CONfines Políticos
29 de enero de 2026
Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com
Donald Trump está más enfocado en evitar el colapso de Estados Unidos que en detener el ascenso de China. Tal vez este forcejeo, que en parte es de política doméstica y en parte tiene que ver con el resto del mundo, tratando de separar el país de lo que ha sido el proyecto globalista, sea algo pasajero. No lo sabemos con precisión, pero lo cierto es que la hoja de ruta del estadounidense parece dar por sentado que será una misión imposible y se ha decantado por acotar…
La estrategia tiene su lógica: Trump busca achicar el poder global norteamericano para que se sostenga. Aprovechando que debe desmontar el sistema, quitará el andamiaje globalista a China. Desplazando a la ONU y a varios organismos internacionales provenientes de la Guerra Fría, será similar a cuando alguien quiere subir a un segundo o tercer nivel, pero le han quitado la escalera: nadie podrá controlar globalmente a los demás…
Putin ha sido llevada al terreno transaccional por Trump y, dándose cuenta de que el desmontaje del globalismo va en serio, Xi Jinping dice que a él tampoco le interesa controlar la totalidad. El siglo XXI se dirige a un sistema transaccional y asistimos a la muerte técnica del multilateralismo. Lo del mundo multipolar como alternativa al globalismo ha sido solamente parte del discurso y nada más…
Hoy, todos coinciden en que el imperio americano ha sido un acontecimiento único en la Historia y lo más probable es que no haya modo de replicarlo. La misma complejidad global imposibilita que alguien se quede con todo. Una realidad multipolar podría desembocar en el caos y, a propósito de la incertidumbre global, los ‘hombres fuertes’ se ofrecen como garantes de la estabilidad y seguridad con la condición de dividir el mundo en tres bloques…

En el espejo soviético
Destrucción de la estructura globalista y división en bloques. Si lo vemos bien, Trump maniobra para acotar a China en Asia, donde tendría que competir (no precisamente en el terreno bélico) con Japón y Corea del Sur. China bajo presión de la India, que apunta a convertirse en el cuarto jugador global en un futuro no muy lejano. En los cálculos de Trump, a China le será muy difícil competir con los tres grandes polos asiáticos a su alrededor…
Las estrategias geopolíticas siguen girando en torno al pensamiento de Zbigniew Brzezinski, tal cual o invertido. En su momento, señaló que la URSS había cometido el grave error de expandirse al límite de sus posibilidades, destinando un presupuesto cada vez mayor para sostener un gigantesco aparato bélico, policíaco y de control. Por un lado, erosionó sus finanzas y, por el otro, dejó a su sociedad en condiciones cada vez más precarias. Hasta que el sistema soviético se desplomó…
Donald Trump y su círculo de poder llegaron a la conclusión de que al globalismo le está pasando algo parecido dentro de su proyecto triunfante. El sistema global requiere un soporte financiero a gran escala y eso está acercando a Estados Unidos a la quiebra. Así se explica la prontitud con la que está actuando Donald Trump, al punto de atropellar a sus propios aliados: replantear acuerdos comerciales, uso de aranceles para forzar o cambiar situaciones, pago completo de la seguridad por parte de los demás miembros de la OTAN, reformular el T-MEC, etcétera…
Sus planes pasan por acotar la moneda, al punto de devaluar al dólar tan pronto como sea posible con tal de aliviar las finanzas. Pero sus detractores piensan que arroja al país al abismo. ¿Logrará su cometido? Lo veremos en los hechos…

