CONFINES POLÍTICOS
Occidente se rompió, al menos como proyecto geopolítico. Este sábado quedó evidenciado con las afirmaciones de Donald Trump sobre Zelenski, luego del acuerdo con Vladimir Putin para que suministre diésel a Estados Unidos. A Zelenski no le gustó lo negociado y a Trump no le agradaron las críticas de Zelenski. No se trata sólo de diésel, sino del futuro de Ucrania y de Europa. Curiosamente, ocurrió en el contexto de manifestaciones en Alemania a favor de una relación amistosa con Rusia, de expresiones por parte de líderes ucranianos para que se logre una salida pactada a la guerra y de más marchas a favor de Gaza y en contra de Israel, así como de nuevas tensiones belicosas en el Medio Oriente. Cayó el precio del oro y China se apresuró a comprar cuanto pudo…
Xi Jinping está aprendiendo de la falta de una herramienta pedagógica por parte de Trump. No basta con saber hacia dónde ir, necesitas una estrategia de transición y el presidente estadounidense escogió el camino de las rupturas. Es por su ego y nada más. Pero no se crea que la vía china sea la ideal. Su intención de construir una economía cerrada y autosuficiente está llegando a sus límites. Los ingenuos que han recurrido a China con la esperanza de sustraerse del yugo norteamericano se han topado con que su objetivo es vender mucho y comprar poco. Hasta sus planes de inversiones en el extranjero están diseñados para capitalizar todos los beneficios…
Los imperios nunca han sido obras de caridad, ni de una filantropía más o menos vaga. Son mecanismos de poder eminentemente pragmáticos que no dudan en triturar o ‘sacarle jugo’ a quien sea. Con su particular estilo, Donald Trump y Xi Jinping se parecen: quieren los beneficios sin comprar problemas…
El futuro en los extremos de Eurasia
La ruptura de Occidente no empezó con Trump. En sus orígenes fue una disyuntiva geopolítica entre dos futuros: el europeo y el asiático. Aunque no lo dijeron abiertamente, el ideal estadounidense era lograr una calidad de vida similar a la de Europa, donde al menos 9 países superan la de Estados Unidos. Pero, durante el gobierno de Barack Obama se confirmó la expectativa geopolítica que marcó el final del siglo XX: China se erguía como el rival de la potencia americana, lo que indicaba que su porvenir imperial se iba a dirimir en Asia. Uno en cada extremo de Eurasia…
De un lado, la calidad de vida europea se sostenía con alfileres. Años de oleadas de movimientos sociales y campañas a favor de la planificación familiar artificial, del aborto, del sexo sin compromisos, contra el matrimonio y la familia, etcétera, desembocaron en el envejecimiento de Europa y no estamos hablando solo de edad biológica. Envejecieron los cuerpos, envejecieron sus ideas, envejecieron moralmente y hasta su bienestar fue perdiendo, uno a uno, sus soportes. He aquí la necesidad que tienen de recibir migrantes, aunque la situación es complicada: el sistema no da para tanta gente llegando al ritmo que se requiere…
Lo peor es ver a los que provocaron este problema presentarse como los ‘salvadores’ de Europa, cuando todos sabemos que quieren migrantes como ‘votos cautivos’ para dictaduras disfrazadas…
Por otro lado, la competencia con China es de carácter tecnológico y de modelos de negocios. El punto es que no había forma de apuntar en ambas direcciones. De seguir la ruta europea, el futuro sería una ilusión que puede colapsar en cualquier momento. China, a su vez, se abocó a controlar cadenas de suministros y a desarrollar tecnología o de plano a apropiarse de la de otros…
Los confines del mundo vienen al papado
El desajuste entre decesos, natalidad y generaciones de relevo provocó que Europa se fuera vaciando y, ahora, requiera urgentemente de migrantes para apuntalar su economía. Pronto fue un detonante en dos direcciones siamesas: el populismo autoritario de izquierdas vio a los migrantes como botín electoral y el populismo autoritario de derechas, como un peligro para la civilización occidental cristiana. Dos ideologías aparentemente distintas que no respetan la dignidad de las personas…
El caso de España y de otros países europeos es indignante. Los planes de instrumentalización electoral de los descendientes de emigrantes son evidentes y lo mismo vale para los inmigrantes. Por otro lado, no se puede negar el islamismo como factor de riesgo, tanto en sus expresiones autoritarias como violentas. ¿Se podrían instalar dictaduras crueles como las del Medio Oriente y otras latitudes? Claro que sí. Incluso adoctrinamientos y persecuciones religiosas contra los cristianos. Pero la situación ofrece nuevos desafíos…
Para la Iglesia Católica, los actuales movimientos migratorios anuncian una nueva evangelización distinta de las anteriores, basadas en ‘ir a los confines del mundo’ a predicar el Evangelio (entendidos como los límites del Imperio romano). Ahora, los confines del mundo vienen hacia el papado. Similar a lo sucedido con la apostasía del pueblo judío, a la apostasía de las naciones cristianas le seguiría un anuncio inédito de la Buena Nueva. Una Gran Tribulación que será desplazada por un nuevo Pentecostés…
