
Geopolítica del último hombre en pie – Juan de Dios Andrade
¿Qué es lo que realmente está en vilo a partir del 2 de abril? ¿Es una cuestión puramente arancelaria, por complicada que resulte o hay algo más en todo este forcejeo global? ¿Es la teoría del loco y la geopolítica del ‘último hombre en pie’? ¿Se trata solamente del futuro de una superpotencia o el advenimiento de otra?
CONfines Políticos
4 de abril de 2025
Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com
Herman Kahn arribó a la Corporación Rand en los albores de la Guerra Fría, en donde pronto se convertiría en el estratega nuclear más brillante que ha habido. Como fruto de sus análisis físicos y matemáticos, en 1960 publicó el libro: Sobre la guerra termonuclear, que lo convertiría en un referente internacional sobre el tema. Al año siguiente, la Rand le resultaba insuficiente para lo que deseaba hacer y renunció, abocándose a fundar un organismo más acorde con sus objetivos. Así nació el Instituto Hudson, del cual fue su director. Para 1962 publicaría otra de sus obras más leídas: Pensando en lo impensable. En ese momento, las investigaciones de Kahn eran lectura obligada en los altos círculos militares y de estrategas nucleares de Estados Unidos…
Detengámonos en el segundo libro…
Un estratega brillante
En Pensando en lo impensable, Herman Kahn afirma que a ciertos adversarios hay que hacerles frente actuando como un loco, con la intención de hacerlos desistir de atacarte y desencadenar una guerra a gran escala. La llamada ‘teoría del loco’ tiene raíces más antiguas y podemos rastrearla hasta pensadores como Nicolás Maquiavelo, que recomendaba atreverse a hacer lo que tu adversario cree que no vas a hacer, valga la expresión…
Esto lo pondría en práctica Richard Nixon al llegar a la Casa Blanca, buscando disuadir a la Unión Soviética de no atacar nunca a los Estados Unidos, porque poseía capacidad para realizar un ‘segundo ataque’ como respuesta inmediata a uno lanzado previamente por el Kremlin. Lo mismo puso en práctica en el Extremo Oriente y el resto de Asia…
Podría citar más casos, pero es evidente que Vladimir Putin ha usado esa estrategia en la invasión a Ucrania y en sus tensas relaciones con la Unión Europea y la OTAN. Es posible que jamás se atreva a ‘apretar el botón nuclear’, pero a todos hace creer que sí y mediante armas hipersónicas. Es verdad que Xi Jinping ha lanzado diatribas en el mismo sentido, pero no ha sido del todo convincente al referirse a Taiwán, mucho menos ahora que maniobra para fincar una nueva relación con Japón y Corea del Sur…
Asimismo, desde el 2 de abril estamos ante una nueva versión de las tesis de Herman Kahn al dar a conocer Donald Trump sus tablas arancelarias, que parecen ser el inicio de una guerra económica y comercial como no se había visto, con un fuerte componente inflacionario y recesivo. No ha estallado una guerra termonuclear, pero, mientras el sistema global cruje con el riesgo de volar en mil pedazos, podríamos estar a las puertas de una guerra arancelaria de proporciones y efectos difíciles de calcular en este instante. El siempre peligroso juego del ‘ultimo hombre en pie’. ¿Pero realmente Trump está loco? Porque, en las estrategias creadas por Herman Kahn, la idea es parecer un demente extremista, mas no serlo…
¿A las puertas del caos?
Desde este punto de vista, hay dos posiciones: la de los que consideran que es una edición recargada de los mecanismos de Trump para forzar una negociación que asegure la supremacía estadounidense y la de los que piensan que ha llegado la hora de demostrarle al presidente de Estados Unidos que hay gente más loca que él y piensan responderle en los mismos términos y en bloque. Aquí se insertan la Unión Europea, especialmente las posiciones de Emmanuel Macron y Ursula von der Leyen, en tanto Giorgia Meloni se limita a decir que los aranceles son un error, e igualmente China, Japón y Corea del Sur. Suponiendo que los aranceles sean una simple estrategia de Trump para negociar en mejores condiciones, curiosamente lo que podría provocar que la guerra arancelaria adquiera proporciones apocalípticas es precisamente una respuesta en bloques o en cascada: el mundo contra Estados Unidos en una realidad post-capitalista. Ni más ni menos…
Tampoco creo que los que piensan responderle a Trump estén locos, pero, de amago en amago y de arancel en arancel, los efectos podrían ser graves para todos…
De paso, cabe señalar que los acercamientos entre China, Japón y Corea del Sur podrían convertirse en un asunto geopolítico delicado para Estados Unidos, pero hay otro aspecto igualmente importante: un nuevo sistema en el Extremo Oriente alejaría el peligro de una guerra allí, sobre todo por el control de Taiwán y el Mar de China. Xi Jinping sería el menos interesado en una guerra que le descomponga lo que ahora está tejiendo. El tiempo y los hechos dirán si fue un error garrafal o un gran acierto del mandamás norteamericano…
