CONfines Políticos
11 de julio de 2025
Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com
Entretenerse con la posibilidad de la guerra es un juego peligroso, aunque, en principio, no se tenga la intención de provocarla. A estas alturas, queda claro que pensar que la expansión de la OTAN ‘obligó’ a Rusia a invadir Ucrania, no pasa de ser una vacilada. De entrada, porque hablamos de geoestrategias en las que intervienen los aparatos de inteligencia y seguridad de cada una de las partes interesadas, y sería infantil atenernos a lo poco que se haya publicado de tanto en tanto. ¿Desde cuándo dichas instancias ventilan sus planes ante la opinión pública? Por ende, atribuirles a los artículos de Zbigniew Brzezinski la responsabilidad de la posterior agresión a Ucrania, es un insulto a la inteligencia de los demás y vaya que se ha polemizado mucho al respecto…
Es verdad que, en el contexto del desplome de la Cortina de Hierro y del poderío geopolítico soviético, se abordó el tema de mantener las dimensiones de la OTAN tal y como estaban en aquel momento, al igual que lo es el hecho de que Zbigniew Brzezinski sopesó abiertamente la opción de dividir Rusia en tres sectores con tal de neutralizar el retorno de sus sueños imperiales, pero no fue lo único. Cuando nos adentramos en los entretelones de los intelectuales, espías y estrategas, las cosas cambian en detrimento de Rusia, porque los preparativos entre los siloviki empezaron antes de que Brzezinski tratara el tema arriba indicado…
Planes decididos en secreto
Las maniobras previas de los ‘hombres fuertes’ de Rusia fueron inequívocas: se preparaban para una confrontación que tendría en Ucrania un punto de capital importancia. Un seguimiento de lo que estaba leyendo la élite militar, al igual que la de inteligencia y seguridad, revela que desatar la guerra en Ucrania era vital para replantear el control en Eurasia. Las Fuerzas Armadas, el FSB, el SVR, el FSO, el Ministerio del Interior y hasta el GRU y el GUKON ‘velaban armas’. En medio de todos ellos y al modo de ‘agentes libres’, operaban antiguos agentes del KGB…
¿De verdad se creen el cuento de que fueron ‘conducidos inexorablemente’ a invadir Ucrania por un artículo de Brzezinski, publicado en 1997? ¡Por favor! Claro que tampoco podemos afirmar tajantemente que la culpa haya sido totalmente de los rusos. Lo que les quiero decir es que las decisiones torales se tomaron en secreto y es posible que nunca sepamos con precisión quién empezó. O si lo prefieren, en tanto alguien de adentro no revele más información, lo único que podemos decir es que los aparatos de inteligencia y seguridad (de todos) comenzaron a prepararse casi al mismo tiempo para una nueva confrontación por lo que Mackinder llamó: el ‘Heartland’, porque quien impere ahí, controlará la ‘Isla Mundial’ cuya franja decisiva es Europa del Este, según el geógrafo inglés…
Los globalistas sabían que era necesario decidir los imperativos geoestratégicos del siglo XXI y los ‘securócratas’ rusos, también…
Si persisten las dudas, revisen lo que dijo Mijaíl Gorbachov en 2014, cuando aseveró que en 1990 no se negoció nada relativo a la ampliación de la OTAN. El primero en hablar de que la Alianza no se adentraría hacia el este, fue el alemán Genscher en 1990, mismo que igualmente aclaró que los soviéticos no lo tenían como algo esencial, sino como un asunto marginal, lo que explica que no insistieran en ello durante los acuerdos. Es decir: el tema estuvo en la mesa de negociaciones, pero lo fueron dejando de lado los propios representantes del Kremlin. La Unión Soviética estaba tan desmadejada que no podía ponerse muy exigente…
En 1993, Yeltsin asentó por escrito que la ampliación de la OTAN no era vista como una amenaza para Rusia. Cinco años después, cuando los países bálticos buscaron la membresía, tampoco fue considerada como un peligro geopolítico. En el caso ucraniano, mucho antes de Zelenski, hubo lideres prorrusos que buscaron sumarse a la Alianza…
De paso, déjenme decirles que argumentar el rompimiento de un presunto compromiso como causa de la invasión a Ucrania, en el sentido de que la OTAN no admitiría más integrantes del este, tiene cierto dejo de cinismo: la adhesión a tal o cual organismo internacional debe ser una decisión libre de los países a través de sus gobernantes y no producto de una negociación que no habría contado con la parte directamente interesada. ¿Lo ven? Por una razón o por otra, el argumento es insostenible…
