CONfines Políticos
5 de diciembre de 2025
Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com
El año 2025 está terminando con una disputa inusual por el relato en torno a la Segunda Guerra Mundial. Ya no se trata solamente de rusos (otrora soviéticos) defendiendo su importancia en aquel momento o adjudicándose la victoria frente a la Alemania nazi, sino también de profesores, investigadores, líderes de opinión y articulistas occidentales enfrascados en convencer a la opinión pública de que la interpretación imperante ha sido una mentira, orquestada desde entonces y hasta ahora principalmente por polacos. Para unos, se trata de personas de buena fe destacando ciertos aspectos de la guerra en detrimento de otros, para consolidar una versión diferente de la habitual. Una segunda hipótesis los mira como parte de los reacomodos en las perspectivas geopolíticas, provocados por el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca y que en parte serían el reflejo del forcejeo con los globalistas, cuyos enfoques que los llevaron a ganar la Guerra Fría, tuvieron una impronta precisamente polaca…
Claro que tampoco faltan los malpensados que van más allá de lo anterior y consideran que forman parte de una estrategia de mayor calado, al modo de un eje, que va de la Casa Blanca al Kremlin, y en la cual Beijing busca la manera de acomodarse. En tal caso, serían piezas de una maniobra que pretende allanar el camino ante un eventual acuerdo entre Donald Trump y Vladimir Putin sobre la guerra en Ucrania, la relación con la Unión Europea y la OTAN, así como jugosas inversiones que habrían acordado ambos gobernantes en torno a la ruta del Ártico e importantes regiones de Eurasia…
¿Quién tiene la razón? Es difícil responder esa pregunta. Sin embargo, un punto delicado estriba en lo que parece ser un intento no sólo revisionista de la historia de la Segunda Guerra Mundial y la Unión Soviética, sino primordialmente de rehabilitar a Stalin como un buscador de acuerdos para impedir el triunfo de Hitler y afianzar la seguridad en Eurasia, aunque para ello se minimicen las dimensiones más sórdidas del dictador soviético…
La rehabilitación geopolítica de Stalin
Pero no se piense que me refiero a gente como Tucker Clarkson, sino a profesores de universidades como la de Montreal, Columbia, etcétera, así como militares retirados y exagentes de la CIA. Es significativo el empeño que ha puesto en mostrar una imagen positiva de José Stalin el profesor Michael Jabara Carley, de la Universidad de Montreal, lo que se puede constatar en sus libros y artículos. Mucho de lo que dice Carley es verdad, pero a cambio de eclipsar o de plano ignorar diversos episodios del georgiano: su admiración e identificación inicial con Hitler (atestiguado por el que fuera su operador de cine), la persecución contra enemigos políticos de origen judío, las purgas que impulsaba (para, luego, culpar, a sus incondicionales de haberlas planeado y ejecutado), la persecución religiosa contra el cristianismo (ortodoxo y católico, para terminar cooptando a los primeros), su estrategia de terror dentro y fuera de la URSS y, de manera particular, el llamado ‘Holodomor’ (‘Muerte por inanición’) contra Ucrania…
Es verdad que los campesinos ucranianos prefirieron destruir sus arados e instrumentos de labranza, matando de paso a sus animales, pero la hambruna no fue producto solamente de una combinación de eso con las condiciones climáticas adversas entre 1932 y 1933, como sostiene Carley. Los ucranianos actuaron de esa manera porque los querían forzar a la colectivización de las granjas. Son muchos los testimonios que narran cómo llegaban a cualquier hora a quitarles lo que tenían para integrarlo en las granjas colectivas. Es decir: de todos modos, se los iban a quitar. La hambruna fue de la mano de la acción cruel de la policía secreta de Stalin. Lo más triste para los propios ucranianos es que hubo colaboración de funcionarios locales, en lo que, al final, cobró la vida de alrededor de cuatro millones de habitantes…