No es válido fincar la identidad occidental sobre una determinada síntesis cultural, civilizatoria, racial o religiosa. La apostasía de la otrora Europa cristiana ha sido un ‘no’ a la fe por decisión propia, no por un agente externo. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que la fe se predica y se transmite con la catequesis, concretándose con el bautismo. Ahí reside su vigencia, no en proclamaciones identitarias…
Enteros y quebrados en la era posglobal
Es el mismo escenario visto desde distintas perspectivas. Con sus transacciones, Donald Trump busca deshacerse de problemas y presiones financieras, sustituyendo compromisos globales por acuerdos específicos. Con la Tianxa, Xi Jinping no quiere apoderarse de Europa ni de otra latitud. Por eso habla de ‘futuro compartido’ liderado por China. De otro modo, los conflictos simplemente cambiarían de manos y Beijing no quiere vérselas con la neurosis global. Quiere dividir a Occidente, empezando por Europa. Tan distintos e iguales: dos imperios con potencias intermedias y porciones del mundo girando alrededor de una en ciertos asuntos y de la otra en otros…
Configuran su poder en un sistema unificado pero segmentado. Parafraseando a Karl Deutsch, el que logre concluir uno basado en los ‘nuevos nervios del poder’ tendrá la supremacía global…
Trump recurre al nacionalismo cristiano, sembrando dudas sobre sus verdaderas convicciones. Pareciera convencido, pero, cuando se requiere, frena la agenda a favor de la vida, la lucha contra la ideología de género, etcétera, que interesan al cristianismo. Quizás sea un recurso en su lucha contra el globalismo con tal de cohesionar a sus simpatizantes en la calle y en las urnas…
Vladimir Putin, que tiene una alianza con el nacionalismo cristiano ortodoxo, lo mismo asiste a ceremonias del patriarca Kirill, proclama como milagro algún hecho relacionado con ese culto e impulsa tradiciones y devociones, mientras masacra civiles en Ucrania y se lleva niños a Rusia…
Desde hace tiempo, Vladimir quiere llegar hasta el Mediterráneo y usó el pretexto de la ampliación de la OTAN hacia el Este. El globalismo no ha sido vencido, pero ha perdido parte de su poder y está por verse si se recupera. Trump quiere atraerlo con jugosos acuerdos comerciales, pero Putin sigue amenazando a Europa y da por sentado que Occidente vive sus estertores…
El proyecto se tornó contradictorio
¿Cómo entenderse con quien te tacha de ladrón y te exige lo que le debes? ¿Cómo confiar en el que dice que quiere apurarte a morir? ¿Cómo tratar con el que pretende segmentarte comprándote al menudeo? Europa está en una fase de agotamiento. Es el precio de la apostasía y de mesianismos ideológicos anticristianos…
Rusia se yergue amenazante esgrimiendo el nacionalismo ortodoxo en versión pragmática. Las relaciones trasatlánticas pasan por un mal momento porque Trump quiere que se cumpla su voluntad. Sus sistemas defensivos han quedado obsoletos y debe ponerse al día en tecnología militar. Una guerra híbrida de amplio espectro. Una delincuencia organizada globalizada que busca asentarse en Europa, el Mediterráneo y África, empezando por los cárteles mexicanos que podrían convertirse en factores de poder geopolítico. Ataques sistemáticos de un terrorismo invasivo como un cáncer en metástasis, generando sospechas sobre Irán y Rusia. La posibilidad de nuevas pandemias ejerce una presión constante, como recién lo vimos por la muerte de una joven que trabajaba en un laboratorio ruso…
Agreguen la creciente ola de migraciones masivas con escasa regulación y las divisiones entre los líderes europeos, que van desde la actitud que deben asumir ante Rusia hasta el asedio del populismo en las urnas…
Son las consecuencias por adoptar un proyecto contradictorio. Occidente se forjo con tres ejes: la participación ciudadana de los atenienses (génesis de la democracia), el sistema jurídico romano (origen del Derecho occidental) y los valores judeocristianos venidos de Jerusalén (centrados en la dignidad de la persona humana). Luego, le agregaron elementos surgidos de la ruptura protestante y la Ilustración que fracturaron lo anterior: un humanismo con aspectos cristianos y anticristianos a la vez, libertades civiles que desembocaron en el individualismo y una división entre la Iglesia y el Estado que generó persecuciones contra la primera…
La nueva tríada geoestratégica
Trump quiere que Europa pague por protección (al más puro estilo de Cosa Nostra): cubre el precio de tu supervivencia. Putin quiere liquidarla como proyecto latino para cumplir el viejo sueño moscovita de ser la nueva capital de un cristianismo eminentemente ortodoxo (un ‘sicariato espiritual’). Xi Jinping no quiere ni proteger ni eliminar a Europa: la quiere desmontar con distintos planes de inversión en el tramo correspondiente de la ‘Franja y ruta’ (un ‘deshuesadero imperial’). En la superficie, podría parecer un conflicto sobre defensa híbrida, el nuevo sistema comercial y cadenas de valor. Hasta podríamos pensar en una batalla cultural (importante, sin duda). Pero, en el fondo, hay una confrontación espiritual…