Es más sincero decir que Putin invadió Ucrania porque así convenía a sus intereses geopolíticos y punto…
El poder de las dos tríadas
A partir de la caída de la URSS, Zbigniew Brzezinski entendió que pronto el mundo entraría a una confrontación global protagonizada por dos tríadas geoestratégicas que se disputarían el control de Eurasia: una, estaría integrada por la Unión Europea, Rusia y China; la otra, por Rusia, China e Irán. Desde entonces, daba por descontado que el poder global de Estados Unidos sufriría un cambio sustancial, con todo y que la Unión Soviética acababa de desaparecer y ellos eran la superpotencia. Conforme el mundo transitara hacia el siglo XXI, el dominio estadounidense sería prácticamente imposible de mantener y tendrían que decidir entre sostener lo insostenible o derivar a liderar el mundo en lugar de dominarlo. El futuro de Estados Unidos dependería de cómo fincara su relación con ambas tríadas. En la primera, se perfilaría el liderazgo; en la segunda, la transformación del dominio…
En la competencia global jugarían un rol importante una serie de potencias regionales cuya inclinación y correlación serviría para aclarar la viabilidad norteamericana como la gran potencia o propiciar el ascenso de otra. Por ejemplo, el eje francoalemán sería determinante en Europa Occidental, mientras en Europa del Este Ucrania constituiría el país pivote. En Asia, la India y Azerbaiyán…
En la segunda tríada, por su parte (Rusia, China e Irán), estaría ‘escondida’ otra tríada ‘menor’, pero necesaria en la disputa global, constituida por Irán, Turquía y Corea del Norte. En el entorno de China, tendríamos a una tríada más, integrada por Japón, Corea del Sur y Taiwán, y así por el estilo. Esto nos sirve para entender que, en paralelo a los actuales amagos arancelarios de Donald Trump, está la intención de asegurar el poderío de Estados Unidos convirtiendo la competencia de tríadas en una confrontación multipolar de redes alrededor de Beijing…
Si lo vemos bien, países como Turquía y la India desarrollan una trayectoria parecida a la de un ‘pasador’. Dependiendo hacia dónde se ‘corran’ en el tablero euroasiático, decantarán el resultado en un sentido o en otro…
Asimismo, el ascenso de países como Italia formará parte del equilibrio y contrapeso continental o intercontinental en Eurasia…
Geopolítica de la venganza
Obviamente, la lucha por la supremacía estaría no en función de parámetros ideológicos, sino de poder, de un lado y de viejos agravios, por el otro. Vean: Putin quiere saldar cuentas pendientes derivadas del fracaso soviético frente a Occidente, Xi Jinping tiene muy presente el llamado ‘siglo de la humillación’ (a manos de Occidente) e Irán se considera víctima de Israel y del mundo árabe manejados por los intereses de Estados Unidos y Europa Occidental…
Es una confrontación global centrada, sobre todo, en el odio, el rencor y los resentimientos. En síntesis: de la venganza, que no de la justicia…
Desde aquellos años, para Brzezinski no pasó inadvertido que el verdadero competidor de Estados Unidos sería China. Rusia estaría asociada en un segundo escalón, mientras Irán quedaría en un tercer nivel…
¿Verdad que así se entienden mejor los recientes bombardeos de Estados Unidos e Israel a Irán? En el fondo, es el intento de desmontar la segunda tríada…
Empero, en ese paso del siglo XX al XXI, había un problema a resolver: la importancia de integrar a Rusia a Europa y el peligro de que, al fortalecerse, retomase sus aspiraciones imperiales insatisfechas. Este fue el contexto en que Zbigniew Brzezinski pensó en la posibilidad de constituir ‘tres Rusias’ y no el de una ‘conspiración’, como Putin y los suyos han querido posicionar. Para el geo-estratega de origen polaco, una nueva Rusia imperial sería el camino directo a una nueva guerra mundial. Lo de Brzezinski quizás no era la solución ideal, pero sí al menos un intento de neutralizar el grave riesgo en que ahora nos encontramos…
Contra este plan reaccionaron Vladimir Putin y los siloviki. Por eso, clausuraron toda posibilidad de integrarse a Occidente y a la OTAN (democracia liberal y libre mercado), optando por apoderarse de dos polos regionales, como antesala de su ‘marcha sobre Europa y Asia Central’ en su totalidad. La ruta para hacerse con Azerbaiyán sería más ‘amistosa’, más ‘diplomática’, mientras que frente a Ucrania sería mediante la invasión y la guerra. Geopolítica pura y dura, regida solamente por factores de poder y nada más…
¿El retorno de un imperio y el ascenso de otro?
