CONfines Políticos
Se equivocan rotundamente los que creen que presenciamos la transición del poder global de Estados Unidos al poder global de China. Estamos ante algo más complejo. Tanto, que lo que resulte no será una realidad unipolar. Como bien lo ha dicho Mark Leonard en Foreign Affairs, no es un interludio entre dos potencias y sus respectivos órdenes. Es verdad que, como en todo momento similar, algo de lo anterior sigue vigente, mientras otros aspectos se han derrumbado o están por hacerlo. Lo más peligroso es que haya líderes que no distingan una cosa de la otra y se aferren a lo que se está desmoronando…
Es el triste espectáculo que están dando la OTAN y la Unión Europea que no terminan de entender que el orden anterior se ha ido. Australia sigue apostando al triángulo de seguridad con Estados Unidos e Inglaterra, pero no será por mucho tiempo…
Se niegan a ver lo evidente. Donald Trump socavará hasta el final el orden surgido de la Guerra Fría porque sabe que no da para más y deberían ocuparse en determinar cómo van a afrontar la espiral de inestabilidad y atomización, en lo que se dan las condiciones para instalar un nuevo sistema donde quizás EE. UU. siga siendo la potencia suprema, pero sin controlar todos los mecanismos del poder global. Si fuese China u otro, sería la misma situación…
Ciertamente, lo que vemos tiene mucho de novedoso. Las maravillas tecnológicas son innegables, especialmente las relativas a la Inteligencia Artificial. Pero no todo es nuevo. Asistimos al desenlace de un proceso que arrancó hace sesenta años, cuando se previó que Estados Unidos no tendría en sus manos todos los hilos de las decisiones y hoy estamos en ese punto…
la solución estaba afuera
Estados Unidos pasó de los Sesenta a los Setenta en medio de una escenario interno y externo que tendía a ser cada vez más complejo. Entrampado en la guerra de Vietnam, el descontento social apuntaba a que tendría que sacar las manos lo antes posible, mientras se posicionaba la imagen de impotencia ante el avance del comunismo. La inflación ejercía una fuerte presión en la economía de las familias y, para colmo, ocurrió la crisis del petróleo, mientras Richard Nixon hacía malabares sin encontrar una solución. La conquista de la Luna había sido un buen cierre de la década anterior, pero su efecto tendía a diluirse…
Para vencer geopolíticamente a los soviéticos, Washington necesitaba aliados a los cuales tenía que hacerles concesiones y considerarlos en la toma de decisiones. La complejidad del contexto y la del camino que se abría eran inequívocos: la potencia americana no tendría el monopolio del poder, aunque, de tener éxito, conservaría la preeminencia. Esta será una de las conclusiones más lúcidas de Zbigniew Brzezinski en aquellos años…
Brzezinski atrajo la atención de los académicos y de los círculos de poder en Washington al escribir un artículo formidable, precisamente en Foreign Affairs, que en breve se convertiría en un libro exitoso: Entre dos épocas, donde proponía modifica sustancialmente el enfoque estadounidense sobre la Guerra Fría…
Si se necesitaban aliados, eso significaba que debían establecer un sistema mundial cuyo alcance rebasaba a Estados Unidos. Es decir: lo instalarían ‘afuera’, integrado por Norteamérica, Europa Occidental y Asia liderada por Japón. Brzezinski tenía claro que era indispensable incorporar a Japón, lo que en el mediano plazo pasaba por ampliar el concepto de ‘Occidente’. Asimismo, tenían que convencer a los satélites de la URSS de que Estados Unidos no era adversario de ellos…
Nadie pensaba en crear otra organización
Zbigniew Brzezinski empezó una creciente relación con David Rockefeller, con quien compartía muchas se las inquietudes sobre el futuro del mundo, a partir de las cuales se organizaron reuniones académicas de manera privada para madurar la idea. Las relaciones de los Rockefeller son amplias e importantes, y aprovecharon la 21ª Reunión del Grupo Bilderberg de 1972 en Bélgica. Hubo 103 asistentes inquietos por la crisis del sistema financiero internacional, tras el llamado ‘Nixon Shock’ del año anterior. Cabe señalar que las reuniones son a puerta cerrada y, luego, se difunde parte de lo ahí tratado. Esto es lógico: hasta la fecha, los asistentes son personajes con mucho poder. Expresar públicamente lo que piensan sobre tal o cual tema puede provocar efectos a escala global…
En aquella ocasión, primero se presentó un informe que indicaba el fin de la primacía económica de Estados Unidos y la necesidad de integrar a Japón como socio de primer nivel. En consonancia con los análisis de Brzezinski, David Rockfeller propuso que se creara dentro de Grupo una comisión internacional que incluyera a la élite político-financiera japonesa…
