CONFINES POLÍTICOS

Un viaje más allá de las fronteras

Agustín de Iturbide y el apocalipsis guadalupano – Juan de Dios Andrade

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CONfines Políticos

22 de septiembre de 2025

Correspondencia: confinespoliticos@gmail.com

El 27 y 28 de septiembre, se cumplirán 204 años de la consumación de la independencia de México y es justo celebrarlo más allá de las ceremonias oficiales que muchas veces sólo sirven a los intereses de los que detentan el poder. El punto no es determinar cuál fecha se debe celebrar, si la del inicio o la relativa al final, sino la mentira y la ingratitud histórica de pretender ignorar la segunda por motivos ideológicos o pragmáticos. Les recuerdo que, en aquel momento, los mexicanos todavía no se veían como liberales y conservadores. Se buscaba la independencia desde el principio, disfrazada de preservación de los derechos de Fernando VII, debido a que España estaba sojuzgada por Napoleón Bonaparte, que entronizó a su hermano José. Así que, dos independencias arrancaron con poco tiempo de diferencia: la de España frente Francia y la de la Nueva España ante la Metrópoli…

‘Preservando’ los derechos del monarca en desgracia, los independentistas querían evitar la pena de muerte en caso de fracasar. Fue una ‘emancipación’, luego reencauzada hacia la independencia originalmente planeada…

Un origen guadalupano y escatológico

En cierto modo, la hoja de ruta que condujo a la independencia era larga. La distancia y las condiciones de la época facilitaron el desarrollo de una vida y una historia propias que terminaron por fortalecer una identidad distinta en la Nueva España. Sin duda, en ello jugó un papel fundamental la devoción a la Virgen de Guadalupe que acrisoló una conciencia de mexicanidad, puesto que la identidad venida de España se asentaba en el culto a la Virgen del Pilar. Quizás la Orden que terminó entendiendo mejor los alcances guadalupanos fue la de los jesuitas. Antes, otros como los franciscanos y agustinos pudieron hacerlo, pero entre ellos prevaleció el temor al surgimiento de un culto idolátrico entre los indígenas que diera lugar a una reacción iconoclasta similar a la de los protestantes europeos. Claro que también estuvieron presentes motivaciones más terrenales como el forcejeo por el control religioso y económico de los centros de irradiación de la devoción iniciada en el Tepeyac…

Por una razón o por otra, desde los orígenes hubo intentos de desacreditar la aparición de Santa María de Guadalupe. Unos, por temor a la configuración de una confrontación entre la idolatría y la iconoclasia, que resultara atractiva para una ruptura ‘protestante’ en oposición al nuevo culto mariano. Otros, como venganza al no ser favorecidos para tener en sus manos las riendas de la religiosidad guadalupana. Este fue el punto de arranque de muchas de las afirmaciones que aseguraban que la imagen era obra de tal o cual artista, carentes de un verdadero sustento histórico y científico…

En los hechos, la presunta falsificación ha demostrado ser tan real como para originar una identidad nacional y continental que permanece…

En el contexto independentista subyacía una interpretación escatológica y, por ende, apocalíptica de la realidad europea y novohispana. Se veía a Francia como la cabeza de un movimiento revolucionario anticristiano que se había apoderado de España y amenazaba con irrumpir al otro lado del océano. No todo fue coyuntura, ni el cobro de afrentas afrancesadas que, sin duda, los criollos deseaban hacer valer. Urgía separarse de la Metrópoli para evitar que la Francia revolucionaria se hiciera a la mar y para dar cabida al cumplimiento de una promesa no pronunciada, pero considerada inherente a la Aparición del Tepeyac: la única forma de salvar a la Cristiandad de la marea revolucionaria era trasladando su sede a tierras mexicanas y se veía a la Virgen de Guadalupe como una especie de avanzada con tal fin, a la espera de la batalla final…