Por lo pronto, ante Irán, los hutíes y otros poderes fácticos regionales, Donald Trump trata de parecer como suficientemente loco en el Medio Oriente…
Entre el futuro y la bisagra de la Historia
¿La importancia de Herman Kahn se reduce actualmente a la teoría del loco? Claro que no, al fundar el Instituto Hudson en 1961, iniciaba una nueva etapa para el futurismo, más ligado a bases científicas. Ahora se trataba de configurar el futuro y, para ello, se atrajo a distinguidos intelectuales como Daniel Bell (filósofo de cuño ácrata, con su teoría del fin de las ideologías), Raymond Aron (extraordinario teórico francés del liberalismo y crítico acérrimo del extremismo ideológico) y el escritor Ralph Ellison (sí, porque la futurología requiere de hombres de letras y les recuerdo que Ellison es el autor de la novela: El hombre invisible). La teoría de juegos y el análisis de escenarios se convertirán en la especialidad de Kahn…
Kahn se opuso férreamente a los neomaltusianos y al tremendismo y catastrofismo que cundía en los años Setenta: Cuando el destino nos alcance (Soylent green), Fuga en el Siglo XXIII (Logan’s run), Apocalipsis nuclear (A boy and his dog), Apocalipsis now y muchas más. Como se dijo sobre él, Herman Kahn fue “un futurista que intentó afrontar la historia antes de que sucediera” o tal vez sea mejor decir que, para él, la Historia consistía en configurar el futuro. Es la Historia vista hacia adelante, una certeza vestida de esperanza, una apuesta de futuro con el ropaje de la convicción…
En este punto, aunque en otros aspectos se parezcan, Trump y Putin discrepan. Mientras para el primero la Historia está en el futuro, para Putin el futuro está en la Historia. No es un juego de palabras. Mientras hay una clara influencia de Kahn en el entorno de Trump, en el de Putin gravitan las ideas de Peter Turchin y su teoría de la Historia circular. Vladimir, al igual que Turchin, cree en el poder predictivo de la Historia, cuyas bases científicas deben replantearse desde esta perspectiva. Así como Kahn desestimaba las tesis de Malthus, Peter Turchin las reinterpreta y cree que la violencia es el hilo conductor de la Historia. Los cambios drásticos sobrevienen al ocurrir una ‘sobreproducción de élite’, que ocurre cuando estalla una rebelión contra el sistema desde la propia élite. Eso es Donald Trump para Turchin y su visión es una alternativa a la de Aleksandr Dugin, más cercana al ocultismo…
A medio camino entre las posiciones rusas y estadounidenses, están las ideas sobre ‘La bisagra de la Historia’ del filósofo británico Derek Parfit con su libro On what matters (2011), donde sostiene que nunca se había vivido una época como la nuestra, donde el ser humano aumenta su control sobre el futuro mediante los espectaculares avances científicos y tecnológicos. Predice que pronto seremos capaces de modificar nuestro entorno, a nosotros mismos y a nuestros descendientes. ¿Asistimos al declive definitivo de la potencia americana o al principio de un relanzamiento de esta? Con Biden, el discurso de sus adversarios iba en el primer sentido, al arribar Trump por segunda ocasión, hasta Putin tuvo que cambiar la narrativa…
El futuro de una tristeza
Es posible que lo que ahora tenemos enfrente no sea el anticipo del futuro que está por llegar ni un desenlace del pasado lejano, sino de algo más reciente que corrió aparejado con la Guerra Fría y me refiero a los llamados ‘Treinta gloriosos’, que designa a la etapa que va de 1945 a 1975, años caracterizados por el despegue del consumismo y el éxito económico, la época dorada del estilo americano, el feminismo, la sexualidad llevada al pansexualismo, la irrupción del aborto y del control natal como fenómenos ideológicos, a la par del relajamiento moral y de las costumbres, primero en Estados Unidos y Europa, y, luego, en el resto del mundo…
Sin duda, los ‘Treinta gloriosos’ están sintetizados en la célebre novela: Buenos días, tristeza (1954), escrita por Françoise Sagan cuando contaba con escasos 18 años, retrato de una sociedad francesa consumista y banal de la posguerra, que ya registra la ruptura entre el sexo y el amor, entre el sentido de la vida y el misterio de la muerte, así como el rechazo a la maternidad. Se anticipó a lo que en breve llegaría. Seis años después, en 1960, Federico Fellini sorprendería al mundo con su película: La dolce vita, que sigue las huellas plasmadas por Françoise Sagan en Buenos días, tristeza…
¿Cuál es el mundo que está muriendo? Me lo pregunto. ¿Cuál es el estilo de vida que estamos despidiendo? ¿Lo que venga será mejor o peor? ¿Es todo sólo una cuestión arancelaria? ¿Nacionalismo contra globalismo? Aquí el dilema estriba en si el caso quedará en dirimir el futuro de una superpotencia o el advenimiento de otra, o si, en su defecto, seremos capaces de afianzar una realidad y un futuro verdaderamente humanos. Guerra de titanes, geopolítica del ultimo hombre en pie o globalización de ese tipo de esperanza que llamamos: solidaridad…
Hasta entonces…