Fernando Guzmán Pérez
Este domingo se juega la final de la copa del mundo: España vs Argentina que promete ser un gran partido.
Terminará un mundial que ha tenido de todo.
Fue una terapia colectiva para millones de mexicanos ansiosos de optimismo y de esperanza, cansados de polarización y demagogia, que por unas semanas dejamos de lado los sufrimientos y preocupaciones cotidianas de nuestra gran nación para en sintonía vibrar con los triunfos de la selección mexicana, que terminó tristemente con el choque con los ingleses, pero poniendo el corazón en la cancha.
Ha sido un mundial de contrastes desde la omisión de tarjeta roja que merecía Messi por la patada en el partido contra Argelia, hasta su juego genial y sus goles, desde lo que muchos consideramos el “robo” a Egipto en su partido con los argentinos que sufrieron la anulación de un gol legítimo y no marcaron un penal en falta contra Mohamed Salah y que acumuló 6 millones de ‘likes’ en internet pidiendo a la FIFA la expulsión de Argentina, hasta la gran victoria de estos contra la poderosa escuadra inglesa; desde la genialidad del futbol español que dejó perplejo al equipo francés y a Mbappé para pasar a la final.
Desde la entrega, la calidad y el pundonor de un pequeño país de África, Cabo Verde que sorprendió a todos hasta el último momento, hasta la intromisión de Trump quien llamó a Infantino presidente de FIFA para exigir le retiraran la tarjeta roja al capitán de USA lo que le fue concedido.
Fue el mundial de los grandes porteros que brindaron atajadas extraordinarias y de combinaciones relampagueantes con excelente técnica que terminaron en grandes goles.
Fue también el mundial de la ambición desmedida del imperio de la FIFA que se impuso sobre los mismos gobiernos de los países a los que obligó a grandes inversiones y condiciones que debían ser inaceptables o al menos negociables, como la extensión de impuestos, – aunque algunos países sede cedieron más que otros – se sabrá más una ves terminada la fiesta.
Los boletos de acceso a los estadios subieron sus precios y se duplicaron o más con relación al mundial de Qatar, que ya había duplicado también con relación al de Rusia; en México los famosos ‘fan fest’ promovidos desde los gobiernos como parte de la “terapia social” para permitir el acceso “gratuito” a las plazas con grandes pantallas pero con venta de bebidas y alimentos a precios que triplicaban a los de los comercios colindantes que eran segregados muchas veces de lo que sería – así se había promovido- la oportunidad de captar turismo deportivo, que quedó muy muy lejos de los millones de visitantes que supuestamente íbamos a tener. Se habló de hasta 5.5 millones de turistas internacionales y la cuenta oficial del Consejo Empresarial Turístico fue solo de 850 mil en las tres ciudades mexicanas. Guadalajara sacó la mejor parte en cuanto a visitantes, organización e infraestructura, que fue terminada a tiempo y mejoró extraordinariamente las vialidades al aeropuerto y sus accesos que fueron terminados a tiempo y quedarán en beneficio de los jaliscienses.
La CDMX salvó con el mundial su aeropuerto el AICM que se estaba dejando caer en pedazos para impulsar artificialmente el AIFA, aunque tuvo que lamentar 4 muertos en los festejos por la incapacidad logística de prevención del gobierno de la ciudad y la excesiva promoción de los ‘fan fest’ que fueron rebasados ante los triunfos de la selección.
Destacó la noticia de la ausencia de la presidenta Sheinbaum en la fiesta de la inauguración, sin precedente en los mundiales y la mediocridad de la ceremonia de inauguración ante el enorme potencial que tiene México por su historia y tradiciones.
A reserva de analizar las cuentas finales de la FIFA a pesar de más de $12,000 millones de US dólares de ingresos y de las excepciones fiscales no queda claro el balance de resultados cuando estiman “utilidades” sobre los $1,000 millones.
Destacaron historias de vida como la del gran guardameta Vozinha de Cabo Verde de 40 años; la del entrenador de Noruega Solbakken que en 2001 siendo jugador sufrió un paro cardíaco en un partido y fue revivido después de 7 minutos sin respirar para luego retirarse y regresar como entrenador con gran éxito; la de Messi que en una campaña a favor de los niños de UNICEF en 2001 siendo ya jugador del Barcelona, bañó en una tina a un bebé a quien ahora enfrentará en la final, nada menos que Lamine Yamal; la del entrenador de España Luis de la Fuente quien reconoce que hace oración todos los días, no para pedir que gane su equipo, en lo cual se empeña profesionalmente, sino para dar gracias a Dios por la vida; la protesta argentina, tras derrotar a Inglaterra, reclamando la soberanía de las islas Malvinas más allá de las prohibiciones de la FIFA.
Esperemos que la final, que ya es de Hispanoamérica, sea una gran final, con un buen arbitraje, yo voy con España por aprecio y por “justicia divina” contra los apoyos de la FIFA a un gran equipo que no los necesitaría y que de ganar no los aguantaríamos en 4 años.
Regresando a la realidad, esperemos que México vuelva la vista a Dios y los valores humanos de solidaridad, generosidad, alegría, respeto a la vida y a todas las personas, que superemos la polarización y la violencia, que recuperemos la dignidad, el Estado de Derecho y la democracia,
necesitamos anotar ese gol. ¡Que viva México!