El peso geopolítico de la vida
Corría el año de 1976 cuando el historiador y antropólogo social Emmanuel Todd publicó: La caída final: un ensayo sobre la descomposición de la esfera soviética, anticipando no sólo el fracaso de la URSS, sino también las causas. Hasta la fecha, su capacidad predictiva sigue siendo tema de debates. A partir de 2002, Todd ha vuelto a ser noticia a raíz de su libro: Después del imperio. Ensayo sobre la descomposición del sistema norteamericano, retomado en 2024 con La derrota de Occidente. Su enfoque no es geopolítico y, entre las variables más importantes, Todd se basa en la natalidad-mortandad (sobre todo infantil) y en las generaciones de ingenieros (abarcando la capacidad de construir y hacer cosas). En los Setenta, se percató del aumento de la mortandad infantil en la URSS y del egreso de ingenieros sin futuro. Eso le permitió avizorar el desplome soviético…
Con otras características, Estados Unidos presenta síntomas parecidos: cada vez menos parejas tienen hijos, fenómeno que abarca a todo Occidente y sus aliados en otras latitudes. Asimismo, el tipo de economía que está prevaleciendo afecta la calidad occidental para construir. Pero el factor decisivo es la caída de la natalidad…
En opinión de Emmanuel Todd, Estados Unidos ya no puede detener su caída y la competencia global será ganada por China. Sin embargo, será un triunfo efímero, pasajero. China registra un acelerado descenso de natalidad, lo que se traduce en la pérdida de confianza de los ciudadanos en sus autoridades. De tal modo que, en un breve lapso, el mundo experimentará dos crisis graves: la caída de EE. UU. y el fracaso de China como superpotencia de relevo. Y todo por no tener hijos…

Un globalismo entrampado
A partir de la edición 2026 del Foro Económico Mundial en Davos, queda claro que todas las variables se van a decidir en dos grandes vertientes: Inteligencia Artificial y digitalización de la economía. La seguridad y defensa tendrá como eje la IA y es el corazón del proyecto Domo Dorado. Al margen del peligro que podría significar Irán para el mundo (amenaza nuclear, terrorismo, etcétera), lo cierto es que Trump busca probar las armas de tecnología avanzada. Algunas fueron probadas en Venezuela y son parte del escenario en el Medio Oriente, en el nuevo forcejo con Teherán. Es una forma de disuasión hacia Rusia y China, aunque no deja de ser un camino peligroso…
Los europeos están divididos: unos, como Mark Rutte, piensan que la OTAN es inviable sin Estados Unidos y aboga por llegar a un acuerdo con Trump sobre las aportaciones económicas y Groenlandia. Otros, como Kaja Kallas, consideran que ha llegado la hora de pensar la seguridad y defensa europea sin su aliado histórico. Algunos tratan de recurrir a China para presionar a Trump. Mark Carney, aunque luego dio marcha atrás y Keir Starmer, por ejemplo. Sin embargo, China no es opción porque persiste su intención de exportar más de lo que importa…
Pero el verdadero factor de riesgo estriba en que se creó un sistema globalizado sin reparar en que eso requiere cierto potencial humano. El declive del globalismo se empieza a fraguar a partir de que una parte de él hace suyas las demandas de grupos apostados por el pansexualismo, el uso de anticonceptivos a gran escala, la ideología de género y el aborto como política de Estado, así como la vida matrimonial, familiar y sexual alternativa. Todo eso se suma a los problemas de natalidad…

La verdadera causa del desplome globalista
Es curioso: aspectos que sectores tradicionales católicos, evangélicos y ortodoxos, al igual que cierto conservadurismo, consideraron como nocivos para la humanidad, a la par eran veneno puro para el propio globalismo. Porque fue eso lo que los metió en un callejón sin salida. Para que una economía funcione requiere de un reemplazo generacional, mismo que se garantiza con una tasa de natalidad de 2.1. El punto es que Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental y el sudeste asiático, no lo alcanzan. Japón es uno de los casos más graves. Sin embargo, no es un problema exclusivo del globalismo. China está por debajo del nivel de reemplazo, al igual que Corea del Norte (pese a las campañas patrióticas del gobierno) y Rusia. La gente se resiste a dejar su futuro (vejez) en manos del gobierno…
La soledad y los problemas mentales sigue al alza. Revisen los indicadores de suicidios sobre todo entre los jóvenes y ancianos. Crece el número de países donde se ofrece auxilio y terapias mediante aplicaciones en los dispositivos. Sin ser alarmistas, estamos atrapados en una paradoja: un mundo que ha alcanzado avances espectaculares en tecnología global, con niveles altísimo de soledad e infelicidad, y sin los recursos humanos necesarios…
Entre los globalistas ya hay presiones para distanciarse de la llamada ‘vida alternativa’ y la ‘mentalidad woke’. En el terreno político y teniendo en puerta las elecciones de medio término, no faltan los demócratas que pugnan por aprovechar el caso Jeffrey Epstein para enviar un mensaje al electorado: “no toleramos la corrupción ni los delitos sexuales”. Esto llevó a 9 representantes demócratas a votar por declarar a Bill y Hillary Clinton en desacato. Vamos a ver si van más a fondo o todo queda en un asunto electoral…