Desde finales del siglo pasado, Zbigniew Brzezinski advirtió de la importancia de impedir que Rusia se apodere de Ucrania, porque estaría en juego no solamente el control del Mar Negro y el acceso al Mediterráneo, sino también la vía al imperialismo eurasianista. Obviamente, en Ankara saben que, en automático, Putin se apoderaría de Turquía, que se convertiría en un vasallo. Si Ucrania cae en manos de Rusia, nada detendría a Putin para continuar hacia Polonia y Alemania (así como el Báltico), a la par de adueñarse de los Balcanes. Presten atención a lo que están haciendo en esas zonas los enviados de Trump mediante proyectos de inversión en alianza con los árabes…
He aquí la explicación del apremio con el que Polonia busca encabezar las defensas de la OTAN en Europa Central y los dilemas de Europa del Norte. Recuerden la acelerada estrategia rusa en torno a la ruta del Ártico y los planes de Trump en esa misma dirección, como lo vimos en otra entrega…
Sin duda, Ucrania implica un punto delicado a resolver por parte de Trump, que forzó a la Unión Europea y a la OTAN a asumir los costes de su defensa y a respaldar a Ucrania directamente, en lugar de ‘cobijarse’ en Estados Unidos. El malestar ruso y chino ha sido innegable, propiciando que Beijing asegure que no permitirán que Moscú pierda esa guerra. El trato hacia Azerbaiyán también es ‘terso’ por parte de Occidente y vean cómo el país que determina el control del Cáucaso ha comenzado a alejarse de la esfera de influencia rusa…
Perder en Ucrania y en Azerbaiyán significaría tanto el fracaso de Rusia como la desarticulación del proyecto chino de la Franja…
La alianza sino-rusa trató de embaucar a Estados Unidos en una guerra larga con Irán, lo que revela por qué fue una ‘guerra rápida’ de doce días. Aquí se insertan los amagos de Jamenei sobre continuar sus proyectos nucleares y el abandono de todo acuerdo internacional en esa materia, así como la advertencia de Washington en el sentido de que pueden atacar a Irán en el momento que sea y la presión que ejerce Reza Pahlavi buscando un cambio de régimen…
Pretendiendo distraer a Estados Unidos, Xi Jinping maniobra empujando a Sudamérica a través de los BRICS para crear un corredor transoceánico en Sudamérica, a lo cual Trump respondió con aranceles contra Brasil. Como es lógico suponer, luego de la zarandeada a Irán, Venezuela quedó desprotegida, lo que afecta a la Colombia de Petro. El estado de salud de Daniel Ortega no pinta bien y el sistema cubano está colapsado. Por eso, Trump aumenta la presión sobre todo aquel que preste algún tipo de ayuda a los que considera sus enemigos. Es un asunto de seguridad nacional…
En la OTAN ya lo han precisado: la Tercera Guerra Mundial empezará cuando Rusia ataque a los países de la OTAN y China invada Taiwán…
Hasta entonces…