Por otra parte, la abdicación de Fernando VII y el declive del Imperio napoleónico implicaba un problema de legitimidad: ¿Seguía siendo Fernando VII un rey legítimo? Siendo la independencia la intención detonante, era urgente responder a lo anterior para determinar si la Nueva España debía seguir unida a España. Este tema fue el centro de una importante polémica entre monseñor Manuel Abad y Queipo, obispo de Michoacán, José María Cos, párroco de Zacatecas y el célebre Andrés Quintana Roo…

Imposible entender la historia de México sin la Virgen de Guadalupe

Universalismo de la Iglesia y nacionalismo católico

Por la naturaleza de su misión, la Iglesia es universal y, en aquella época, el nacionalismo significaba una serie de problemas tanto en la Europa revolucionaria como en la América independentista, con sus respectivas particularidades, porque existía un entramado de acuerdos y mercedes cuyo futuro no era fácil dilucidar. Además, como en el caso de la Nueva España, la situación de la Iglesia Católica estaba muy comprometida por la decidida participación de eclesiásticos en el arranque de la independencia. Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos son dos de los ejemplos connotados, mas no los únicos…

Por un lado, Hidalgo empezó un movimiento que, entre otras cosas, apuntaba a liquidar el predominio de los ‘afrancesados’ y rehabilitar a los criollos, independizar a la Nueva España y contener a la Francia napoleónica. Todo ello girando alrededor de la devoción guadalupana. Del otro, les recuerdo que Miguel Hidalgo tenía una notable influencia de las obras del portugués Antonio Verney, mejor conocido como el Barbadiño, un filósofo y teólogo que proponía eliminar la escolástica de las universidades y de los estudios eclesiásticos, sustituyéndola por las obras de los pensadores modernos que antecedieron a la Ilustración, tanto en el ámbito inglés como en el francés…

Para darnos una idea más precisa de lo que estamos hablando, quizás haya que agregar que Verney era uno de los protegidos del marqués de Pombal, que lo nombró secretario de la legación portuguesa en Roma y determinó que sus libros fueran lectura obligada en las escuelas de Portugal. Como sabemos, Pombal fue una de las piezas claves de la persecución contra los jesuitas en la segunda parte del siglo XVIII. Verney era uno de los principales referentes intelectuales del cura Hidalgo en función del ‘nuevo método de estudio’ que difundía. Miguel Hidalgo soñaba con una sociedad regida por el ‘homo faber’ en detrimento del ‘homo religiosus’, aunque no asumía la posición extremista de Verney, en el sentido de eliminar completamente la escolástica. Empero, era notoria su predilección por el desarrollo de una industria familiar y capacitar a la gente en ella…

¿Por qué es importante saber lo anterior? Porque, al margen de las intenciones, el proyecto autonomista e individualista de Hidalgo implicaba destruir el sistema universalista que venía de Europa. Políticamente hablando, había una tensión entre nacionalismo e imperialismo, quedando la Iglesia en medio del conflicto: Pío VI y Pío VII resultaron presos por las fuerzas revolucionarias francesas y por Napoleón respectivamente. En el caso de Pío VII, todo entendimiento con el emperador ponía a la Iglesia al borde del cisma, pues los sectores más conservadores se oponían, mientras una negativa lo colocaba en línea de choque con Napoleón. Al final, ocurrió el cisma en Francia y el pontífice terminó preso de 1809 a 1814, justo cuando la Nueva España iba camino a su independencia de la mano de Hidalgo, López Rayón y Morelos sucesivamente. Esto explica la actuación autónoma de eclesiásticos a favor o en contra de separarse de España…

Napoleón había obligado a los reyes españoles a abdicar y tenía prisionero al Papa…

Morelos y el providencialismo mesiánico

Al asumir el mando insurgente, Morelos marcó distancia de Miguel Hidalgo eliminando la referencia a Fernando VII, pero, a instancias de la Suprema Junta Americana de Zitácuaro, se retomó como bandera de lucha: por un lado, no deseaban dar la imagen de una ruptura con el legado de Hidalgo y, por el otro, la alusión había rendido sus frutos al lograr deserciones a favor de la independencia, pues seguía pesando el juramento al rey. Muerto Hidalgo, Morelos entendió que uno de los objetivos inmediatos más importantes era la unidad del movimiento. Ya se habían presentado las primeras desavenencias entre los ‘herederos’ de Hidalgo, al grado de cruzarse insultos y había que evitar al máximo el derramamiento de sangre en ambos bandos. Por ese camino, Morelos concluyó la necesidad de acabar con el sistema universalista y la evidencia eran las injusticias y desigualdades. Para Morelos, las dos únicas desigualdades válidas eran la virtud y el vicio…

