CONFINES POLÍTICOS

Un viaje más allá de las fronteras

Cosmovisiones imperiales del siglo XXI – Juan de Dios Andrade

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CONfines Políticos

8 de enero de 2026

Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com

La carrera por la supremacía global puede interpretarse de diversas maneras y hay enfoques para todos los gustos: podemos verla como un proceso de fragmentación de lo que fue el proyecto globalista (que no debemos identificar con ‘globalización’), como el nacimiento de una realidad basada en áreas geopolíticas de influencia (con los lógicos momentos de inestabilidad o de franca desestabilización), como la disputa por el predominio en el ámbito de la tecnología de uso global (ecosistemas tecnológicos) o como una confrontación por rutas y sistemas comerciales globales (la Franja y la Ruta, la ruta del Ártico, Groenlandia como ‘llave del Ártico’ o como plataforma bélica ante cualquier pretensión sino-rusa). Podemos agregar más enfoques valiosos que abonan a una mejor comprensión del momento histórico que estamos viviendo, pero con lo dicho basta para ilustrar…

Ahora, dejemos que también hablen las cosmovisiones, porque subyace en la base de toda forma de entender y pretender regir nuestra propia realidad…

Comparto la idea expresada por Zbigniew Brzezinski, cuando dijo que con Estados Unidos terminaba la era de los imperios nacionales, lo que no significa que ya no vaya a haber imperios. Ahora serán imperios globales. Lo que está en juego no es el final de Estados Unidos propiamente (eso dependerá de muchos factores), sino quién será la primera superpotencia global de la Historia y, en ello, el polo norteamericano tiene su oportunidad, al igual que China, Rusia o cualquiera de las hoy potencias emergentes. Indudablemente, lo anterior implica una cosmovisión…

Son tres las cosmovisiones que se están disputando el lugar de honor en la mesa global: el excepcionalismo transaccional, el neo-eurasianismo y el tianxiaismo, liderados por Donald Trump, Vladimir Putin y Xi Jinping respectivamente, aunque no son los únicos. cada una con sus respectivas expresiones geopolíticas, económicas y culturales. Para entender mejor de qué estamos hablando, es importante distinguir entre globalización y globalismo, porque cada una de esas cosmovisiones las asume de manera diferente…

Donald Trump

EL EXCEPCIONALISMO MINIMALISTA

El Excepcionalismo transaccional está convencido de que Estados Unidos tiene la misión de liderar al mundo, basándose en determinados valores. El problema es que Donald Trump está convencido del fracaso del globalismo y hace depender el futuro de Estados Unidos como potencia de desvincularse de él y acelerar su naufragio. Además de sus desacuerdos ideológicos y doctrinales con el globalismo, Trump apuesta por abandonar la pretensión de un liderazgo o predominio global. No se trata del ’todo’, sino de imperar en determinados enclaves torales que le permitirán el control total. Como lo estamos viendo, son negociaciones de ‘uno a uno’, sin tener la certeza de haberlo complacido. En otras palabras: es un multilateralismo minimalista en el cual ya no tienen cabida organismos como la ONU, la OMC o la propia OTAN, lo que anticipa una reformulación de lo que ha sido la geopolítica posterior a la Segunda Guerra Mundial…

En ese sistema transaccional, sólo tienen un lugar los aliados estratégicos y los que se sometan, ya no los miembros de tal o cual organismo. Así se explican los forcejeos con la OTAN por el caso de Ucrania o Groenlandia. Hablamos de una geopolítica pragmática, cuyos efectos los estamos viendo en Venezuela: inicialmente respaldó a María Corina Machado, pero ahora se ha corrido al extremo de negociar con el ‘ala civil’ del madurismo, representado por Delcy Rodríguez y su hermano, Jorge. Claro que ellos no tenían opción: Trump es lo único que los salva de que Diosdado Cabello ejecute un golpe de Estado y los elimine, porque esa era la idea. Tratar de convencer a Vladimir Padrino de aliarse para barrer con los Rodríguez. La respuesta de Trump fue directa: recompensa por Padrino y hacerle saber a Disodado que podría estar muy arriba en su lista de los más buscados…