El poder predictivo del pasado
A diferencia de Emmanuel Todd, el historiador y geopolítico Jiang Xueqin piensa que China no podrá ser la potencia global que reemplace a Estados Unidos. La situación no es propicia, ni el gigante asiático está en condiciones de lograrlo. Es más: asegura que Beijing piensa diferente:
China no quiere ser la hegemonía del mundo, no quiere ser la superpotencia militar, no quiere controlar los mares como lo hace Estados Unidos. El imperio estadounidense fue un momento único en la historia y en realidad no era sostenible. La idea de que un solo país pueda controlar todo el planeta en lo tecnológico, en lo militar y en lo financiero simplemente no era sostenible a largo plazo. Realmente perjudicó a Estados Unidos. Hizo que el país se extendiera en exceso y asumiera demasiados riesgos, y eso llevó a muchos problemas económicos, lo que permitió el ascenso de Trump.
Jiang Xueqin
Para Jiang Xueqin, asistimos al colapso del mundo multilateral (sin reemplazo a la vista, lo que podría aumentar los conflictos regionales y globales). También estamos ante el colapso del comercio global (para protegerse, más países se aislarán y pondrán aranceles). En otro carril, van las catástrofes medioambientales y el cambio climático. Nos dirigimos hacia una realidad militarista y proteccionista, justo la situación previa al estallido de la Segunda Guerra Mundial…
Para Yanis Varoufakis, del cual hemos hablado en otra entrega, hay una lucha por el poder en Estados Unidos entre tres instancias: los grupos financieros de Wall Street, el complejo militar-industrial y las grandes tecnológicas de Silicon Valley. El desenlace provocará efectos globales, que ahora no podemos sopesar del todo…

¿De verdad no hay esperanza?
Ciertamente, las variables no son buenas y la sobrecarga de conflictos podría desembocar en una guerra global cuyas consecuencias se anticipan graves. Pero ¿de verdad no hay esperanza? Me parece que sí y la naturaleza del escenario indica las posibles soluciones. El mundo necesita una cultura de la vida. Si una economía sana debe nutrirse con nuevas generaciones, la participación ciudadana también. Como lo dicen los expertos, la viabilidad de una potencia depende de su tasa de natalidad. No de la tecnología, no del comercio ni de la economía digital. Su futuro está en función de una multiplicación sana de la vida…
El saldo de las ideologías de la Modernidad ha sido un alto precio en vidas humanas, dolor y sufrimiento. Es innegable que nos están legando un desarrollo tecnológico y científico formidable, pero no debemos obviar lo primero a nombre de lo segundo…
En mi opinión, la consecuencia más negativa es la tristeza del alma…
A principios de septiembre de 2017, al inaugurar el ciclo escolar desde la ciudad de Yaroslavl, Vladimir Putin afirmó:
“La inteligencia artificial es el futuro, no solo de Rusia sino de toda la humanidad. (…) Quien sea que llegue a ser el líder en esta esfera será el que domine el mundo”.
Vladimir Putin
Es una verdad a medias, referida solamente al poder. El verdadero futuro del mundo dependerá de que seamos capaces de devolverle a la humanidad la alegría de vivir y de multiplicar la vida…
Si será muy difícil que se consolide una nueva superpotencia global que se haga cargo del todo, es posible que este mundo que se está yendo y que muchos festinan, un día lo vamos a añorar…
Hasta entonces…