Los puntos de riesgo eran que, por los motivos obvios, Morelos no se identificaba con los criollos (en su mayor parte, la independencia fue orquestada por los criollos) y veía a los peninsulares y a ellos como las causas de las injusticias sociales. Esta tensión se nota en su relación con la Suprema Junta Americana. Asimismo, al considerar la causa como santa, tenía que demostrarlo con hechos. En los Sentimientos de la nación, Morelos incluye que la religión será la católica sin tolerancia hacia ninguna otra. Esto significaba la ruptura total con la Metrópoli porque el sustento de los eclesiásticos sería local. Morelos entendió mejor que Hidalgo que el sometimiento de España a manos de Napoleón arrojaba a la Nueva España por la senda de la independencia y no de la ‘preservación’ de los derechos de Fernando VII. En los trabajos del Constituyente de 1814 se puede observar cierto tinte providencialista y mesiánico: bajo la guía de Dios se lograrían abatir las injusticias y desigualdades, y del cual Morelos era su instrumento…

En esencia, era un ideario disfrazado de constitución para tratar de unir a todos los grupos sociales, políticos y económicos…

El aspecto mesiánico igualmente es notorio en su entorno más personal: en aquellos años, no era raro que algún sacerdote tuviera una relación sentimental con las consecuencias propias de ellas y, para disimular un poco, los hijos eran presentados como ‘ahijados’ o ‘sobrinos’ del señor cura. Este fue el caso de Juan Nepomuceno Almonte, que en ocasiones acompañó a su ‘padrino’ en combate. El niño era tenido entre la tropa como alguien con facultades sobrenaturales, capaz de curar con su palabra o al contacto de sus manos, mediar entre el más allá y el más acá, etcétera. Esto generaba mayor cohesión y adhesión entre las huestes, puesto que se pensaba que tales poderes le venían del Cielo a través del prócer de la independencia…

Morelos jamás desdijo esas interpretaciones que, de paso, fortalecían su liderazgo y mantuvo la impronta guadalupana. De sus dos hijos comprobados, Almonte simpatizó y militó en el bando de Maximiliano, en tanto Manuel Jacobo Sosa Pavón llegó a general en la Revolución mexicana…

Había prestado atención a los ideales de Hidalgo y Morelos

Agustín de Iturbide, en busca de la felicidad deseada

A la muerte de Morelos, la independencia entra en una etapa incierta y uno de los puntos delicados era la relación con la Santa Sede. En Sudamérica, Simón Bolívar así lo había entendido y México no fue la excepción. Las interrogantes giraban en torno a dos ejes: el Patronato real y el nombramiento de obispos. Esto era parte toral de la situación que recibió Agustín de Iturbide al hacerse cargo del mando insurgente y me parece que era consciente de la imposibilidad de lograr todo lo que era ideal. El modo prácticamente incruento en que logró consumar la independencia habla de que alcanzó la unidad política de las partes en pugna, al menos en un primer momento. El 27 de septiembre de 1821, el desfile triunfal entró en la Ciudad de México ondeando la bandera de las ‘tres garantías’: independencia, unión de americanos y españoles y religión católica. Luego de la Acción de Gracias a cargo del arzobispo, en la comida festiva Iturbide dijo:

Este mensaje, cuyo sentido original hemos perdido en la actualidad, revela el fuerte vínculo que tenía el Libertador con Hidalgo y Morelos. Retomó el ideal de lograr una independencia basada en la unidad para minimizar el derramamiento de sangre y el sufrimiento, reinsertando a los criollos que Morelos había olvidado al desmarcarse de su mentor. En Morelos estaba presente la búsqueda de la libertad y la felicidad como factores de unidad. Iturbide no fue un advenedizo, había leído a sus dos antecesores y supo dar cauce a sus ideales. Ahí están las pruebas: será en la Capital mexicana donde se firme la declaratoria definitiva de la independencia el 28 de septiembre. Con una que otra excepción, la mayoría de los eclesiásticos dieron un buen recibimiento a lo ocurrido. Se pensaba en el juramento al rey, pero pesaron más las noticias sobre los recientes agravios en España contra la religión católica. Esto último es notorio en el entonces obispo de Puebla, monseñor Antonio Joaquín Pérez, que alertó sobre el peligro de que, de no haberse independizado, la Nueva España habría sido arrastrada por la Metrópoli a negar a Dios…

En principio, este era el peligro que se cernía en la búsqueda de la felicidad deseada…

Las Cortes de Cádiz y la invasión napoleónica a España

El liberalismo impío de una revolución anticristiana

Uno de los factores originales fue evitar el contagio de las ideas anticristianas y neutralizar la posibilidad de una aventura napoleónica ultramarina. Napoleón ya no estaba, había muerto precisamente el 5 de mayo de 1821. ¿Qué era lo que quedaba? Con motivo de la restauración, España había dado cabida a los pronunciamientos anticristianos de cuño liberal. Monseñor Pérez habla de defender la “libertad cristiana”. Es interesante observar las criticas de Quintana Roo y de Cos. El primero, contra la arbitraria disposición de los bienes eclesiásticos. El segundo, señalando a la francmasonería como la responsable de lo que estaba pasando en las Cortes de Cádiz. Hasta Carlos María de Bustamante, que en modo alguno puede ser catalogado como ‘conservador’, calificó a los miembros de las Cortes como “impíos, herejes y libertinos” al desparecer la Inquisición. Como se puede apreciar en la polémica, a la idea de que la Ilustración y la Revolución francesa eran adversas al cristianismo, ahora se le había agregado el liberalismo…

Es verdad que no son lo mismo, al igual que tampoco lo eran los anhelos de los pueblos hispanoamericanos de seguir su propio camino, pero lo que ahora nos interesa es que, desde aquellos años, se fue formando una peculiar interpretación de la Modernidad como un proceso revolucionario que tenía como hilo conductor su anticristianismo, llevando una cosa a la otra: la consumación de la independencia se da en el contexto donde se entiende al liberalismo como la última expresión de una revolución impía…

Equivocada o no, había una visión escatológica, hasta cierto punto milenarista, de lo que estaba pasando alrededor de la independencia mexicana. Si Europa se batía con una revolución anticristiana, había que preservar la Iglesia en México y su culto guadalupano…

El Arzobispo Pedro José de Fonte y el Patronato indiano

Iturbide, entre la legitimidad y el Patronato indiano

Iturbide tenía claro cuál era el problema de fondo: urgía obtener el aval de la Santa Sede a la legitimidad de la independencia o, al menos, el reconocimiento de facto. Lo que estaba en juego era la continuidad del Patronato en el recién independizado país. El Patronato regio marcaba las relaciones del Imperio y de la Santa Sede en varios temas, entre ellos: la evangelización, el diezmo, los nombramientos de obispos o, en su defecto, la presentación de ternas ante el Papa, etcétera. Aquí cabe señalar que acá se le llamaba ‘Patronato indiano’ porque incluía más prerrogativas que en España…

Menos de un mes después de su entrada triunfal en la Ciudad de México, Agustín maniobraba para lograr que el Patronato fuese adjudicado a las nuevas autoridades y así se lo expuso al arzobispo de México, monseñor Pedro José de Fonte (el último español en ocupar dicho cargo). La respuesta fue precisa: al independizarse el país, había cesado el Real Patronato concedido por los pontífices a los reyes católicos de Castilla y León, pero se harían las consultas necesarias para una respuesta definitiva. Mientras tanto, tocaba a los “ilustrísimos señores diocesanos” las promociones obispales, avisando a las autoridades para su beneplácito…