La Europa cristiana tenía sus referentes en Jerusalén, Atenas y Roma, con el papado como garante. Con la ruptura de la Cristiandad, se quiso cambiar las capitales a Wittenberg, Ginebra y Londres, sin garantías para nadie. La Ilustración apostó por Londres, París y Königsberg, fundándose en la Razón. Vinieron los nacionalismos y las guerras del siglo XIX hasta desembocar en la feroz disputa de las dos guerras mundiales, en un claro culto a la guerra. El globalismo consolidó a Washington como la capital de un Occidente con un cuño distinto al original y en Europa sus polos quedaron en Bruselas, Estrasburgo y Luxemburgo. Externamente, Londres. La puja por el siglo XXI igualmente tiene tres epicentros: Washington, Beijing y Moscú…
Desde 1945, los ejes del proyecto han sido la gobernanza global, economía abierta con mercados integrados y una ciudadanía global inmersa en una cultura homogénea. La reconfiguración de ese entramado es lo que se están disputando Donald Trump, Xi Jinping y Vladimir Putin…
Esto demuestra que el declive de Occidente, empezando por Europa, arrancó con su apostasía gradual que luego se generalizó hasta quedar postrado…
El rediseño del mundo como modelo de negocios
El globalismo no le declaró la guerra al cristianismo propiamente. Sería excesivo señalarlo como la causa de su apostasía. Fue la confluencia de varias ideologías que llegaron al paroxismo anticristiano y vaciaron a Europa. Los que hoy crucifican al globalismo olvidan que se acompasó con la acción arrolladora de San Juan Pablo II en su lucha contra una revolución que se presentaba como anticristiana…
Geopolíticamente, Estados Unidos forcejea con Londres y casi se bate en duelo con Alemania y Francia. Mientras prefiere entenderse con Italia, Polonia y el Báltico, aunque por momentos Trump carga contra Giorgia Meloni. Si se quiere sellar acuerdos con algunos, es difícil hacerlos sobre la base de la confianza si se transita por la ruta de las disrupciones, los manotazos y los trompicones como le gusta a Trump. Esto fue lo que pasó con Dinamarca en el caso de Groenlandia. Había mejores formas de negociación…
Indudablemente, el presidente estadounidense considera el rediseño de la OTAN, el nuevo sistema de financiamiento defensivo, la guerra en Ucrania y en Irán y el Estrecho de Ormuz como los temas más sensibles en Eurasia. Lo acabamos de ver en la rispidez con Zelenski, luego de anunciarse u acuerdo con Putin sobre algo más que diésel. Ya sabemos que se trata de un proyecto de mayor calado que incluye a poderosos inversionistas del Medio Oriente, de diversos países y del entorno de Trump…
En cuanto a Irán, no faltan los que dudan sobre si es para someter a los ayatolás o para poner en jaque a Asia (entiéndase sobre todo China) en materia petrolera…
En América, queda claro que su proyecto de seguridad hemisférica pasa por un rediseño a escala continental, empezando por consolidar una nueva orientación populista alejada del Foro de Sao Paulo y del de Puebla…
¿Universalismo, trumpismo, tianxiaismo o eurasianismo?
No nos autoengañemos. Los proyectos geopolíticos de Trump, Putin y Xi Jinping no encajan bien con la Roma papal cuyas dimensiones universales les desagradan. Una presencia y acción del pontífice en todos los ámbitos de la vida humana y social desbordan a las tres potencias juntas. Una Doctrina Social que desfonda el estrecho discurso de los ‘tres señores del mundo’ les resulta inaceptable. No lo dicen por conveniencia, pero un simple análisis comparativo muestra muchos puntos que no son compatibles…
Evangélico, ortodoxo o laicista, se trata de tres proyectos de orden mundial donde no cabe la Iglesia Católica sin ser mutilada o sometida. Quizás por la antipatía que provoca Trump, abundan los analistas que sostienen que se avecina un conflicto severo entre él y el Papa, cuando en realidad los tres proyectos geopolíticos van en ruta de colisión con la Iglesia Católica, aunque por diferentes razones…
Entre los muchos asuntos que debe atender el pontífice, están salirse del nacionalismo cristiano (de raíz protestante y ortodoxa principalmente), que interpreta el Evangelio como expresión territorial y política, así como neutralizar la ideología del laicismo que es una manifestación del agnosticismo. Obviamente, los dos primeros son versiones propias del gnosticismo…
Se avecina una nueva evangelización y León XIV cuenta con el tiempo necesario. Al interior de la Iglesia, se las tiene que ver con integristas, conservadores y progresistas que asumen características similares a los tres protagonistas del escenario global. Pero, además, desde cada una de sus perspectivas le atizan a las expectativas apocalípticas y ‘aparicionistas’ que socavan la autoridad y el magisterio de la Iglesia…
Necesitan leer el ‘discurso escatológico’ de N. S. Jesucristo que consigna el Evangelio de San Mateo, donde dice que las desgracias y catástrofes no marcarán el fin de la historia de la salvación…
Hasta entonces…
