CONFINES POLÍTICOS

Un viaje más allá de las fronteras

Cristo. ¿Reina o no reina? – Juan de Dios Andrade

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CONfines Políticos

23 de noviembre de 2025

Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com

Hablar de Cristo como rey no es tarea fácil, aunque pudiera parecerlo. Él mismo actuó con cuidado ante los que deseaban verlo como un caudillo revolucionario que pusiera fin al dominio romano e idumeo, los que decían que era un curandero o los que aseguraban que era un mago. Digo que no es fácil porque un paso en falso y terminas en uno de los extremos del milenarismo: un rey de un reino temporal y, por ende, político, identificable con determinadas ‘señales históricas’ que harían predecible el momento del Segundo Advenimiento o como un monarca que vendrá hasta el fin del mundo, en una visión escatológica ideologizada donde no habría nada que hacer mientras eso no ocurra y, en principio, el retorno de Cristo estaría igualmente ubicado. En ambos casos habría un núcleo de fieles que lograría triunfar mediante un espectacular golpe de timón ahora mismo o al final…

Pero no se crea que estamos hablando de algo que sucedió y se resolvió hace dos mil años. Entre otras cosas, durante sus tres años de vida pública, N. S. Jesucristo estuvo en constante tensión con los que le proponían desvirtuar su misión y mutilarla. “Mi reino no es de este mundo” es una frase que sigue resonando hasta nuestros días. Seguramente, Pilato no entendió gran cosa de su significado y, de hecho, no debe ser interpretada aisladamente, porque Cristo se fue y se quedó al mismo tiempo. Se quedó en los sacramentos, especial y realmente en las Especies consagradas. Se quedó en medio de dos o más cuando oran en su nombre, en el prójimo cuando necesita de nosotros, en la intimidad de cada ser humano, en fin…

Es que Dios no puede ser echado de ninguna parte y, por nuestro bien, Él no se retira por decisión propia. En cualquiera de los dos casos, se instauraría de inmediato el reino del mal. De alguna manera lo estamos viendo hoy en el mundo: organizaciones delictivas que nos muestran un rostro marcadamente maligno y cruel, autoridades corrompidas o cómplices, en una espiral que parece no tener límites ni final…

Sin embargo, Cristo Rey se queda con nosotros…

Cristo imperó ante los líderes totalitarios

Un repaso histórico de la Iglesia en el mundo nos arroja ejemplos irrefutables de lo anterior: gobernantes que trataron de dirimir temporalmente en dónde residía la supremacía y soberanía. ¿En Cristo Rey o en el Estado? Plutarco Elías Calles es un ejemplo de ello y miren que México fue muy importante en la decisión de Pío XI al proclamar la festividad de Cristo Rey. Calles buscó deliberadamente la guerra porque la consideraba prueba inequívoca de que el Estado tenía facultades temporales y espirituales. El resultado de la Guerra Cristera no fue el de muchos de sus líderes cobardemente asesinados. Verla así sería minimizar, empobrecer su verdadera riqueza espiritual. Plutarco terminó echado del país, viviendo el resto de su vida como un ’apestado político’ y, al volver a México, asistía a sesiones espiritistas en una logia afecta a ello. Sus sueños de grandeza y poder se habían desvanecido. En cambio, la Iglesia se hizo con nuevos santos y mártires, y sabemos lo que eso significa en cuanto a derramamiento de gracias y bendiciones. Plutarco ya no está, pero la Iglesia sigue ahí…

Plutarco Elías Calles, anticlerical y feroz anticristiano

Hay más: Benito Mussolini que, desde joven, se declaró ateo y públicamente retaba a Dios a matarlo para demostrar que existía, vivía esclavizado por sus pasiones más bajas. Entre sus muchas aventuras, tuvo como amantes a las hermanas Petacci (Clara y Miriam) y al terminar de copular con una, continuaba con la otra. ¿Cómo acabó la vida de Mussolini? Fusilado y, en Milán, los cuerpos de él y de sus acompañantes fueron ultrajados y colgados, incluyendo el cadáver de Clara. Como en México, Benito se fue. Dios no tuvo necesidad de quitarle personalmente la vida y mantuvo a la Iglesia en su sitio…

¿Y Hitler, el que hablaba de un Reich de mil años y que sólo duró doce? El que soñó con la posibilidad de entronizar un Papa bajo su férula y de asesinar a Pío XII en el Vaticano. ¿Qué fue de él al final? Hasta la fecha siguen causando polémica algunos síntomas de su estado espiritual y psicológico, no faltando los que lo catalogan como una posesión (sabemos que algunos de sus allegados practicaban el satanismo o rozaban con él). El propio Pío XII estaba convencido de ello y, según se desprende de su proceso de beatificación, habría practicado un “exorcismo a distancia” porque pensaba que la maldad de Hitler no era de origen humano. Un exorcismo formal y litúrgico requiere, entre otras cosas, la presencia física (algo impensable en un caso así). El Papa habría recurrido a su autoridad personal (plenitud de autoridad apostólica) y hecho un exorcismo especial. Como todos sabemos, el III Reich terminó hecho añicos y Hitler se suicidó junto con Eva Braun, mientras la Iglesia seguía en pie…