En marzo de 1822, las consultas confirmaron el cese y había que esperar si la Santa Sede otorgaba una concesión igual. Para ese momento, llevaban seis meses de forcejeo entre la Junta Provisional Gubernativa y la Regencia presidida por Iturbide. Pese a no contar con una agenda política y a los muchos temas en desacuerdo, se advierte una clara lucha entre monarquistas y republicanos. Mientras los primeros estaban divididos entre los que deseaban un Borbón en el trono y los que pugnaban por escoger a un monarca distinto, los republicanos guardaban mayor unidad. Unos pretendían que, con la monarquía, se pudieran preservar las concesiones del Patronato regio e integrarse a ese universalismo católico europeo. Los otros, buscaban desarticularlo a nombre de un sistema nacional que rigiera los destinos nacionales, incluyendo a la Iglesia en México…

El rechazo español a la independencia de México anuló la posibilidad de un rey Borbón, lo que provocó que los borbonistas mexicanos impulsaran la opción de mejor reintegrarse al Imperio español. En ese momento, el proyecto más viable para garantizar la independencia era entronizar un monarca propio, lo que fue aprovechado por Agustín de Iturbide y sus seguidores. El bando republicano apenas estaba camino a fortalecerse mediante la acción de la masonería escocesa y, luego, de la masonería yorkina…

Casi tres meses después de las consultas eclesiásticas, Agustín de Iturbide era emperador y se asumía a la Santísima Virgen de Guadalupe como protectora del Imperio, aprobándose una iniciativa auspiciada por Iturbide desde antes de ser emperador: la creación de la Orden Imperial de Guadalupe. Agustín no pudo lograr ni el reconocimiento a la independencia por parte la Santa Sede o de España, ni los beneficios del Patronato Real. El Primer Imperio se derrumbó el 19 de marzo de 1823 y Pío VII moriría el 20 de agosto del mismo año…

La Virgen de Guadalupe y la otra versión escatológica

La otra batalla del apocalipsis

¿Por qué la Iglesia no reconoció de inmediato la independencia de México? Precisamente por el Real Patronato dado a los Reyes Católicos en 1501, la Santa Sede no podía actuar separada de España en los asuntos del Imperio. Será hasta 1836, cuando España lo haga mediante el Tratado Santa María Calatrava, lo que propició que el papado hiciera lo propio sin conceder el Patronato indiano, que será el centro de una disputa encarnizada a lo largo del siglo XIX (Leyes de Reforma y guerra civil) hasta bien entrado el siglo XX con los sonorenses y la Guerra Cristera, cuando los católicos de la época ofrendaron su vida con tal de que la Iglesia no quedase sometida mediante una versión desvirtuada de aquel Patronato tan disputado…

Como condecoración máxima, la Orden de Guadalupe estuvo vigente durante el efímero Primer Imperio y durante el gobierno de Santana, pues durante el Segundo Imperio Maximiliano la relegó. Prueba irrefutable de que, al margen de ser liberal o conservador, el culto a la Virgen de Guadalupe era rechazado desde el poder y el intento de someter a la Iglesia se convirtió en un objetivo central. En paralelo, el culto guadalupano se consolidó al interior de la Iglesia, logrando una dimensión universal…

La batalla del fin de la Historia no ocurrió y la Sede católica se mantuvo en Roma. Tendrá un breve segundo aire cuando el presidente José Joaquín de Herrera le ofrezca a Pío IX residir en México, al perder los Estados Pontificios y ser expulsado de Roma. Finalmente, en el siglo XIX el verdadero adversario de México será el expansionismo norteamericano que desplazó a Inglaterra y Francia en el escenario continental, secundado por la corrupción y las traiciones del bando liberal. Pero la verdadera revolución anticristiana en el siglo XX vendría de adentro, expresada, primero, en los sectores más anticlericales del carrancismo y, luego, en los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles…

Este será el origen de una nueva visión escatológica y milenarista, ahora contra el comunismo y su revolución anticristiana…

Hasta entonces…

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