Asimismo, Stalin terminó rompiendo con Hitler no por diferencias ideológicas, sino por geopolítica pragmática: el control de Europa del Este. La Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin entraron a la guerra como aliados mediante un pacto de no agresión. No es fácil argumentar que Stalin haya carecido de responsabilidad en el estallido bélico. De hecho, aunque mucho del material impreso fue destruido después, abundan los testimonios sobre las publicaciones oficiales soviéticas apoyando lo que Hitler estaba haciendo en Europa…
Está probada la importancia de intelectuales de origen polaco o de familias provenientes de allá, que moldearon parte de la visión estadounidense sobre Stalin y la URSS, como el propio Zbigniew Brzezinski, Adam B. Ulam, Richard E. Pipes, Daniel Bell y otros más, pero igualmente debemos considerar la desestalinización iniciada en tiempos de Nikita Kruschev, que incluyó la filtración de información clave sobre los crímenes de Stalin, o los llamados del Papa Pío XI a la comunidad internacional ante la dura persecución anticristiana. En los extremos, debemos tomar con prudencia lo publicado por Aleksandr Orlov, que fuera agente del NKVD, porque, para empezar, trata de exculparse o las memorias de Svetlana, la hija de Stalin, que reconoce los crímenes tan brutales, pero atribuye la responsabilidad a Laventri Beria, a alguien más del entorno de su padre o a todo el aparato comunista…
Desde el famoso Informe de Kruschev, dos años después de la muerte de Stalin, donde aborda parte de lo ocurrido, hasta el contexto de la caída de la URSS, la imagen del tirano se fue desmoronando. Es Vladimir Putin el principal interesado en rehabilitarlo y habría que preguntarle los motivos…
¿Realmente la Unión Soviética ganó la Segunda Guerra Mundial?
¿Por qué perdió Hitler la guerra, cuando, al menos al principio, parecía una victoria? ¿Fue gracias a la URSS? No, lo que no significa minimizar lo ocurrido en el frente oriental. Un hecho como la Segunda Guerra Mundial fue tan complejo, que no se puede explicar cabalmente argumentando desde un ángulo. En primer lugar, Hitler carecía de formación castrense, no era un estratega geopolítico ni militar y no entendía del todo la importancia estratégica de la fuerza aérea. Sobre la marcha, eso se convirtió en un problema para continuar con los éxitos de la ‘guerra relámpago’ (Blitzkrieg) inicial. No es lo mismo la genialidad para hacerse con el poder, basada en discurso, propaganda y efectos visuales impactantes (uniformes, abrigos, entre otras cosas), que tomar decisiones militares o geoestratégicas. En esto último, Hitler fue simplista y obsesivo…
Hitler comenzó a perder la guerra en la batalla de Dunkerque (1940), cuando, por un lado, la capacidad de Hermann Göring quedó rebasada (el ataque aéreo era fundamental) y, por el otro, la enigmática decisión de suspender tres días el avance sobre Dunkerque, lo que dio tiempo a los aliados para organizar la evacuación. Hasta la fecha, sigue siendo un misterio la aprobación de Hitler a un plan sugerido por dos militares de rango, que le recomendaron mejor consolidar posiciones. Tan delicada era la situación de los aliados, que en Londres se llegó a considerar capitular. ¿Quería el dictador Adolfo Hitler enviar una señal amistosa para sellar un acuerdo con los aliados, poniendo fin al conflicto en el flanco occidental y enfilarse contra la URSS? No lo sabemos con certeza. Para otros, las intenciones de Hitler eran, más bien, sentar las bases para una alianza con Churchill y Roosevelt, más acorde con la visión geopolítica de Karl Haushofer…
Quizás fue una decisión estúpida por parte del líder nazi y nada más…

En 1941, teniendo abierto el frente occidental, Hitler autorizó la Operación Barbarroja contra la Unión Soviética, lo que le consumió muchos efectivos y recursos militares que pesaron en el desenlace de la guerra. Ese fue un error estratégico tan grave como el de Dunkerque y es lo que, aunado a que la Alemania nazi se rindiera ante los soviéticos, se ha usado para afirmar que la URSS fue la ganadora de la guerra. Pero es una verdad mutilada. Hubo dos rendiciones: la primera, el 7 de mayo de 1945 ante el General Dwight D. Eisenhower en Reims, que entraría en vigor el 8 de mayo a las 23:01 (hora central europea), pero Stalin no quiso aceptarlo, argumentando que debía ser en Berlín y con un militar alemán de rango. Se firmó una segunda rendición al día siguiente en Berlín, ante un mariscal soviético y una delegación aliada, hecha efectiva el día 9 de mayo. Esta es la fecha que celebran en Rusia, obviando la primera y desestimando que la delegación aliada estaba presente. No fue una rendición ‘ante’ los soviéticos solamente…
