectuales. Sin embargo, aumentan los mensajes hacia la cúpula del poder, tratando de atraerla hacia uno de los dos polos. En los hechos, Putin es un autócrata y habrá que ver si modifica su marco conceptual y hacia cuál de los dos bandos podría decantarse. Obviamente forcejean por el futuro de Rusia, partiendo de que se decidirá desde las instancias más altas del poder. Hasta cierto punto, los bandos en pugna son presa de la ansiedad porque se dan cuenta de que los tiempos se agotan y Putin evita hablar del asunto, puesto que hablar del futuro ruso implica el relevo en el poder, el suyo. Esto parece distanciarlo de Karaganov y su propuesta de rotación en los cargos, pero tampoco podemos ignorar que Vladimir valora las cosas que hay tanto en Karaganov como en Malofeev y no desea romper con ninguno de los dos…
Malofeev es un hombre de poder político y económico, con un margen de maniobra considerable en diversos ámbitos. Lo suyo son los proyectos regidos por poderes fácticos, lo que explica la relativa ausencia de argumentos. En cambio, el perfil de Karaganov es más intelectual…

En busca de la Gran Eurasia
A raíz de la caída de la Unión Soviética, la identidad rusa entró en crisis y surgió un espectro ideológico identitario: el ultranacionalismo, el neoimperialismo o neosovietismo, el comunismo, el liberalismo de izquierda, el liberalismo occidental y el liberalismo de derecha. Para Serguéi Karaganov, todas quedaron atrapadas en el pesimismo y se agotaron de manera irreversible. Durante la URSS, el experimento ateo destruyó la identidad histórica de Rusia, aunque elaboró una nueva basada en el comunismo que se terminó perdiendo al ocurrir el colapso…
Karaganov apostó a recuperar la ‘fe correcta’ basada en la Iglesia Ortodoxa. Es una gran diferencia con Projanov y su propuesta de una religión englobante, a la par de un punto de acuerdo con Putin y su alianza con los patriarcas ortodoxos. Esta fe logró sobrevivir al experimento ateo y Karaganov cree que Dios perdonó a Rusia por su pecado comunista, evitando que cayera en una guerra civil en el siglo XXI…
En la actualidad, Rusia debe replantear la eslavofilia rusocéntrica del siglo XIX y el eurasianismo del XX, que, si los vemos bien, son dos expresiones del romanticismo al que hemos hecho alusión al principio. Uno de los vasos comunicantes entre ambas corrientes es Aleksandr Blok, poeta, escritor y dramaturgo ruso que vivó entre los dos siglos. Karaganov lee mucho a Blok y todo lo que se publique sobre él, siendo de sus preferidos este poema:
Y negra, la sangre de la tierra
Nos promete, inflando las venas,
Destruyendo todas las fronteras,
Cambios sin precedentes,
Disturbios sin precedentes…
Aleksandr Blok
Retribución, 1911
Es una forma poética de decir que a los eslavos les corresponde un ‘espacio vital’ o Lebensraum que los una (otra vez la óptica alemana). Los eslavos se clasifican en tres grupos: eslavos occidentales (Polonia, República Checa y Eslovaquia), eslavos orientales (Rusia, Bielorrusia y Ucrania) y eslavos meridionales (Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Montenegro, Macedonia del Norte y Bulgaria). Desde este punto de vista, están totalmente justificados los temores de Ucrania y Polonia. La invasión a Ucrania podría ser el anticipo de una operación más grande de ‘espacio vital’ con efectos en Europa central, oriental y sudoriental…
Según Karaganov, Rusia debe encabezar la Gran Eurasia: “extendida desde Ucrania hasta Kamchatka, desde las dos Coreas hasta el Golfo Pérsico”. Concibe a Rusia como la civilización de civilizaciones que libera del mal tanto a los espíritus como a los pueblos. La Gran Eurasia sólo es posible mediante la derrota total de Occidente y de todos los grupos cosmopolitas partidarios del globalismo…
En Karaganov hay una especie de contradicción: se presenta como polarizado con Occidente cuando buena parte de sus argumentos remiten a la geopolítica inglesa (Heartland) y alemana (Lebensraum). Lo anterior se debe a que, en él, hay una tensión constante entre su visión romántica que remite al pasado y su pragmatismo que le lleva a alejarse de él. Karaganov no ignora las condiciones actuales ni las idealizaciones de un pasado que nunca existió. Un eslavismo expansionista podría conducir a interminables conflictos sociales y quizás a guerras civiles. Su objetivo es, más bien, un sistema eslavo liderado por Rusia que encabece a la Gran Eurasia. En apariencia sería multipolar, pero en los hechos Rusia tendría el control mediante gobiernos autocráticos…
Al expresar el ‘sueño ruso’, de algún modo Karaganov sueña también, mas no al punto de perder de vista un aspecto de capital importancia: una autocracia sin responsabilidad (estalinismo puro y duro) podría llevarlos de regreso a lo que pasó después de la debacle soviética, cuando campeó la corrupción y a nadie le importó ni la identidad ni el futuro de Rusia…
El tiempo y los hechos dirán si el sueño de Karaganov es viable y, al margen de lo anterior, quizás el verdadero drama de Estados Unidos sea que ha dejado de soñar geopolíticamente, globalmente, olvidando que el presente se compone de los efectos del pasado y de las esperanzas del porvenir…
Hasta entonces…