¿Saben qué pasó? Perdieron la votación. Los Bilderberg optaron por mantener su perfil original trasatlántico: Norteamérica y Europa Occidental, facilitando relaciones y neutralizando toda actitud antiestadounidense en Europa…
Si los Rockefeller fueran la clave de la élite de familias que dominan al mundo, jamás habrían perdido esa votación. Pero no faltan los que gustan de seguir extraviados en los pasillos de las teorías de la conspiración…
De un ‘no’ rotundo se pasó al proyecto de formar un organismo externo. En Bélgica, Rockefeller y Brzezinski aprovecharon la ocasión para tender los primeros puentes y, en poco tiempo, iniciaron más reuniones privadas en Norteamérica, Europa y Japón que desembocaron, en 1973, en la fundación de la Comisión Trilateral en Tokio…
La Iglesia Católica nuca llega tarde
Quedémonos con los aspectos torales de lo que se pensaba desde antes de crear la Comisión Trilateral: fin de la primacía financiera y económica estadounidense, necesidad de un sistema global que Estados Unidos tendría que compartir e incorporación de Japón como socio y aliado. Se trataba de alzarse con la victoria en la Guerra Fría ante los soviéticos, pero igualmente de anticipar lo que harían ante una realidad cada vez más compleja…
En el Kremlin entendieron lo que se avecinaba en medio de una lucha occidental contra el comunismo. Será la maquinaria de inteligencia y seguridad de la URSS la que eche a andar una estrategia de propaganda tendiente a convencer a la opinión pública de Occidente de que organismos como los Bilderberg, la Trilateral, el Consejo de Relaciones Exteriores y similares, eran conventículos secretos que pretendían establecer un gobierno mundial y llevarnos a todos hacia el comunismo como fase superior del capitalismo…
Para lograr su cometido, los soviéticos necesitaban tres cosas: convencer a católicos y evangélicos de que estaba en ciernes dicha conspiración, y desorientar a la Iglesia Católica en su propio combate al comunismo. Estando fresco el Concilio Vaticano II, la propaganda soviética le atizó a los tradicionalistas para que pusieran en duda la legitimidad de los papas posteriores a Pío XII, convirtiéndose en sedevacantistas…
La verdadera intención era convertir la lucha contra del comunismo soviético en una confrontación contra los pontífices legítimos (lucha al interior de la Iglesia) y desviarla geopolíticamente hacia el trilateralismo…
Reflexionando sobre lo ocurrido a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial y el auxilio brindado por la Iglesia, Juan XXIII y Paulo VI venían adelantados. Proclamaron la libertad religiosa y echaron abajo el antisemitismo teológico. Claro que no faltan los que sostienen que la Iglesia siempre llega tarde…
El mundo 60 años después
Durante la Guerra Fría, el sistema trilateral comenzó a conectar cada vez más al mundo. Ayudado por los constantes avances tecnológicos, pudieron prolongar la primacía estadounidense. Sin embargo, se produjeron efectos que no han sido muy benéficos que digamos para todos. Parte de ese proyecto es insostenible el día de hoy, mientras otra todavía es válida o se sostendrá un poco más. No es algo que atañe solo a Estados Unidos. Prácticamente será imposible que otra potencia logre imperar totalmente. El escenario es demasiado complejo como para ser regido de manera unipolar. Al menos no como lo hizo la potencia americana…
En este momento, nadie está en condiciones de establecer un gran proyecto que desplace lo que queda en pie. Eso será después. Ahora, lo que se requieren son alianzas y acuerdos regionales y focalizados para atender lo urgente y amortiguar las consecuencias de la inestabilidad. En lugar de un orden global, urgen sistemas y reglas regionales para garantizar la convivencia más o menos pacífica…
Con todos los defectos que eso pueda tener, hacia allá apuntan casos como el del reciente Acuerdo para la Defensa de la Meca entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán. Es verdad que Benjamín Netanyahu la rechaza y teme que se expanda la presencia turca en Siria y otras regiones, reaccionando de una manera peligrosa…
Los vaivenes financieros de este miércoles en Japón por la venta masiva de bonos del Tesoro de Estados Unidos, es una prueba más de que el sistema de alianzas creado a partir del proyecto trilateral se ha agotado…
Washington no desea cargar con toda la responsabilidad de la estabilidad global, ni ser el único garante de la seguridad ni del comercio. Se necesita un nuevo tipo de alianzas y reparto de responsabilidades en un mundo que podría ser posglobal…
Hasta entones…