¿Qué me dicen de José Stalin? Ese que arrogante preguntaba retóricamente con cuántas divisiones contaba el Papa y que persiguió de manera inmisericorde a ortodoxos rusos y a católicos bizantinos, al punto de que algunos de sus afines le sugirieron perseguir también a otras religiones y no sólo al cristianismo. El espíritu anticristiano de Stalin amainó un poco en el momento más difícil de la guerra para la URSS, porque requería unir a la Unión Soviética. ¿Cómo fue el final de Stalin? Poco antes, realizó una purga de los médicos que atendían a las altas esferas del Politburó y, pese a la prescripción de dejar o disminuir sus actividades (entre otras cosas, tenía una presión arterial muy alta), las aumentó porque su paranoia le hacía temer perder el poder. Luego de una reunión, de la cual hay dos versiones (una, que terminó cordialmente y, otra, que hubo una agría discusión), se retiró a dormir. Al día siguiente, lo encontraron casi sin poder hablar (28 de febrero de 1953). Llamaron a algunos de su círculo de poder, pero nadie llamó a un médico. Estuvo semiinconsciente algunos días, muriendo el 5 de marzo. Hasta el día de hoy, se sigue discutiendo si fue envenenado y las sospechas giran en torno a Beria. Según otros, formó parte del triunfo del Inmaculado Corazón de María. No hubo necesidad de enviarle ninguna división blindada, ni a escuadrones aéreos a bombardear su dacha de Kúntsevo…

¡Viva Cristo Rey!

Pero ¿qué es el reinado de Cristo? ¿Es el triunfo ante sus adversarios? ¿Es la muerte miserable de tal o cual dictador totalitario? Claro que no. Sería una versión de la vieja idea de un mesías ‘político’. Tampoco debe identificarse con determinados episodios de la historia de la Iglesia o de las naciones, así se trate de los más heroicos y gloriosos. El reinado de Cristo implica su dominio en nuestra alma, en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestra conducta, en nuestro cuerpo. En todas las dimensiones de nuestra realidad humana. Es vivir en la gracia santificante. Al final, significará también un lugar:  vi “un cielo nuevo y una nueva tierra” y “bajar del cielo a la Jerusalén celeste”. Con el Segundo Advenimiento, toda la Creación será rehecha, hecha nueva otra vez y la vida eterna será conocer a Dios. Cristo es Rey eterno, por eso no habrá un ‘momento’ en que empiece. Eso es una percepción que brota de nuestra temporalidad. El tiempo dado a los seres humanos es para que decidan si aceptan ser ciudadanos del Reino de Dios o no y, aunque al final habrá un ‘lugar’, el reino de Dios se identifica con Dios mismo…

Quizás para entender mejor lo que significa que Cristo sea Rey, haya que empezar por meditar su propia afirmación, cuando dice que es “humilde y manso de corazón”. Algo así sólo lo puede decir el Creador de todo y al cual todo le pertenece Por eso, no necesita nada ni a nadie. El compartir su felicidad, su bienaventuranza, es una decisión propia de su amor infinito…

Se acerca su V Centenario

Cristo Rey y la Virgen del Tepeyac

Cuando Pío XI instituyó la festividad de Cristo Rey, aquel 11 de diciembre de 1925 mediante su encíclica Quas Primas, el mundo estaba dominado por gobernantes autoritarios y ascendían los totalitarios: Calles (1924-1928), Stalin (1924-1953), Mussolini (1922-1945), Hitler (1933-1945), por mencionar a cuatro. Por los motivos obvios, lo anterior encuadró a la Iglesia y a la Fiesta de Cristo Rey (ordenada por Pío XI para el último domingo de octubre) en la concepción mundana de un reinado temporal y político…

Con la reforma litúrgica del 14 de febrero de 1969, al emitirse el motu proprio de Paulo VI:  Mysterii Paschalis, ya en el contexto de los efectos del Concilio Vaticano II, se cambió la fecha (para el último domingo del año litúrgico) y se precisó su sentido, sustituyendo algunos aspectos de Pío XI. A partir de ahí, será: Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Aunque quizás se pueda interpretar de otra manera, la intención no parece ser la de evitar confrontaciones con los poderes temporales, sino sacar la denominación del inmanentismo político: toda la Creación será hecha nueva otra vez y si los ángeles rebeldes fueron precipitados al abismo, hacer todo nuevo apunta a la Creación visible principalmente. El reinado pleno de Cristo, con motivo de su Segunda Venida, estará centrada en los seres humanos, pero recuerden que el pecado afectó a la Creación entera…

Sin embargo, eso no quiere decir que dejemos de lado los episodios históricos valiosos para la historia de la Iglesia. Más bien, hay que cuidar el modo en que los asumimos. Lo que les quiero decir es que, entre otros temas, debemos ver el centenario de la Guerra Cristera a la luz de Cristo Rey y no a la inversa. Sólo así aflorará la verdadera riqueza espiritual de la misma…

Presten atención: 2025 es el centenario de la Solemnidad de Cristo Rey; 2026-2029, el centenario de la Cristiada. Inmediatamente después, en 2031, será el V Centenario de la Virgen de Guadalupe. Son años muy importantes para los católicos y el escenario es delicado. De un lado, Cristo Rey y el Inmaculado Corazón de María llamándonos a ser “mansos y humildes de corazón”; del otro, la violencia delictiva ha desatado una lucha encarnizada, secundada por la corrupción y complicidad de muchas autoridades, así como por la impunidad. Asimismo, al estar integrada por seres humanos afectados por el pecado, dentro de la propia Iglesia hay una lucha entre el Reino de Dios y el imperio del mal…

Pese a todo, debemos tener presente que sólo Cristo salva y que, al final, triunfará de manera plena y definitiva. Los que opten por el mal, tendrán su derrota irreversible en el momento de su muerte. Cristo Rey no necesita esperar a su Segundo Advenimiento para reinar e impartir misericordia y justicia…

Hasta entonces…

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