Donald Trump quiere salvar un sistema regido por Estados Unidos, pero reinterpretado en una perspectiva similar a la que plantea Varoufaki sobre el ‘tecno-feudalismo’, como lo vimos en otra entrega…

Vladimir Putin

EL NEO-EURASIANISMO

En su momento, Brzezinski afirmó que Europa era el único camino que le quedaba a Rusia para replantear su pasada grandeza. Eso no le gustó a Vladimir Putin, que se ha decantado por una especie de excepcionalismo eurasianista y es evidente que se ha alejado de todo perfil europeísta, lo que no significa que quiera mantener una buena relación con Europa. Me explico: Vladimir quiere que Rusia sea ‘el puente de Eurasia’, la que lidere una nueva ecúmene de naciones para determinar los destinos de Europa y Asia. Es un signo distintivo del neo-eurasianismo: concebirse como nación de naciones, civilización de civilizaciones. Lo podemos constatar en algunas afirmaciones de Aleksandr Dugin o del propio Serguéi Karaganov, de los cuales también hemos hablado en otro momento…

La idea de un bloque continental que haga contrapeso a la hegemonía occidental, ahora en decadencia, para formar un ‘colchón geopolítico de amortiguamiento y seguridad’, está dando paso al proyecto de ser un Estado-civilización, en principio ruso parlante, que parta y una a la vez a toda Eurasia. Sin duda, es un derivado de las tesis de Mackinder. Siendo su lucha contra el globalismo a muerte, termina coincidiendo con Trump en que los organismos internacionales creados por el globalismo han llegado a su final…

En este orden de ideas, recuperar la antigua gloria rusa no se logrará mirando al pasado, ni siquiera al propio, sino rompiendo, destruyendo ese orden decadente para configurar el espacio ruso del siglo XXI, que no puramente post-soviético…

Trump y Putin representan dos visiones diferentes de cristianismo: evangélico y ortodoxo. Coincidentes en que el globalismo es sinónimo del mal en el mundo, por propia iniciativa o por dejadez, no dejan de tener su propia visión apocalíptica: sus respectivos proyectos son presentados como la salvación de su civilización y del mundo. El Neo-eurasianismo de Putin hunde sus raíces en el Russkiy Mir (“El Mundo ruso”). Porque de eso se trata: de salvar al mundo. Por eso lo vinculan con la acción geopolítica de su propia potencia…

La dinámica de los acontecimientos es interesante: Rusia camina lentamente hacia Estados Unidos, mientras China va quedando en un segundo plano para el Kremlin. No hay ruptura, es la dirección en los hechos. Lo podemos ver en las declaraciones de Marco Rubio, este miércoles: se ha llegado a un acuerdo para controlar el petróleo almacenado en Venezuela y se mantiene el bloqueo. Rusia e Irán tendrán que “negociar otras formas para surtirse de petróleo”, lo que en términos simples significa que alejarse de China será una de las condiciones…

El que México se haya convertido en el principal surtidor de Cuba, no significa un problema para el país. Al menos no en principio. Significa que Trump ‘apachurrará’ a uno o a otro (o a ambos), según le convenga…

Xi Jinping

EL TIANXIAISMO

En China hay un ‘tira y aloja’ entre dos grandes visiones: la de los ultranacionalistas basados en el Estado-nación, liderados por intelectuales como Zhang Weiwei y Pan Wei, inmersos en un “sueño patriótico” y la tianxia, una cosmovisión que, aunque tiene su historia, no mira al pasado y mucho menos en un momento como el actual. La tianxa parte de que es imposible fincar un imperio global desde la ‘singularidad’. De algún modo lo entendió Zbigniew Brzezinski cuando afirmó:

Entre los partidarios del tianxiaismo están: Zhao Tingyang y Xu Jilin. Partiendo de que el sistema político y el Partido Comunista Chino se declaran ateos, lo ha reenfocado: en la tianxia caben todas las religiones, filosofías y formas de pensar, siempre y cuando no pongan en peligro la seguridad china. Si hemos de traducir el significado de tianxia, podemos decir que es: “Todo bajo el cielo” y se basa en que, de querer ser un imperio global, China tiene que asimilar al mundo y no a la inversa, como pretenden los ultranacionalistas anclados en el ‘Siglo de la humillación’. Ante todo, debe asimilar su periferia y, luego, el resto…

Leyendo a Borges, Zhao Tingyang concluye que el orden mundial tiene dos grandes tradiciones: el imperialismo de cuño romano y el sistema tianxia de origen chino. El primero, parte de la necesidad de imperar mediante la dominación: el segundo, de configurar un sistema compartido. La tianxia quiere ser un sistema compatible con todos (pueblos, cultura y religiones). Esta teoría tiene tres mil años de antigüedad y tanto Zhao Tingyang como Xu Jilin consideran al Estado-nación como un obstáculo para los proyectos globales chinos. No es lo mismo “China frente al mundo” que “China asimilándolo”. Pensando en la invasión a Ucrania y en la captura de Maduro, para la tianxia son errores que traerán consecuencias…

Para entender mejor el contraste entre el ultranacionalismo y la tianxia en China, les recomiendo cuatro libros de Alain Peyrefitte, que fuera ministro de Charles De Gaulle. Pese a lo voluminosos, les aseguro que los van a leer con rapidez: Cuando China despierte… el mundo temblará (1973), El imperio inmóvil o el choque de mundos (1989), La tragedia china (1990) y China despertó (1997). Empecé a leer a Peyrefitte a los 18 años y, actualmente, considero que sus obras sirven para entender la mentalidad de Xi Jinping. Ahora que, si desean una lectura desde adentro, sobre todo más política, hay que empezar con Zhao Tingyang…

Por lo dicho en este apartado, se entiende que Xi Jinping no quiere destruir lo hecho por el globalismo. Quiere heredarlo, liderarlo y reinterpretarlo para que el centro global sea Beijing…

San Pedro, Plaza de San Pedro (El Vaticano)

¿REDONDO O EN BLOQUES?

¿Cuál va a ser el resultado? No lo sé. Son tres cosmovisiones tratando de desmontar o reformular lo hecho por el globalismo. Un globalismo que, de tanto insistir en hacer al mundo “a su imagen y semejanza”, terminó por hacerlo plano. Trump y Putin buscando dividir el globo en bloques, mientras Xi Jinping tiene pensado redondearlo. ¿Redondo o en bloques? ¿Cómo te gustaría el mundo a ti? Esa es la pregunta…

En los proyectos de Trump y Putin subyace la idea de un cristianismo politizado. En el de Xi Jinping hay cierto universalismo que, en primera instancia, no choca con las otras dos. Según los especialistas, desmontar el sistema globalista podría llevar alrededor de 60 años y nadie saber si lo van a lograr. Este 2026, Donald Trump cumplirá 80 años, Vladimir Putin, 74 y Xi Jinping, 73. Es el sueño de grandeza, eso que a veces llamamos: vanidad, lo que podría empujar al mundo a una conflagración global. Ese deseo de acelerar, de forzar los acontecimientos, para que ocurran antes de que ya no estés…

Ecúmene evangélica, ecúmene ortodoxa o ecúmene tianxia. Aunque parecen distintas, comparten un mismo punto: permitirán que dictadores populistas hagan lo que les plazca, siempre y cuando se plieguen a sus planes y no pongan en peligro la totalidad…

Más allá de lo geopolítico y de cuál cosmovisión imperará, la confrontación final será con la Iglesia Católica. Esa ecúmene universal que, aunque convivió con el Imperio romano, hasta casi emparentar, no tiene su origen en él ni en ninguna otra elaboración humana. No estoy hablando de guerras terrenales, sino de un combate espiritual que ignoro cuánto vaya a durar, pero cuyo escenario parece configurarse justo cuando la predicación es universal y estamos a las puertas del primer imperio global…

Hasta entonces…

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