La cosa está clara: con la primera rendición, la Alemania nazi quería negociar que le permitieran seguir peleando en el frente oriental contra la URSS…
¿Y la toma de Berlín? Esa es otra verdad a medias por parte del Kremlin y sus afines. Las fuerzas aliadas occidentales fueron las primeras en quedar en posición para apoderarse de la Capital alemana, pero Eisenhower ordenó detener el avance del General Omar Bradley y del Mariscal Montgomery en la demarcación ubicada en el río Elba y el río Mulde, para no estropear lo acordado en Yalta sobre el reparto de Alemania y de Berlín. Desde el punto de vista militar, Eisenhower previó tres cosas: liquidar lo que restaba de la capacidad de combate nazi en otros puntos, entrar a Berlín desde dos posiciones distintas daría pie a tiroteos accidentales entre ellos y los soviéticos, y, finalmente, la Capital sería defendida a muerte por verdaderos fanáticos nazis, implicando un precio elevado en vidas humanas para el ejército que la tomara, y, efectivamente, murieron muchos soviéticos en las calles de Berlín…
Resulta tragicómico que, hasta el día de hoy, el Kremlin siga festejando un suceso que, sin negar su importancia, se debió a que fueron usados por Eisenhower para que los muertos los pusiera “la casa de enfrente”. Pero, en fin, en esta recta final del año, el tema del ‘Día de la Victoria’ ha sido retomado para preparar el camino ante un eventual acuerdo en torno a Ucrania…

El otro extremo del relato bélico
¿Terminó la Segunda Guerra Mundial en ese momento? No, la guerra siguió en Asia hasta el 15 de agosto de 1945, cuando el emperador Hirohito anunció la capitulación mediante mensaje radiofónico grabado un día antes. La rendición se firmó el 2 de septiembre ante el General Douglas MacArthur…
Esto explica el ‘otro relato’ que está en pugna, el de China. En septiembre, China realizó un impresionante desfile militar, buscando posicionar la versión de que los verdaderos vencedores fueron Beijing y Moscú, olvidando que, precisamente en los días de la rendición japonesa, China se sumó a la presión que ejercía Estados Unidos sobre Japón, invadiendo a su vez Manchuria, controlada por los japoneses. ¿Se remontaba Xi Jinping al pasado solamente? Claro que no. Hubo un mensaje implícito para Japón, considerado como su enemigo histórico (vean las recientes tensiones por Taiwán). En todo caso, se quiere reescribir la historia posterior a 1945, “A medida que el orden internacional de la posguerra encabezado por EE. UU. se desvanece”, como dijo Katrin Bennhold en The New York Times…
Lo de septiembre fue una demostración de poderío militar chino con un destinatario: Estados Unidos. Una muestra de su capacidad de expansión global y el lugar no pudo ser más significativo: la Plaza de Tiananmén, donde, en 1989, el régimen chino aplastó las protestas lideradas por estudiantes que exigían más democracia y libertad. Un mensaje hacia adentro y hacia fuera de China…
La Geopolítica está unida a la Historia y la disputa por la supremacía global en el siglo XXI pasa por desmontar el proyecto globalista como lo hemos conocido, para desbancar a la potencia estadounidense, mientras Donald Trump se esfuerza en deslindar a su país del globalismo, de tal modo que su fracaso no sea el de Estados Unidos y mantener su viabilidad…
Sin embargo, hay un aspecto crucial dejado en segundo plano: ¿rehabilitar la figura de Stalin, pasa por repensar el mensaje de Fátima? Entre todo lo que se ha publicado y opinado al respecto, no debemos olvidar que la Virgen de Fátima anunció una nueva guerra que estalló siendo el georgiano el mandamás en el Kremlin. Hoy, que el principal interesado en rehabilitarlo es Vladimir Putin, cuyo discurso es frontalmente belicoso, cabría preguntarse si una cosa implica la otra…
Tal vez esta sea la única verdad en pie en el siglo de la posverdad intramundana…
Hasta entonces…
